"El títere es un espejo de lo que quiere expresar el acto"
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"Y diciendo y haciendo, desenvainó la espada y de un brinco se puso junto al retablo y, con acerada y nunca vista furia, comenzó a llover cuchilladas sobre los títeres, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél..."
Para algunos estudiosos, este fragmento del capítulo XXVI de El Quijote, donde el ingenioso hidalgo destruye el teatro de marionetas de Maese Pedro para salvar a doña Melisendra, cautiva de los moros (y que en el tumulto pierde la nariz), habría dado origen al dicho No dejar títere con cabeza.
"En realidad, la locura de Don Alonso Quijano no es tan extravagante: hay toda una tradición que considera a los títeres como seres autónomos, con vida propia. Siempre estará Pinocho deambulando por ahí", ríe Luis Rivera López, actor, director, autor y uno de los fundadores de Libertablas. Se trata de un desprendimiento del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, creado por Ariel Bufano, al que los integrantes de Libertablas consideran su maestro. Ellos son los organizadores, junto con el Grupo de Teatro Catalinas Sur, del Festival Internacional de Títeres y Teatro Al Sur del Sur, que se está desarrollando en Buenos Aires.
–¿Qué es un titiritero?
–Un hombre o una mujer de teatro, un actor que amplía sus posibilidades expresivas incorporando un objeto, el muñeco. Claro que es un objeto con características muy particulares y el actor titiritero debe estudiar y prepararse para utilizarlo bien. Soy hijo de actores y estudiaba teatro con Ariel Bufano cuando Kive Staiff, director del San Martín, le encargó la creación del Grupo de Titiriteros. Entonces, Bufano nos invitó a integrarlo y allá fuimos. Trabajé doce años con él hasta que sentimos que habíamos cumplido una etapa y creamos Libertablas.
–¿Cómo son las puestas?
–Nuestras puestas son abiertas, con títeres grandes manejados a la vista, que interactúan con los actores. Antes de actuar en el grupo creía que el arte del titiritero era un subgénero, algo simpático, pero decididamente menor. Estudiamos mucho el tema, sobre todo la relación entre el títere y el actor, hasta que comprendimos su importancia.
–¿Y el títere?
–El títere es un espejo que refleja lo que quiere expresar el actor. No importa el tipo, pueden ser las clásicas marionetas que el actor mueve accionando alambres, los títeres de guante, los sencillos muñecos que se insertan en los dedos o las exóticas marionetas del bunraku japonés. No es autónomo, no tiene vida propia. Sin embargo, ocurre que a veces el actor quiere expresar una cosa, pero comunica otra y el títere lo refleja. Por otra parte, lo que el títere hace es interpretado y recreado por los espectadores.
–¿Cuál fue el primer espectáculo de Libertablas?
–Una obra para adultos, La tremebunda tragedia de Macbeth, basada en el drama de Shakespeare. En nuestro repertorio hay muchos clásicos, como Don Quijote, Pinocho, Las mil y una noches, Gulliver, y también contemporáneos como Historia de estrellas, una historia de la ciencia que pusimos en escena en el Planetario de Buenos Aires.
–¿Por qué los clásicos?
–Para mucha gente (los críticos, por ejemplo), los clásicos son difíciles, largos y aburridos. Bien, para nosotros no. Leyéndolos encontramos muchas cosas que parecen haber sido escritas una semana atrás. Son sabias, divertidas, actuales. Esa es otra tarea que nos hemos impuesto: poner la gracia y la sabiduría de los clásicos al alcance de la gente simple. El público de Libertablas es indistintamente infantil o adulto. Por supuesto, hay obras, como La tremebunda tragedia de Macbeth, que son para adultos porque presentan situaciones que los chicos no pueden comprender. En cambio, los espectáculos para niños son bien recibidos por el público adulto, porque todos hemos sido niños. Nuestra versión de Pinocho, cuento escrito especialmente para chicos por Carlo Collodi en 1881, fue muy festejado por los mayores.
–¿Cómo se crea un títere?
–A través de un interesante trabajo de equipo donde participan actores y dibujantes, escultores, etcétera. Los diseñadores asisten a los ensayos desde la primera lectura de la obra y siguen a los actores a medida que van desarrollando sus personajes. Luego, los actores actúan llevando los materiales con que se construirán los muñecos; trozos de telas, pedazos de madera con mucha textura, etcétera. Entonces, los diseñadores hacen una serie de primeros dibujos que luego se van decantando a medida que se perfecciona el trabajo de los actores, hasta llegar al diseño final. Un ejemplo interesante es Don Quijote.
–Adelante.
–En el escenario hay dos actores de carne y hueso que son Don Quijote y Sancho Panza. Los títeres interpretan las fantasías del dúo, pero en esas fantasías también actúan Quijote y Sancho. Es decir, hay dos títeres que los representan. Un problema que tuvieron que resolver los diseñadores.
–¿Qué hicieron?
–Una buena pregunta. La forma es la clásica, que ha sido representada por artistas de todos los tiempos. Pero, al mismo tiempo, las marionetas deben tener algo en común con los protagonistas de carne y hueso. Entonces, los muñecos fueron diseñados parecidos a los actores.
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