Alrededor de Guasón se abre una grieta profunda en el cine de Hollywood

Marcelo Stiletano
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6 de octubre de 2019  

Phillips y Phoenix en el rodaje de Guasón
Phillips y Phoenix en el rodaje de Guasón Crédito: Europa Press

Anteayer, en el día de su estreno en unas 400 salas de toda la Argentina, Guasón fue vista por siete de cada diez personas que fueron al cine. Otra profecía autocumplida. Los títulos más fuertes llegan siempre a la pantalla grande envueltos en un halo de expectativas que alimentan todavía más las ganas de verlos en el mismo momento en que se instalan. Nadie quiere esperar.

La ansiedad es global. Se esperan cifras significativas de audiencia para este fin de semana en el crucial mercado estadounidense, marcado además por debates que excedieron por lejos el simple acontecimiento cinematográfico del estreno de una nueva película de un personaje con muchísima historia y un nombre de gran poder simbólico.

Lo más probable es que la convocatoria se mantenga por más que los primeros en retacearle el apoyo al modelo 2019 de Guasón sean con toda probabilidad los seguidores más ortodoxos del universo de ficción que identifica al personaje. La mayor rareza de esta película consiste a la vez en reconocerse desde la marca registrada como parte integrante del mundo de DC Comics y a la vez tomar una distancia simbólica sideral de ese cosmos. Ya se dijo hasta el cansancio que Guasón es una historia original, que tiene conexiones circunstanciales (algunas inevitables, por cierto) con sus equivalentes del pasado y que difícilmente encontrará espacio para una continuidad, al menos con este director (Todd Phillips) y este protagonista (Joaquin Phoenix).

En estos primeros días de recorrido en la cartelera, la sola atracción del nombre del protagonista, la memoria del personaje entre el público y la atracción potencial del juego de comparaciones entre los Guasones de ayer y el de hoy seguramente despertaron el interés del público y dispararon la venta de entradas a un ritmo frenético. Un detalle que llamó la atención en Estados Unidos es el predominio absoluto de espectadores masculinos entre quienes pagaron sus entradas en estos primeros días. El primer día de proyecciones en ese país, el jueves pasado, sólo hubo un 30 por ciento de mujeres entre los espectadores.

Hay otra división mucho más pareja, pero al mismo tiempo bastante inquietante. La división entre quienes celebran con entusiasmo a esta película y aquéllos que la deploran es tan rotunda como pareja. LA NACION le otorgó en su crítica la máxima calificación y en esa línea favorable se encolumna la mayoría de los especialistas locales. Mientras tanto, en los Estados Unidos la crítica oscila entre el elogio generoso y una serie de durísimos cuestionamientos. A. O. Scott, en The New York Times, habla de un "vacío y vago ejercicio hecho con un estilo de segunda mano y una filosofía de segundo nivel". Y Richard Brody, en el semanario The New Yorker, va más allá. Dice que la película es el resultado de un "cinismo tan vasto y generalizado que transforma la experiencia de verla en algo todavía más vacío que su estética chapucera".

¿Afectará esta división las chances de Guasón en la próxima temporada de premios? Cualquier respuesta sería prematura. Queda claro que no habrá una corriente de respaldo unívoco alrededor de esta película sino una constante marcada por la disparidad de criterios. Lo único certero es que se diseminó con la rapidez del rayo una grieta poderosa alrededor de esta película. Su convocatoria también se nutre de ella.

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