
Emblema del viejo sainete lírico
El éxito del sainete a principios de un siglo donde no había televisión ni radio ni cine era imparable. Tanto es así que había que buscar nuevas formas para una producción incesante de obras cortas. Así fue como se le agregaron canciones (tangos en su mayoría) y nació un género hermano, consecuente: el sainete lírico, antecesor de la comedia musical vernácula. Pero sólo fueron unas décadas de auge. En los años 30 y 40 el sainete lírico ya se convertía en cosa del pasado. Aunque la década del 50 se empeñó en revivirlo. En 1953 se le adicionaron más canciones a Los disfrazados , en el marco de la Fiesta del Género Chico Nacional, y el 23 de abril se estrenó uno de los títulos dominantes del género: El patio de la Morocha . Estrenada en el teatro Enrique Santos Discépolo (ahora Presidente Alvear), su principal atracción no fue su argumento simple sino los nombres de sus gestores: Aníbal Troilo, Cátulo Castillo, Mariano Mores y Astor Piazzolla. El elenco no tuvo menos brillo: Aída Luz, Jorge de la Riestra, Pierina Dealessi, Enrique Fava y el propio Pichuco con su bandoneón en escena. Piazzolla se ocupó de las orquestaciones, en tanto Román Viñoly Barreto, de la dirección de actores. Tal vez El patio de la Morocha signifique menos para el teatro de lo que simboliza para el tango, al reunir a cuatro de sus principales exponentes en un mismo espectáculo. Pero es un título clave en la historia del teatro musical argentino.
El estreno de esta obra tiene puntos en común con el presente. También fue impulsada desde el gobierno. Formaba parte del Segundo Plan Quinquenal de la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación -gobierno de Juan Domingo Perón-, cuyos objetivos eran "el acceso progresivo del pueblo a todas las fuentes de la educación y de la cultura", así como "constituir el punto de arranque de una nueva etapa del teatro vernáculo", tal como consignaba el lujoso programa de mano.
Estaba basada en el tango homónimo de Mariano Mores, aunque sólo se interpretaban de él algunos acordes. Incluso, como Troilo era un artista exclusivo del sello Odeón, no le permitían participar de la grabación del disco de "Patio mío", tema principal de la obra. De todos modos, Pichuco sintió que no podía estar ausente y, finalmente, tocó en la grabación con Aída Luz sin figurar en los créditos.
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