Parque Simón Bolívar
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El festival de música electrónica llegó a su cuarto año con más bandas y sin djs
Los inicios modestos de Electrolux en un viejo cine del centro de Bogotá no daban muchas señales sobre el crecimiento que iban a tener tanto el festival como la música electrónica en el país. Este año, Electrolux llenó a la mitad la inmensa plaza de eventos del parque Simón Bolívar pero, sobre todo, mostró cómo en menos de cinco años el panorama de la música electrónica local ha aumentado su variedad y cómo el público está más abierto a propuestas que vayan más allá del trance, el tecno y el house. En sus cuatro versiones, esta fue la primera vez que Electrolux incluyó una programación sin djs, sólo con bandas. Aún falta que los grupos maduren, pero la mejor oportunidad de crecer y aprender es en ocasiones como ésta, en las que puedan probarse ante una audiencia numerosa en un evento reconocido.
Los participantes nacionales, Sismo, Sexy Lucy, Tumako Club, y Diva Gash tuvieron buenas presentaciones que confirmaron que para crecer es indispensable el fogueo ante el público.
Sismo tuvo la presentación más extraña pero a la vez más interesante entre los grupos locales, por asumir el riesgo de llevar una música suave, diseñada para escuchar y no para bailar –que hubiera sido la elección obvia en un festival electrónico–. La mezcla de cantos embera, teclados y hasta juguetes para bebé tuvo un buen resultado y a Sismo sólo le queda trabajar sus habilidades sobre el escenario y hacer más compacto su sonido en vivo. Aún se nota cierta timidez personal –comprensible en una banda demasiado nueva– que termina tocando a lo musical y resta fuerza a un proyecto que es lo suficientemente interesante para continuar y exponerse ante nuevos públicos.
Sexy Lucy tuvo una mejor presentación en Electrolux que como teloneros de los White Stripes. Un escenario más amplio y menos presión por la presencia de la banda principal ayudaron a que la banda se desenvolviera mejor. Sexy Lucy funciona bien como banda y tiene líneas pegajosas, pero todo esto puede volverse un arma de doble filo dada la poca variedad del sonido de una canción a otra.
Los ritmos negros de las costas colombianas y los beats electrónicos son perfectamente compatibles y el trabajo de unirlos estuvo a cargo de Tumako Club. Una presentación alegre, con una propuesta más apta para la rumba que para la radio y con más ritmo que melodía. Los tambores le dieron un toque natural y las voces aportaron las líneas reconocibles y fáciles de corear. Este es otro grupo que, quizá por su novedad, aún puede mejorar su desempeño en el escenario, especialmente en la proyección de las voces, que a pesar de la claridad de su sonido, les falta un poco de sabor y eso sólo se adquiere con la experiencia.
Diva Gash dividió opiniones, sobre todo por lo de su coreografía al final de su presentación. Es cierto que el recurso no es muy original [Café Tacuba y Plastilina Mosh lo hacen], pero no interfiere en el sonido y, sobre todo, en el crecimiento musical y escénico que la banda ha tenido en sus últimos dos años. Tienen más actitud personal que virtuosismo musical –que de todos modos no necesitan, porque su música no es complicada– pero lo importante es que tienen claro cómo quieren sonar aunque no por ello se encasillan en su repertorio que tiene algo de funk, disco, rock y tecno pop.
La banda extranjera fue Télépop musik. Muy suave, con muchos ecos del trip hop de mediados de los noventa, el trío francés sonó más cálido en vivo que en sus discos, sobre todo por la inclusión de la voz de la cantante escocesa Angela McCluskey, una mujer pintoresca –parece salida de la escena más kitsch de una película de Almodóvar– dueña de una voz suave y ligeramente ronca. McCluskey se encargó de las canciones menos movidas del set, mientras que el inglés Mau –con falda y una línea blanca que le bajaba de la frente a la nariz– se encargó de subirle el ritmo al concierto. Sin embargo, fue claro que la superioridad vocal de McCluskey opacó las monerías de Mau. La relación de fuerzas estuvo más pareja en los instrumentos, que no se perdieron entre tantos recursos electrónicos, que iban desde samplers, sintetizadores, tornamesas, e incluso, un exótico theremyn, un instrumento que poco se ve en los escenarios. Las guitarras acústicas y la batería no fueron simples accesorios y aportaban el equilibro necesario a la música y Télépopmusik, un grupo relativamente desconocido en Colombia, se bajó del escenario entre aplausos sinceros. El público ha madurado. Quizá, unos años atrás, una banda tan dulce no habría sido tan bien recibida.









