El último samurai
A los 88 años murió en Tokio Akira Kurosawa, uno de los grandes nombres del cine de todos los tiempos, que supo reflejar en sus películas los más trascendentes sueños del hombre
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TOKIO (AFP).- El director japonés Akira Kurosawa, uno de los últimos gigantes del cine del siglo, murió ayer en esta ciudad, a los 88 años a raíz de una hemorragia cerebral, según informó su familia.
Kurosawa, considerado "el emperador del cine japonés" por películas como "El ángel ebrio", "Rashomon", "Los siete samurais", "Kagemusha" y "Ran"fue más aclamado en el resto del mundo que en su país, pero sus obras pusieron al cine nipón en el mapa internacional y sirvieron de inspiración a cineastas como Steven Spielberg, George Lucas, Francis Coppola y Martin Scorsese.
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Si, como alguna vez se dijo, los sueños son, en verdad, un mensaje existencial o una continuación de la vigilia por otros medios, ninguna creación artística podría demostrarlo mejor que Akira Kurosawa, ese monumento a la creatividad y a la sensibilidad humanas. Quien haya seguido su deslumbrante filmografía, nunca sabrá si era un espectador que miraba un film que estaba hecho de sueños o si soñó que era un espectador que veía un film soñado.
La obra de este maestro se orienta, invariablemente, hacia la captación de tiempos desolados signados por la violencia (una violencia surgida en el caos, la soledad y la anarquía), y un culto al heroísmo que no se agota en sí mismo, que se adentra en el concepto de lo humano con su carga de claves de valor inequívoco.
Akira Kurosawa nació el 23 de marzo de 1910 en Tokio. Fue el más joven de los ocho hijos de Isao y Shima Kurosawa, descendientes de una familia de militares. Su ascendencia quizá se remontaba a guerreros y samurais de otros siglos, entre las neblinas que volvían siniestras las lagunas, arrozales y montes de cedro de un Japón acaso sólo recuperable en la evocación de grabados y films.
Sobre un paisaje de "rickshaws", casas de té y remotos ecos de una guerra que en Europa llegaba a su fin, a los ocho años fue llevado por primera vez a un cine.
Como las de la pintura, que desarrolló en escuelas de arte, esas imágenes en movimiento lo atraparon para siempre. De 1923 a 1928 estudió en el liceo de Kyoto, y ya en la década del treinta el Grupo de Artistas Proletarios le dio oportunidad de estimular su talento plástico. Mas brumoso y siniestro fue el paisaje hogareño cuando, en 1933, su hermano Heigo decidió suicidarse.
Muy pronto, la paleta y el pincel fueron dejados de lado por el joven Akira. Su vocación se había centrado en la pantalla y, a pesar de las dificultades que suponía para un debutante acceder a ese arte, logró filmar en 1942 su primer largometraje, titulado "Sugata Sanchiro", una historia que recorre la vida del creador del yudo. Anteriormente, había sido asistente de dirección de Kajiro Yamamoto, y hacia 1941 redactaba guiones para ese realizador y para otros de la compañía que lo empleó.
En 1944 rodó "El espíritu más elevado", censurado en su país, pero el momento clave de su carrera fue en 1951, cuando su obra "Rashomon" obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia, premio que fue reforzado por el ulterior Oscar al mejor film extranjero.
Film sobre la ambigüedad del conocimiento y sobre la intangibilidad de los juicios, "Rashomon" se eleva a planos lindantes con la metafísica.
Su estreno en las pantallas mundiales dio una enorme notoriedad a su realizador. Reconocido por Occidente, filmó regularmente durante años, y en esta producción se inscriben clásicos inolvidables de la estatura de "Vivir" (1952); "Los siete samuráis" (1954), que le valió otro Oscar; "El trono de sangre" (1957), versión japonesa de "Macbeth", y "La fortaleza oculta" (1958), varios de cuyos títulos tuvieron como protagonista a Toshiro Mifune, uno de sus actores favoritos.
Luego de fundar la Kurosawa Films Production, el cineasta rodó "Los malvados duermen bien" (1960); "Sanjuro" (1962); "El infierno del odio" (1963) y "Barbarroja" (1965). Pero después de "Bondad humana" (1968) los productores comenzaron a negarle credibilidad y apoyo. La crisis llegó a su cúspide en diciembre de 1971cuando, siguiendo los pasos de su hermano y en un pico depresivo, intentó suicidarse.
En 1975, en un estimulante reconocimiento que le vino desde el exterior, Kurosawa dirigió "Dersu Uzala" en la entonces Unión Soviética. El film, más que la muestra de un maestro del cine, fue una lección de profunda humanidad.
Las tres obras que siguieron también conocieron el apoyo externo: "Kagemusha, la sombra del guerrero", "Ran" y "Los sueños de Akira Kurosawa". Para entonces, el maestro era ya algo más que un director de cine del Japón. Alguien dijo que podría haberse encerrado la figura de Dersu Uzala en una cápsula para enviar al espacio, destinada a ser abierta en el año 2100, con esta inscripción: "El hombre del siglo XX no fue exactamente así, pero qué bien habría funcionado el mundo si el hombre se hubiese parecido un poco más a éste".
Una jugada arriesgada
En 1991, y con "Rapsodia en agosto", el director jugó una atrevida partida: eligió a un actor norteamericano - Richard Gere- para el papel central y se convirtió en el primer intento de Akira -con un costo total de once millones de dólares- por explorar cinematográficamente la compleja relación emocional que une al Japón y los Estados Unidos.
Su última producción, "Madadayo", fue la que marcó los cincuenta años de su trayectoria de genio y significó una suerte de despedida. Atrás habían quedado los aplausos, la gloria y el reconocimiento de los espectadores de todo el mundo. Y también sus muchos premios: en 1957 fue honrado por el London Film Festival; en 1982 el Festival de Cannes lo agasajó como uno de los diez grandes directores del mundo; en 1984 recibió la Legión de Honor francesa, y en 1990 logró un Oscar por su trayectoria.
La totalidad de la obra de este irrepetible creador constituye, más allá del cine, un valioso patrimonio de humanidad.
- Los espectadores: "El público japonés no acepta el tipo de películas que hago porque no está capacitado. Siento decirlo, pero la calidad ha desaparecido en el cine de mi país y la industria no está muy interesada en que vuelva" (1990).
- La actuación: "En Kagemusha, no proviene del teatro clásico japonés sino del formalismo y el código de costumbres: cómo moverse, sentarse, desenfundar un sable" (1987).
- El mundo: "La gente olvida. Cada hombre es parte de la naturaleza. Ellos la están destruyendo. La flora y la fauna están muriendo delante de nuestros ojos. El aire está sofocado. Yo mismo no puedo hablar con palabras, sino a través de mis películas. Trato de representar al hombre en armonía con la naturaleza" (1975).
- El mundo: "La gente olvida. Cada hombre es parte de la naturaleza. Ellos la están destruyendo. La flora y la fauna están muriendo delante de nuestros ojos. Yo mismo no puedo hablar con palabras, sino a través de mis películas. Trato de representar al hombre en armonía con la naturaleza" (1987).
- El arte: "Ser artista significa no cerrar jamás los ojos" (1989).




