El tango como juego
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"Tus besos fueron míos", con libro dramático musical de Betty Gambartes y Diego Vila, protagonizado por Héctor Pilatti, Mónica Buscaglia y Jorge Nolasco. Bailarines: José Garofalo y Valencia Batiuk. Músicos: Diego Vila (piano) y Pablo Mainetti (bandoneón), reemplazado por Eleonora Ferreira. Coreografía: Ana María Stekelman. Vestuario: Renata Schussheim. Diseño de luces: Roberto Traferri. Diseño de sonido: Pichón Dal Pont. Arreglos y dirección musical: Diego Vila. Idea y dirección: Betty Gambartes. Producción ejecutiva: Mónica Buscaglia. En el teatro de la Comedia.
Nuestra opinión: bueno.
Escenas de la vida conyugal en forma de tango, podría haber llamado Erik Satie -si lo hubiera compuesto- a este ocurrente ejercicio lúdico.
De la larga y prolífica historia del tango, entre las luces y sombras de sus humoradas y lamentaciones (si descartamos el lirismo de muchas obras), es posible extraer un rico material para el drama. Drama en cuanto la primera acepción etimológica de acción de la vida representada a través del diálogo de sus personajes.
En ellas el tema de la pareja es el del éternel retour . El amor, el odio, el despecho, el reproche, la súplica, el llanto, los juramentos, las dudas, los celos, las amenazas, la venganza, todo cabe en sus historias de vida.
Desde aquellas procacidades y zafadurías iniciales llegadas desde los prostíbulos y lupanares como herencia de fin del siglo XIX, el tango se acercó -lunfardo mediante- a la mina , al guapo, símbolos del amor desesperado y conflictivo, y de la valentía que tanto ponderó Borges.
"Mi noche triste", tango fundacional, en 1917, del pianista Castriota y del poeta y guitarrero Contursi, es el que inicia la nueva etapa.
Es, precisamente, desde la época de "Mi noche" triste, de donde parte el itinerario que Betty Gambartes desanda con estos tangos, tomando como eje de "Tus besos fueron míos" la relación amor-odio de la pareja en clave humorística.
Dos varones y una mujer desatan la trama. Pero sin seguir a pie juntillas las clásicas truculencias televisivas del "triángulo amoroso".
Con ellos juega Betty Gambartes. Con ellos y con tangos de aquellos tiempos de Contursi-Castriota que ofrecen un generoso material para el diálogo (léase disputa) de una pareja, incluido el infaltable intruso.
"Tus besos fueron míos", anticipa Betty, es una "excusa dramática para que se dejen escuchar añejos tangos para Ella, El y El otro".
Curiosamente el tango más nuevo ("El último guapo") que inaugura este paseo, es de 1958.
Un sabor antiguo se cuela por los cuadros donde impera un humor cercano a la parodia entre declaraciones de amor y peleas.
El ensamble de tangos que se ofrecen en bandeja para plasmar auténticos retruécanos en dúo o en trío, es uno de los aciertos de este invento. Podrían haberse obviado escenas como la del carnaval, o la intercalación de pasos de baile en el protagonista (incluso la pareja de bailarines), instalados, quizá, como un paréntesis, o un recreo en medio de las trifulcas conyugales.
En cuanto al perfil de cada personaje, si bien se diluye el trazo certero de los prototipos anunciados del guapo y el antihéroe, sí acierta con el rasgo de la mujer-novia-amante.
Héctor Pilatti es la mejor voz del trío, pero su conjunción de physique du rol y actuación está a un paso de la caricatura. Jorge Nolasco es el histrión de la gestualidad en el límite del simulacro. Mónica Buscaglia se encarga de salvar tales despistes histriónicos con gracia, ductilidad y simpatía.
El dúo de piano de Diego Vila y (en esta ocasión) Eleonora Ferreira es sólido y musical, en milimétrico ensamble con cada escena.
Betty Gambartes insiste en escenificar canciones de diversos géneros populares, desde aquel promisorio "Arráncame la vida".
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