Elba Rodríguez: de enfermera a Masterchef

Según el reconocido chef, Elba «siempre fue humilde, tuvo los pies en la tierra y muchas ganas de aprender»
Según el reconocido chef, Elba «siempre fue humilde, tuvo los pies en la tierra y muchas ganas de aprender»
Un ejemplo de superación, la cocinera amateur que causó fanatismo en la audiencia y consiguió sensibilizar al estricto chef francés
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31 de diciembre de 2014  • 00:07

Ensalada Waldorf; lasaña a la boloñesa y, como postre, mousse de chocolate. Ese fue el menú con el que Elba Rodríguez se consagró ganadora de la primera edición argentina de Masterchef, el reality que busca al mejor cocinero amateur del país y que ya fue visto por más de 200 millones de personas en todo el mundo. Sin pretensiones innovadoras ni la intención de distinguirse por su extravagancia, Elba demostró que con poco se puede lograr mucho.

Con su humilde metro y medio de estatura, la primera vez que cocinó en el programa hizo un conejo que se distinguía por su sabor. Aunque según contó no lo eligió por la ambición de impresionarnos como jurado ante la sofisticación del ingrediente sino simplemente porque está acostumbrada a cocinarlo ya que en su casa crían conejos -exclusivamente- para comerlos. Con el tiempo descubrí que en la simpleza estaba su secreto.

Hija de inmigrantes bolivianos, creció en un hogar trabajador de Lomas de Zamora. Enfermera de noche, participante de un reality de día, Elba llegaba muchas veces mal dormida a las grabaciones. Sin embargo, a lo largo del ciclo -que emitió diecisiete capítulos durante casi cuatro meses- Elba nunca cambió. Siempre fue humilde, tuvo los pies en la tierra y muchas ganas de aprender. Llegó al programa sin expectativas y se fue con todos los premios: 250.000 pesos, la edición de un libro con sus recetas originales y una beca para estudiar durante un año en una prestigiosa escuela de cocina nacional.

La elegimos porque siempre puso el pecho para que saliera bien su plato, porque aunque era una cocinera novata tenía mucho potencial, la humildad para emprender el camino del aprendizaje y la grandeza para llevarlo adelante.

Desde un principio percibí que es una mujer con mucha sensibilidad. Aunque no tenía una formación profesional -no sabía lo que era una bruschetta- nos sorprendió con claridad y originalidad en la mayoría de sus recetas. Como cuando cocinó niños envueltos a base de hojas de repollo blanco y ricota tras quedarse escasa de ingredientes. Para mí, Elba es el ejemplo de una persona que supo aprovechar el sistema educativo -libre y gratuito- para cumplir sus objetivos de vida.

A veces, cuando la cruzaba en los pasillos durante impasses de las grabaciones me decía en tono sereno: "Está todo arreglado" y yo tenía que aclararle una y otra vez que no era así. Pero Elba desconfiaba con transparencia -sin doble sentido- porque le costaba creerse ganadora. Porque representa a esa clase social que tiene que luchar para ser una persona digna ya que nada le es regalado

Con sus platos Elba echó raíces. Inspirándose en su infancia y en sus orígenes cocinó recordando, trayendo al presente sus memorias culinarias. Cocinaba para rearfirmar su identidad, para dar un paso en el ascenso social, en la fantasía de que siendo uno mismo existe la posibilidad de convertirse en otro: de enfermera a Masterchef.

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Christophe Krywonis

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