El regreso de una chica de barrio
Coherencia: además de actuar en "Sol de otoño", Cecilia Rossetto lleva a los barrios y al centro porteño "Buenos Aires me mata", su reencuentro con el público argentino tras una temporada en España.
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El reestreno de "Buenos Aires me mata" en sucesivos fines de semana, en distintas salas porteñas -hasta mañana, en que la obra será levantada-, reencontró a Cecilia Rossetto con un público que, por cierto, no le es esquivo. Después de una temporada exitosa en Barcelona con el mismo espectáculo, la actriz regresó al país a comienzos de año. A diferencia de España, la Argentina no le deparaba compromisos laborales. La traían de vuelta cuestiones más personales, de esas que no saldan el éxito ni el dinero. Transcurridos algunos meses, puede asegurar que aquél "fue sólo un retorno físico", y que el más profundo, "el del corazón y el alma", apenas se está dando ahora. El contacto con la gente, dentro y fuera de un teatro, le proporcionó esa certeza. Aunque mi nombre sea conocido, siento que aquí hice muy poco y que tengo todo por hacer", dijo a La Nación.
-¿La experiencia que venía realizando, de trabajar un tiempo en Buenos Aires y luego en Barcelona, llegó entonces a su fin?
-El intento de vivir mitad acá y mitad allá lo hice durante los últimos seis años. Me dio muchas cosas hermosas y me quitó otras. Pero esta vez tuve que tomar una decisión. Y no fue fácil, porque me estaba yendo muy bien. Sin embargo, un éxito nunca me manejó la vida. Cuando quedé embarazada de mi hija estaba en pleno éxito con "El show de la Rossetto" y dejé la profesión tres años. Siempre hice lo que creí mejor para mis afectos. En Barcelona comenzaron a generarse otras propuestas laborales. Entonces sentí que si no hacía el corte, esto no terminaba más. Tengo una hija de trece años que comenzó el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires y me necesitaba aquí. Así que no había más que pensar. Por otro lado, a ella le gustaba ir de vacaciones a Barcelona, pero no estaba dispuesta a vivir allí.
-¿Pensó en la posibilidad de radicarse en España?
-Alguna vez lo consideré. Porque tenía trabajo, éxito, una pareja, amigos y el reconocimiento entre la gente que admiraba... Finalmente, como casi todas las elecciones graves que tuve que hacer en mi vida, ésta me ha costado mucho menos de lo que pensaba. No voy a negar que después, durante dos meses por lo menos, fue muy duro seguir y estuve muy triste. Extrañaba horrores. Tan sólo escuchar un acento de allá me partía el corazón. Estaba absolutamente detenida.
-¿Algo la decidió a salir de esa inercia y a pensar qué podía hacer en su profesión?
-No existió una decisión mía. Si dentro de unos años tuviera que recordar este momento, diría que me conecté otra vez con la ciudad y su gente actuando en los barrios. Hasta ese momento no podía vincularme con la Argentina, sentía que mi gente estaba en Barcelona.
-Dejó de viajar entre Buenos Aires y Barcelona para hacerlo por los barrios porteños, ¿esto es una casualidad o una elección deliberada?
-No había hecho esa interpretación, pero ahora que lo mencionás, pienso que por alguna razón no quise instalarme en un solo teatro, aun cuando me ofrecieron muchas salas para hacer este espectáculo, que había terminado muy bien en Buenos Aires y que, de hecho, miles de personas vieron ahora. Es curioso... Pero más allá de esa lectura, lo cierto es que ésta parece ser una experiencia muy poco común. Empecé en el Teatro de la Ribera y la gente superó ampliamente la capacidad de la sala, se sentaba en el piso y en las escaleras. Lo mismo ocurrió en el Teatro Regio, y por eso me ofrecieron pasar al Alvear. Es la primera vez que hago mis espectáculos en los barrios a un precio tan popular. Es una experiencia increíble.
-¿Tiene previsto presentar "Buenos Aires me mata" en otras salas municipales?
-No sé qué sucederá con el cambio de autoridades. Me importaría mucho que esto no sea sólo la voluntad de un funcionario. Creo que hay que empezar a mostrar que cuando cambia cada gobierno no es tierra arrasada; eso es un síntoma de madurez. Por otra parte, desde el Movimiento de Ayuda al Teatro (MATE) se está trabajando en este sentido. La intención es hacer un relevamiento de los barrios, para ver adónde se puede ir con distintos espectáculos a precios populares. A su vez, la Municipalidad tiene infraestructura para llevar adelante un plan así.
-¿Encuentra diferencias entre el público de un teatro céntrico y el que concurre a estas salas?
-Sí, el de los barrios es mucho más desinhibido y divertido. Por otra parte, la cantidad de espectadores se triplica, y esto produce una atmósfera muy especial en la sala, mucha euforia, lo cual hace que yo tenga que poner mucha más energía.
-Hoy, cuando para muchos la "vida" pasa por la TV, ¿cómo se hace para ser reconocida sin estar en ese medio?
-Hace dieciocho años que no estoy en televisión y no es porque no adore ese medio; me vi obligada a no estar. De hecho, mi intención al regresar ahora es ver si puedo agregar esas cosas a mi carrera. Pero no me jacto de estar ausente de la TV. Sí me alegra haber demostrado desde muy jovencita y enseñar a los jóvenes que vienen detrás que todo es posible y que a fuerza de trabajo uno puede construirse un camino.
-¿Por qué se interrumpe esa labor televisiva?
-Por la dictadura militar. Tuve que trabajar fuera del país para ganarme la vida. Comencé a hacerlo muy fuerte en el exterior; se desató una ola imparable, con presentaciones en toda América, luego en España... La dictadura fue un quiebre muy grande.
-¿Estuvo exiliada en esa época?
-No. Viví el exilio aquí y el dolor, con un marido desaparecido desde el 1976. O sea que desde muy temprano supe exactamente de qué se trataba todo eso. Ese dolor y ese desgarro profundo en la sociedad a uno no lo cambia de un día para el otro porque haya elecciones. Por supuesto que las cosas empiezan a cambiar lentamente, pero de hecho bastaría con ver todo lo que salió a la luz a veinte años del golpe para darnos cuenta de cuánto lleva salir de todo aquello. No es tan sencillo. Y yo no he sido más que el reflejo de esta sociedad, con tanto dolor.
-¿El humor fue su tabla de salvación?
-Sí, fue mi cable a tierra. De hecho empecé a hacer mis propios espectáculos en esa circunstancia, para tener autonomía de vuelo. Estrené mi primer unipersonal justamente en 1976. No me quedaba más remedio, no podía depender de organismos oficiales. Ahora estoy agradecida, porque me permitió desarrollar una veta que tal vez no habría explotado si todo hubiera transcurrido normalmente. Me enorgullece haber sido mi propia fuente de trabajo y haber conseguido cabida en este país pese a esa lucha solitaria. En este momento tengo deseos de que todo lo que quedó sin realizar a los veinte años pueda hacerlo ahora. El anhelo es reconstruir mi vida desde todos los lugares; por eso sueño con la televisión, el cine , la radio... Como ya dije, aquí tengo todavía mucho por hacer. Y no quiero perderme esa posibilidad.
Sin "comunicación artística" con la TV
-¿Considera que con el cine argentino tuvo más suerte que con la televisión?
-Sí, aun cuando no fueron muchos los trabajos, últimamente el cine me ha posibilitado algunos personajes. Precisamente ahora se estrenó "Sol de otoño", un film de Eduardo Mignogna, con quien yo había trabajado en "Flop". Es una intervención pequeña, pero con un papel muy cálido. Por otra parte, siempre tengo pendiente una película con Eliseo Subiela, que hace tiempo me dio un guión maravilloso que no sé cuándo se decidirá a filmar. Pero creo que esto ha sido así porque los directores de cine son más inquietos, me han seguido en el teatro. Esto produjo una comunicación artística, cosa que no he logrado con la televisión, porque no sé quiénes son, porque para mí no tienen rostro y tampoco sé si me conocen como artista. Pero me gustaría que allí también pudiera darse esa comunicación.






