
El rock que llega desde Gales
Tres grupos galeses editaron casi en simultáneo sus nuevos trabajos de estudio
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Entre los misterios de la extraña Gales parece contarse el del talento para la música. Ahora, tres discos editados casi en simultáneo dan cuenta de los interesantes, aunque disímiles, caminos de Manic Street Preachers, Gorky’s Zygotic Mynci y Stereophonics.
"Know your enemy", el sexto disco de los primeros, fue una apuesta fuerte. Aunque con el anterior "This is your truth tell me yours" lograron el primer número uno de su carrera (con el tema, de inquietante título "Si toleran esto, sus hijos serán los próximos...") ellos no parecían conformes. Algo no funcionaba bien para esta banda que, desde su inicio, se presentó como distinta, con gente que leía a Rimbaud y amaba a Guns N’Roses, que no tomaba drogas y no quería caer en las rutinas de la industria.
Nunca han permitido que un tema de ellos fuera usado en publicidad, se negaron a tener el consabido fan club oficial y no hicieron jamás un bis en sus conciertos, evitando el jueguito ritual de irse de escena y volver, tras los aplausos. Así y todo, llevan vendidas 16 millones de copias de sus discos.
Pero fueron número uno. Y juntaron miles de personas en sus conciertos. Y no les gustó. Por eso, ese "conoce a tu enemigo" del título, dicen, es sobre lo que habían llegado a convertirse, sobre lo que habían permitido que sucediera. No una referencia política, como podría interpretarse a la ligera por su decisión de tocar en el teatro Karl Marx de La Habana.
Este sexto disco es importante también porque es el tercero como trío, el empate que espanta los fantasmas tras la desaparición de su líder, Richey Edwards. Estrictamente desaparecido, luego de que un día, a principios de 1995, salió caminando de un hotel y se esfumó. Se lo tragó la tierra. Nunca apareció su cuerpo ni se tuvieron noticias. Nada.
El trío quiso esta vez subir la apuesta. Y decidió saltear la etapa sala de ensayo y sumergirse derecho en el estudio de grabación. Sumaron una regla: no más de cinco tomas por tema.Y lo lograron, con casi todas, dicen, registradas de primera.
Y eso se nota en este álbum fresco, liviano, en el que hay punk, pop, y hasta música disco. Pero también hay apuestas a la seriedad, como "Baby Elian", dedicado al disputado niñito cubano. Y el debut en la composición -a cargo del bajista Nick Wire y el baterista Sean Moore, desde la partida de Edwards- del guitarrista y cantante James Dean Bradfield, con el melancólico y hermoso "Ocean spray", escrito bajo necesidad imperiosa, tras la muerte de su madre.
Está la confesión de neurótico obsesivo de Wire -maniático de la limpieza que casi no ve gente ni gusta de viajar, y que ama ver televisión- en "The convalescent". Y los rockeros riffs de la guitarra en "His last painting", o el glissando de órgano en "So why so sad’s" y otro debut, el de Wire-cantante, con "Wattsville blues".
Música etérea
Otro historia es "The blue trees", de Gorky’s Zygotic Mynci. Aquí el grupo que comenzó enrolado en la neopsicodelia junto a Super Furry Animals (otros galeses que están terminando un nuevo disco, con un invitado de lujo: sir Paul McCartney) han elegido volverse definitivamente folkies. Dejaron la electricidad. Se redujeron a la mínima expresión. Llevaron el movimiento new acoustic al extremo. Y el resultado es bello.
Son sólo 23 minutos, ocho temas y su cubierta, en negro y crema, parece venir directo de los años veinte. Comienza con el instrumental que da título al álbum: cuerdas, dedos que se arrastran por los trastes, algún instrumento de viento con sonido a madera y piano. Apenitas. Cosa de nada. Y tanto.
Sólo en el segundo tema aparece la voz, y el cuento comienza a tomar forma. Algo de sonido Canterbury y Nick Drake que se cuela en el alma. Hay mucho aire, por todos lados. "Las canciones llegan fácilmente", cantan y parece que sí, que surgieran sin esfuerzo.
Por último, Stereophonic con "Just enough education to perform". Tercer disco, clave en la carrera de las bandas y que ellos logran sortear, aunque por poco. Hay buenas canciones que recuerdan a The Black Crowes, pero combinado con el británico estilo de un Paul Weller y un inteligente uso de pianos eléctricos y coros. Pero también demasiadas letras sobre giras y rutas. Como niños con juguete nuevo. Habrá que esperar el cuarto trabajo.






