
El teatro para niños festeja sus 30 años
En 1970, "La vuelta manzana", musical de Hugo Midón, renovó el género; ahora irá al cine.
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"La vuelta manzana", espectáculo musical infantil de Hugo Midón, se estrenó en 1970, en el teatro Regina. Fue repuesto con éxito hace dos años y actualmente su autor prepara la versión cinematográfica. Los memoriosos del teatro para niños coinciden en considerarlo un clásico que marca un momento de cambio en el género. Un salto hacia una nueva estética, un nuevo concepto del niño como espectador. Como siempre ocurre, maduró en notables antecedentes.
A treinta años de su estreno, resulta interesante conversar con algunos que estuvieron en el quehacer en ese momento y que aún siguen conectados con una actividad que tiene, así como sus satisfacciones, sus bemoles.
La Nación recogió opiniones de Hugo Midón, Manuel González Gil, Roberto Vega, Héctor Presa, Carlos de Urquiza y Enrique Pinti.
Reacción
Los relatos coinciden en que por esos tiempos había pocos espectáculos en cartelera (alrededor de seis, frente a más de cincuenta que se registran hoy en temporada), a los cuales clasificaron en dos tipos: o de animación (con magos, payasos, globos y caramelos) o de texto, didácticos y formales, escenificaciones de leyendas o cuentos de hadas. La excepción, también coinciden, eran las obras de Roberto Aulés, que aportaba una mejor producción teatral.
Esa época marca los comienzos de una reacción contra la desvalorización del chico como espectador y contra la desvalorización del teatro, que era básicamente utilizado como recurso pedagógico.
Al primero que hay que consultar es a Enrique Pinti. Sus obras, "Don Retorta y su robot" (que luego se llamó "Panchitos con mostaza"), "Los disfraces de Piotor" ( luego, "Crema rusa"), "Corazón de bizcochuelo" y "Mi bello dragón", no solamente fueron éxitos importantes desde 1963 y recibieron varios premios, entre ellos, dos en el festival de Necochea, sino que se siguen representando con entusiasmo en el interior y en el exterior.
"Era -dice, haciendo memoria- la época del paño lenci, el papel crepé, y las mostacillas, en la que cualquier salame se subía al escenario con una malla negra y volados de tul para preguntar por dónde se había ido el antagonista. Cuando los chicos señalaban por la derecha, miraba a la izquierda, y viceversa. Y, por supuesto, así se pasaba la hora. Luego venía el reparto de globos y caramelos, y listo.
Pinti integraba el elenco del Nuevo Teatro, "pero era apenas un novato -aclara-, y con esa suerte o audacia que se tiene a los veintipico, logré permiso para utilizar el vestuario de las obras de adultos y hacer teatro para chicos por la tarde. Para mí era fácil, conocía la sala, tenía los actores, ropa fabulosa, escenografía, y pude hacer mi sueño: la comedia musical, que me encantaba. Me lo permitían porque si bien el Nuevo Teatro era muy serio y el género musical era considerado frívolo, pensaban que para chicos podía ser".
Recuerda sus fuentes de inspiración: "Un disco de "Viva Bavaria", que me dio el ritmo; "El dragón chiflado", de Disney; la idea de armar el espectáculo como para adultos, con ganchos y técnica de la comedia musical, que siempre amé tanto; un cuento ruso, con intrigas, equívocos y sentido de justicia... Y, por cierto, ¡ese vestuario! Para "Mi bello dragón" tuve toda la fabulosa ropa de "El mercader de Venecia", que había fracasado en las funciones de la noche".
"Buscaba con esto no solamente divertirme, sino que al chico se lo tratara como espectador de teatro, para mí es lo fundamental. Puedo decir que partí de la necesidad de ganar espectadores para el teatro en general. Y escribí varias comedias musicales, pero con una historia que los enganchara, y sin la moraleja. Mientras casi todos los otros partían de lo didáctico o de la improvisación, yo puse en funcionamiento todo lo contrario. Mi actitud era como decirles a los niños: "Sentate y escuchá, que te voy a contar una historia que espero que te divierta, y tenés que portarte como la gente, no camines por la sala, no molestes a tu mamá pidiéndole caramelos, no creas que esto es una sucursal del jardín, ni creas que esto es una sucursal de un campo de juegos, esto no es un campo de juegos: jugamos nosotros, y vos tenés que jugar a que te crees lo que nosotros hacemos y divertirte". Para mí, eso es básicamente la formación teatral.
"Con estos espectáculos, hechos en el mejor nivel, y divertidos, tuvimos más éxito que las obras que se representaban en horario nocturno. Lo que sí, la crítica especializada me atacó muchísimo. Yo no resultaba suficientemente serio, y mi lenguaje era demasiado informal para los niños. Pero la gente venía a montones."
Para Roberto Vega, autor y director de "El niño sol", que se estrenó en 1968 y que en 1970, en el Festival de Necochea, recibió cinco premios, docente y autor de varios libros sobre el juego y el teatro en la educación, "es importante tener una buena historia y saber contarla. "El niño sol" fue el primer espectáculo de cámara para chicos: sólo los actores, los objetos y el escenario. Partí del juego, la economía de texto, el uso de los códigos no verbales, corporales, más sensoriales y más directos con el chico. Me importaba que el chico viera que podía jugar con objetos cotidianos. No voy a negar -comenta sonriendo- que eso también tenía un ángulo económico: no teníamos un mango , así que llevamos las cacerolas de nuestras casas para utilería".
Actuar es jugar
Héctor Presa -director del grupo La Galera Encantada, que hace poco cumplió veinte años de trayectoria, autor de "Callejeando", "Romance de trovadores", "Yo así no juego más", "El payaso de Oz", entre muchas otras obras infantiles- dice: "Cuando fui a ver "La vuelta manzana" me dije que yo quería hacer eso. Se trataba del juego, el humor y la música en el teatro para chicos. Y en 1978 recibimos el premio en la Feria del Libro. Pero creo que la diferencia más grande es que el teatro para chicos se transformó en negocio. Entró en la comercialización absoluta, y obligó a los creadores a pensar en posibilidades distintas".
Y Hugo Midón ("Bailando sobre la mesa", "El imaginario", "Narices", "El gato con botas", "Stan y Oli", "Objetos maravillosos" y muchas más), tal vez el creador de espectáculos infantiles de éxito más continuado, con presencia regular en salas de la calle Corrientes, dice: "Creo que lo que aportó "La vuelta manzana" fue un trabajo de elaboración en el que se unían la música, el movimiento y la actuación, y donde se dejaba el relato del cuento de hadas para jugar con lo cotidiano. Habíamos egresado del Instituto de Teatro de la Universidad, y teníamos a Patricia Stokoe en movimiento, y a Perla Jaritonsky en lo musical. Partíamos del trabajo con objetos y la música, sin duda eso nos marcó.
"La parte argumental fue surgiendo del juego, pero a la vez fue madurando, haciéndose cada vez más compleja y más rica. Creo que también era novedosa la importancia que le dábamos a la música -la secuencia de los zapateros en "La vuelta" es un ejemplo-. Encuentro que "La vuelta", es mi obra más decididamente para chicos. Es un material fresco, sencillo, sin segundas o terceras lecturas. Porque después empecé a trabajar en forma consciente con varios códigos simultáneos, algunos más complejos, para no dejar de lado al adulto de la platea."
El que compra la entrada
"Cuando pensé mis obras infantiles, quería, en primer lugar, ganar a los chicos -comenta Pinti-; en segundo lugar, que el grande que lo acompañaba no se durmiera. Por eso, las obras tenían deliberadamente una doble lectura para los mayores. Muchos años más tarde se pudo ver en la nueva orientación de Disney de los años 80 esta búsqueda de gratificación para el adulto: figuras conocidas para el doblaje, temas de interés para los jóvenes, el romance, el humor. Así cada uno encuentra algo para sí."
"En general -dice González Gil, creador del grupo Catarsis y autor de grandes éxitos como "Todo de a dos", "Garabarito" y "Los mosqueteros"-, hay un público adulto que sabe lo que quiere y adónde buscarlo. Se pasan el dato, siguen a algunos realizadores. Al menos, así ocurría antes. Muchas veces pensé que la clave es seducir al adulto que trae al chico; busqué que los protagonistas fueran actores o actrices conocidos. Lo que pasó con "Los Mosqueteros" es un ejemplo. Los mayores se apropiaron del espectáculo y tuvimos que pasarlo al horario de la noche. El grande también quiere jugar."
La escuela llama
"Catarsis no se creó para hacer teatro para niños -prosigue-; éramos un grupo de universitarios, estábamos en la Escuela de Arte Dramático y quisimos investigar sobre la manera de teatralizar poesía. Algo bien difícil. Trabajamos con textos de "Platero y yo", lo presentamos en la Universidad Popular de Belgrano, y la directora del Museo Larreta, Isabel Padilla de Borbón, cuando lo vio, quiso llevarlo al museo. Hicimos una temporada con esa obra. Estrenamos varias más en el Larreta.
"Muchos docentes nos pidieron llevarlo a las escuelas -continúa-, por lo que organizamos reuniones con ellos para que nos dijeran qué temas interesarían a los niños. "A ver qué veo", "Garabarito", "Desarmable", "Robinson Crusoe... el mar", surgieron a partir de estas consultas. El humor fue una constante en nuestros espectáculos, basados en el juego. El juego, si no lo tenés en el teatro, no podés comunicarte con los chicos."
Según Héctor Presa, "la diferencia más importante que se estableció hace unos veinte años fue la relación con las escuelas. Se inventó esto de la "función vendida3, que antes no existía. Y muchos grupos empezaron a trabajar para la actividad de la semana, que era el ingreso seguro. La función de los sábados y domingos en una sala, es la vidriera para que los colegios vean los espectáculos y los compren. Los grupos se equipan para viajar, y acomodarse en ámbitos que no son teatrales. Hay que diseñar una escenografía transportable, llevar sonido y, a veces, luces. Porque a uno le puede tocar hacer la función en un patio o un pasillo. No es lo mejor, pero el lazo es fuerte. La escuela, más que nunca, es la columna vertebral del teatro para chicos. Es su mercado más importante, ya que ninguna otra institución lo sostiene, y la gente apenas si puede ir con los chicos a ver teatro. No tiene para pagar la entrada".
¿Aires nuevos?
Si bien el cambio originado a partir de "El niño sol", "Los caprichos del invierno", "La vuelta manzana" y "Corazón de bizcochuelo", por nombrar las piezas más mencionadas, fue una verdadera revolución y un semillero de grupos y espectáculos que muchos adultos actuales recuerdan con emoción y cariño, los creadores entrevistados hablan con demasiada frecuencia de estancamiento, asfixia, achicamiento, y falta de recambio. ¿ Es que la revolución creadora los ha llevado a un callejón sin salida? ¿ O hace falta otra reacción, otra "vuelta manzana"? Carlos de Urquiza, uno de los creadores del Grupo Catarsis, y actual director del Grupo Teatro de Buenos Aires, y del proyecto de teatro para niños de la UPB, reflexiona. "En el teatro infantil hay actualmente un estancamiento; es notoria la reiteración de fórmulas, de estilos, la copia. Aunque sea por convención, el adulto sigue la función; el chico, no. Tiene tendencia a la dispersión, necesita que permanentemente ocurran cosas que lo desafíen; si se aburre busca pretextos o le dice llanamente al padre: "Me quiero ir"."
Parece entonces que, para mantener la platea alerta, sólo queda el recurso de los efectos especiales y la animación de cumpleaños, o una buena historia, bien contada desde los códigos del teatro.
"Es un círculo vicioso -sigue diciendo De Urquiza-. Por un lado, es difícil hasta lograr estar en una sala. Con el recurso de la venta a las escuelas, el hecho teatral pierde enormemente. Todo recae en la actuación y en la historia, aspectos en los que actualmente hay carencia. Porque falta una dramaturgia. Todo director siente la necesidad de un buen libro, de la profundidad que un autor le puede dar a un texto, la fuerza de la acción que está escondida en la palabra. Cuando se parte al revés, suele faltar el contenido. Y cuando hablo de contenido, me refiero a ser honestos y hablar con los chicos de la realidad. No hacerles perder tiempo."
"Lamentablemente, hay quienes en vez de dejarse enganchar por una buena historia se dejan llevar por lo que no les significa el menor esfuerzo -comenta Enrique Pinti-. Y curiosamente, mientras la gente empobrece, aumentan los megaespectáculos como globos inflados, que atiborran al chico y al grande de imágenes, luces, colores y ruido, y no les dejan nada. Son muy pocos los buenos y heroicos espectáculos infantiles de los viernes, sábados y domingos. La mayoría ha desaparecido o está en vías de extinción. Es un desastre; alguien tendría que hacerse cargo, si no, nos vamos a quedar sin espectadores para todo buen teatro."
"Cuando empezamos, hace unos 30 años -dice Hugo Midón-, hablábamos de que era necesario que el Estado ayudara al teatro para niños. Nos aburrimos de pedir. Porque la gente no tiene para pagar tres o cuatro entradas cuando va con los chicos, y el espectáculo no puede sobrevivir sin una mínima ganancia. Pero ahora es imprescindible. Y siento que tenemos que hacer para la familia un teatro con la exaltación de las mejores cosas de la vida. Una re- afirmación de que vale la pena, pese a todo, luchar, tener hijos, enfrentar dificultades. Este es un buen momento para revalorizar viejos valores humanos que se están deteriorando, que nosotros recibíamos cuando éramos chicos. Como siempre, frente a situaciones de crisis, se han buscado alternativas, pero la nuestra no es una realidad pasajera, se instaló. Veremos qué podemos inventar, pero no lo vamos a poder hacer solos."
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