El té de Coca y Moria
En diciembre, en su debut en el teatro, Isabel Sarli compartirá el escenario con Moria Casán; La Nación fue testigo de la cálida merienda que las divas compartieron en un camarín
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"La presencia de Isabel Sarli sobre un escenario -dice Moria Casán- es un homenaje a ella, especialmente en este país que es muy desagradecido con la gente que fue. Ahora está cambiando un poco, hay una vuelta a los valores. Supongo que la gente está asqueada de tanta corrupción."
Por primera vez en su vida, Isabel Sarli subirá a un escenario, y lo hará en compañía de Moria Casán. La propuesta es "Tetanic", el nuevo espectáculo de Nito Artaza, que se estrenará en diciembre en Mar del Plata.
Que una figura como Isabel Sarli, sex symbol del cine argentino, accediera a presentarse ante los espectadores teatrales es un acontecimiento.
Nadie ignora que su timidez es antológica, que no es fácil convocarla para algún proyecto artístico. Sin embargo, en esta ocasión, Sarli dio el sí para reencontrarse con Casán, otra grande del espectáculo.
Es bien conocida la reserva de la pionera del desnudo cinematográfico argentino para acceder a la requisitoria periodística. Por eso, es elogiable la actitud de Moria Casán, que decidió recrear, en su camarín del Astral, una salita de té (gracias a los oficios de Olga, su asistente), muy íntima y muy cálida, para agasajar a la invitada.
Moria, recién llegada de la grabación de su programa de TV, pidió un té y una tarta de verduras, un frugal almuerzo que alcanza a consumir a las 18. Allí, la estrella de la revista tiene recreada su burbuja de afectos con los rostros de sus seres queridos y de los personajes importantes de su vida, tal como la Madre Teresa de Calcuta: los que están y los que ya se fueron de este mundo. Además, fotos de su trayectoria artística en varias épocas, un centro musical, un canapé de mimbre, libros y, sobre un estante, un libro sobre la vida de Isabel.
La voz en el pasillo, disculpándose por la demora, antecedió la presencia de Isabel. Asuntos de peluquería y maquillaje la retuvieron en otro camarín.
"Estás perfecta", la recibe Moria. "Cuando hay una nota, mientras me maquillan y me peinan, siempre me tienen que esperar", se excusa la estrella de cine.
"Si yo no voy a ningún lado -responde Moria-. Para mí es buena esta demora, porque yo llegué del canal, cansada, y me dio tiempo para tomar un tecito."
Si bien todos los afectos de la Casán se encuentran en fotografías y en los objetos personales, la Sarli no viene sola y eso se siente. Junto a ella están ubicados dos duendes que nunca la abandonan: el de su madre y el de Armando Bo, que permanentemente revolotean alrededor de ella para marcar su presencia.
-Señora Sarli...
-Señora no, por favor -responde la actriz, casi escandalizada.
-Entonces, ¿Isabel o Coca?
-Como vos quieras. La primera vez que me dijeron Coca fue en boca de Pipo Mancera, hace mil años. En aquel entonces, era una cosa íntima entre mamá y Armando. Al principio, me sentía molesta porque parecía que invadían mi casa, mi privacidad. Después, con los años, cuando ya no estuvieron ni mamá ni Armando, el que me llamaran Coca me hacía sentir rodeada por una gran familia. Hay una anécdota que contaba mi mamá, que cuando yo era chiquita, una vecina decía: "¿Qué estás haciendo, Coquita?" "Estoy tomando caé ", respondía yo, por café.
"¡Qué rica!", acota Moria, con gran ternura.
-¿Qué representa esta primera experiencia en el teatro?
-Es mi primera vez, sí. Es bárbaro, estoy muy contenta. Le dije a mi maquillador que, en lugar de pagarme Nito, yo le debería pagar, por sacarme de mi casa. Estoy muy absorbida por la casa, mis bichos, Isabelita, Martín, por tantos problemas de ama de casa, que me viene muy bien salir.
-¿Nadie le había ofrecido antes hacer teatro?
-Sí, Gasalla, y Moria también.
-Yo te llamé en el 83 -recuerda Moria-. Estaba contratada no sé si en el Tabarís o el Astros. No, era el Tabarís.
El fotógrafo se dispone a tomar una instantánea e Isabel Sarli, atenta a todo lo que sea cámara y luces, lo detiene y explica: "Vamos a hablar y después hacemos las fotos. Las dos cosas juntas, no". A continuación, con mucha cordialidad, invita a Moria a seguir.
"Iba como figura -continúa la vedette-, y le dije al productor que, en vez de contratar figuras de afuera, por qué no llamábamos a Isabel Sarli. Yo cedía mi cartel.
-¿Qué representaba para vos Isabel Sarli?
-Para mí era el máximo mito sexual de los argentinos. Yo la llamo, me dije, total no se va a ofender por esto. En una oportunidad, nos habíamos encontrado en Nueva York y habíamos compartido un té. "¿Le gustaría hacer teatro?", le pregunté. "Te agradezco -me dijo-, pero no, no hago teatro." Yo ya había pensado en Isabel. Es un mito sexual argentino. Es una diosa.
-Gasalla me convocó en el 86 -continúa Isabel-. Iba muchas veces a mi casa a proponérmelo, pero yo no estaba decidida. No salía, me quedé a llorar, pero los muertos no vuelven por más que una los llore. Cuando vivía Armando, Romay me había ofrecido hacer teatro, y antes, mucho antes, Adolfo Stray quería que hiciera una revista, "Marco Antonio y Cleopatra", te hablo de mil años atrás. Romay, me acuerdo una vez, le dijo a Armando: "Te doy un cheque en blanco, poné la cifra que quieras". Pero Armando nunca quiso, seguía con el cine. Era una cadena de hacer películas y le importaba ir a los estrenos en el exterior. A toda hora estaba pensando en nuevos argumentos.
-Isabel, ¿va al teatro?
-No. Cuando venga a ver "La dama y los vagabundos", va a ser la primera vez que asisto a un teatro porteño. He visto en el exterior, en Las Vegas, en París. Salgo poco y he salido poco.
-¿Se siente un símbolo sexual para los argentinos?
-No. Pienso que la gente me quiere mucho. Hombres, mujeres, chicos. Es asombroso ver como la nueva generación me conoce. Pero nunca me pienso como un símbolo sexual.
-¿Le molesta esa idea?
-No, en absoluto. Hice con Armando películas audaces; fueron ideas de él. El 2 de octubre se van a cumplir 40 años del estreno de mi primera película: "El trueno entre las hojas".
-Señora, usted...
-¿Por qué me decís señora? -interrumpe con una sonrisa-. Vamos a chechearnos , así me pongo la idea de que hay que hacerlo. Yo soy antigua, casi no me tuteo con nadie, pero cuando entro a un negocio la gente joven enseguida me tutea.
-En 1955, fuiste Miss Argentina.
-Sí. Era muy joven. Recuerdo que tenía el pelo largo y un día me corté al estilo de Gina Lollobrigida. Era el corte de aquel entonces.
-Se decía en aquel momento que eras la mejor representante de la mujer argentina.
-Claro, porque el año anterior Miss Argentina había sido Ivana Kislinger, rubia de ojos celestes. Como yo soy morocha y de ojos pardos...
-Con las medidas de Divito -agrega Moria.
-¿Qué pasó, Moria, cuando Isabel aceptó?
-Hacía 12 años que quería trabajar con ella y me pareció maravilloso. Creo que le debemos este homenaje, pero no para hacerla sentir pieza de museo, sino porque soy muy agradecida. Sé que a nuestra gente le hace falta eso, que hacen los norteamericanos, rendir tributo a la gente cuando está con vida.
-Estoy de acuerdo -agrega Isabel.
-A una mujer que ha sido del cine -continúa Moria- le va a venir muy bien esta experiencia teatral, la va a deshermetizar . Siempre tuvo contacto con una cámara; acá lo va tener con respiraciones y aplausos. (Dirigiéndose a Isabel.) Cada vez que salgas al escenario vas a decir: "Qué lástima que no hice teatro antes". Cada vez que salgas y te aplaudan vas a sentir que te abrazan. Pienso que los argentinos debemos tributar a la gente que nos representó, a los mitos vivientes. Soy muy respetuosa del teatro, de las personalidades, de las jerarquías y de las trayectorias. Porque estuvieron toda su vida atados a una profesión. Pienso que el argentino le debe a Isabel un lugar en el musical. Y qué mejor que un espectáculo que hasta ahora es el de más éxito en el país.
-La gente necesita divertirse -explica Isabel-.Todo lo que le pasa es tan terrible. Hasta el noticiero es tremendo, con tanta violencia...
-El gran éxito de este show -continúa Moria-, y voy a ser un poco humilde, que no lo soy, soy realista, es la reivindicación de la mujer arriba de un escenario a través de mi figura. Porque la revista había bastardeado a la mujer. En cambio, los chicos (Artaza y Cherutti) son muy divertidos y frescos y con estos espectáculos se recupera la familia y la alegría. No hay nada que moleste desde lo visual ni desde lo que se dice.
-En TV hay muchas cosas en el horario del menor que no se tendrían que hacer -acota Isabel-.Lo mismo sucede en cable. No quiero hacerme la puritana.
-Una mujer que hace desnudos, desde hace 40 años, no va a juzgar desde el puritanismo -dice Moria-.
-¿Qué vas a hacer, Isabel, en "Tetanic"?
-Daniel Fernández y Nito Artaza están preparando un número especial para mí y no voy a decir qué es. Me siento muy cómoda, y eso que hace poquito que estoy viniendo a ensayar: una vez por semana.
-La primera vez la trajeron a mi camarín para que se sintiera cómoda -dice Moria, con orgullo..
-¿Extrañás esos días en que rodabas un film detrás del otro?
-No, para nada. Aunque tengo ofrecimientos para hacer películas, pero no quiero hablar mucho porque después se corta todo, me he dado cuenta de eso. Pero si voy a hacer teatro tanto tiempo, va a ser un poco difícil hacer cine. Polaco me sigue con un libro. Yo le digo que ya no soy una muchachita y él me dice: "No. Usted es una mujer sin edad, atemporal". Ahora debe andar por Rusia y París.
-Yo creo que vas a ser una sorpresa -explica Moria-, porque se te va a destapar esa timidez que tenés.
-Contacto con el público, yo tuve sólo en los estrenos. Daniel Fernández me quiere sacar bailarina, a mí, que soy una patadura .
-Moria te quería en el espectáculo, pero, ¿de quién fue la idea?
-De Daniel Fernández. "Si van a hacer "Tetanic" -dijo-, tiene que estar la Sarli." Además, Moria es una mujer que siempre admiré. Tengo una gata a la que bauticé Moria Casán. Apareció un día, blanca y negra, con un antifaz negro, y la cola, negra con la punta blanca. Es toda una vedette, por eso le puse su nombre. Tengo otros gatos que se llaman Sharon Stone, Menem, Tinelli, Pelé. Son un montón, no digo cuántos. Y Moria (la gata) anda siempre por los techos. Moria (la mujer) tiene los pies en la tierra, de agallas. Sabe lo que es, y no es una engrupida, y todo lo que toca se convierte en oro (allí repara en que Moria tiene dos uñas de oro). Hasta las uñas las tiene de oro. Me encantan las joyas que tiene.
-Yo las diseño -explica Moria, como al descuido.
-Si las llamaran para hacer una película juntas, ¿aceptarían?
-Sí -responden al unísono.
-¿Con quién filmarían?
-A mí me gusta (Leonardo) Favio -contesta enseguida Moria.
-Estoy de acuerdo -agrega Isabel-; me maravilla. Favio quería hacer una miniserie sobre la censura, Armando Bo y yo. Pero no es el momento.
Es el turno de las fotografías, y mirándolas posar para las tomas se puede confirmar que sin lugar a duda, cada una en lo suyo, son dos grandes profesionales que no tienen problemas, ni recelos, ni empacho en compartir un mismo escenario.



