Músicas populares del mundo, con ambición conceptual
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Tal vez la expresión world music les ponga los pelos de punta a quienes ven en ella una muestra del anglocentrismo de los Estados Unidos y Gran Bretaña: ¿acaso no toda la música es del mundo? Pero, parece, ya es un poco tarde para cambiar dicha expresión por alguna otra que sea políticamente correcta y, a la vez, tan corta y conocida como world music.
En los 90, en un mundo en el que la música no-anglosajona ya no resultaba tan exótica gracias a la mentada globalización, la oportunidad de hacer negocios mundiales con la distribución de pequeños talentos locales provocó la idea de un sello musical como Putumayo, fundado en 1993 por Dan Storper, un estadounidense que llegó al negocio de la música por casualidad pues, hasta entonces, se había dedicado a la venta de ropa y accesorios tradicionales fabricados en diferentes partes del mundo. Y es casi el reverso del pop masivo para consumo local de China e India. Cuenta Storper: “En 1991, caminando por el Golden Gate Park de San Francisco, escuché a Kotoja, un grupo afropop que tocaba para una multitud de gente alegre que se dejaba llevar por la música. Al regresar a Nueva York escuché lo que estaba sonando en mis tiendas y no me gustó. Simplemente, no creaba el ambiente”. Lo que sonaba no era malo. Era Bob Dylan y Van Morrison, que sin embargo desentonaban en una tienda en la cual uno entraba a probarse una camisa típica de Sri Lanka o un pantalón nigeriano.
Storper compró discos de música caribeña y africana, seleccionó algunas canciones y las puso a sonar en sus tiendas. Los compradores empezaron a preguntar qué era lo que sonaba y así surgió la idea de crear un sello. Doce años después de su creación, Putumayo es un caso exitoso en la manera de transformar radicalmente una empresa de importación de ropa en una discográfica con más de cien títulos en el mercado. En los últimos años, el sello impulsó con fuerza las fusiones de folclore con música electrónica, aunque ahora nuevamente está dando un giro hacia lo tradicional. “Hemos tenido éxito tanto con la música más acústica y popular como con los discos de lounge y groove. Vamos a continuar publicando al menos dos discos de ese tipo cada año, pero sentimos que no queríamos una saturación de música electrónica”, dice Storper sobre esta vuelta a las raíces: buscar artistas que estén conectados con su entorno nativo pero que a la vez tengan tanto atractivo como cualquier artista pop. Así, en los compilados de Putumayo –que ocupan la mayor parte del catálogo– uno puede encontrar a artistas como Federico Aubele, Totó La Momposina o Ricardo Lemvo. En los discos más recientes ( French Café, Afro Latin Party, Acoustic Brazil ) la balanza se inclina hacia lo tradicional.
Los negocios en Putumayo tienen un modelo en el que todos ganan. Dado su alto volumen de compilados, Putumayo negocia licencias con la “competencia” para poder crear un álbum. Irma Records de Italia, que ha crecido a la sombra de Putumayo en el terreno de las fusiones electrónicas, tiene a algunos de sus artistas en los discos que produce Storper. Así, algunos músicos poco conocidos tienen una distribución adicional a la de su propio sello a la vez que todos ganan derechos por la inclusión en el compilado.
Sobre el caso de la música electrónica, Storper confiesa: “Parece que muchas compañías pueden engancharse con lo que está de moda. Irma, al igual que otros sellos, ha estado produciendo electrónica y lounge durante un buen rato. Espero que la gente entienda que nosotros viajamos por el mundo para buscar las mejores canciones sin descubrir, de manera que en los discos de Putumayo puedan encontrarse cosas de las cuales nadie sabía nada”. Los ahora conocidos Thievery Corporation –del sello ESL– pasaron por Putumayo hace dos años ( Euro Lounge, 2003 ), antes de convertirse en un nombre recurrente en la escena electrónica europea. No se sabe quién será el próximo en repetir la historia de Thievery, pero, por ahora, uno puede averiguar en dónde están puestos los oídos de Storper para saber quién puede surgir internacionalmente en el futuro.






