En el deporte, sin límites
Torball, atletismo, lanzamiento de disco... las debilidades de Mariela Almada
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Mariela Almada nació con una discapacidad visual severa. "Pero desde siempre amo el deporte y no me pongo límites a la hora de practicar una disciplina", dice la atleta, de 23 años, especialista en natación, atletismo, handbol, lanzamiento de bala, de disco, torball. "Cuando era chiquita tuve la suerte de conocer a Miriam Guim, mi profesora de educación física especial cuando iba a la Escuela Nº 511, de La Matanza; ella me cargaba en sus espaldas para que no faltara a ninguna actividad deportiva. Siempre me decía que practicara deportes por placer, no para competir. Y bueno, en esto último la desobedecí", reconoce Almada, que se prepara para los Juegos Paralímpicos que se realizarán en Atenas entre el 17 y el 28 de septiembre.
Participó de los Juegos Panamericanos en México 99, y volvió con medalla de bronce; luego tuvo buenas actuaciones en el Mundial Panamericano de Estados Unidos 2001, el de Francia 2002 y el Mundial de Quebec 2003, donde fue incluida entre las 10 mejores atletas del mundo.
Más de una distinción
Su mejor marca como lanzadora de bala es 9,72 m, y de disco, 31,64 m. Además, en el reciente Mundial de torball (deporte nacido en la Europa de posguerra para la rehabilitación de los ex combatientes que habían quedado ciegos o con disminución visual) realizado en la Argentina, fue elegida la mejor jugadora.
"Hago todos los deportes que puedo. Hasta fútbol, que jugaba con mis hermanos cuando era chica, y después me mezclaba en los picados de los jugadores del seleccionado argentino, Los Murciélagos. En atletismo, los entrenamientos son muy duros porque en este nivel competitivo se trata de tener la misma exigencia que para cualquier deporte convencional. Quizá donde a nosotros más nos cuesta es en la parte técnica, ya que nos lleva un poco más de tiempo coordinar los movimientos", continúa la deportista.
Todas las mañanas sale de su casa en Gregorio de Laferrère y toma dos colectivos hasta llegar al Cenard, donde entrena. A la tarde trabaja en la sede de la Asociación Pro Ayuda al No Vidente –en Boedo y Cochabamba–: "Me siento frente a la computadora y transcribo las boletas de servicios a sistema braille. En mi tiempo libre confecciono llaveros y cinturones de tela, que luego vendo".
Almada padece de cataratas y glaucoma, pero eso no le impide disfrutar de uno de sus mayores placeres: ir a una cancha de fútbol. "Alcanzo a ver las figuras, los movimientos y los colores. Además, el fútbol es pura pasión."
Ahora, además de su meta inmediata, competir en los próximos Juegos Paralímpicos, la esperan dos objetivos: retomar su carrera en el profesorado de Educación Física y tener una camiseta del polista Adolfo Cambiaso. "Es que nací en el barrio Los Perales, de Mataderos, y la primera vez que fui a una cancha tenía 2 años, cuando Chicago ascendió a Primera. Desde que los jugadores de La Dolfina se pusieron la camiseta verde y negra, el polo pasó a ser parte de mi corazón."





