En la huella de Valle Inclán
"Luces de bohemia", de Ramón del Valle Inclán. Intérpretes: Patricio Contreras, Verónica Cosse, Malena Figó, Antonio Ugo, Francisco Nápoli, Héctor Malamud, Cutuli, Jorge Suárez, Tito Hass, Martín Coria, Osvaldo Bonet y elenco. Dirección: Villanueva Cosse. En el Teatro San Martín. Nuestra opinión: bueno
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A Valle Inclán le dolía España tanto como a Unamuno, y ese dolor el dramaturgo lo volcó en sus obras.
Una de ellas, "Luces de bohemia", es quizá la más representativa. A través de la mirada de Max Estrella, Valle Inclán vuelca toda su ironía sobre la sociedad española de las primeras décadas del siglo.
Allí, los sobrevivientes de la generación del 98 vieron cómo la moral, el honor y el arte fueron pisoteados por los adoradores del dinero y por una burocracia decadente.
Max es un poeta ciego, como Homero, y trata de sobrevivir con la gloria del pasado. Pero esto no alcanza para dar de comer a su esposa y su hija y vive prácticamente en la miseria. En Don Latino va a encontrar el compinche de la taberna, el lazarillo de su tragedia y el ladrón de su herencia.
Con pocos apuntes caracterológicos, el autor pinta a distintos representantes de la sociedad: los funcionarios, la milicia, los marginales, los poetas modernistas, los ministros de Justicia, los anarquistas, los republicanos, etc., pero con una mirada deformante.
De esta manera, Max transita por su agonía, mientras busca una luz que lo redima, le reconozca su talento y le muestre la belleza de una realidad que ya no es ni nunca va a volver a ser.
El oportunismo y la codicia es la neblina que sepulta cada vez más las sanas ambiciones de este pobre hombre, cuyo delito fue no dar valor al dinero y soportar estoicamente los desaires de su gente. "Me han hecho el honor de no nombrarme para la Academia de Letras", dice con orgullo pero también con una punzada de dolor. Es en esta pieza, en boca del protagonista, donde se revela el significado del esperpento. Los héroes del pasado, con su carga de honor y de principios, enfrentados al espejo cóncavo, se ven deformes, grotescos, esperpénticos, como la sociedad de la época.
Aires renovadores
Para volcar en escena "Luces de bohemia", Villanueva Cosse se permite crear un ámbito que borra toda resabio realista y le da otra dimensión más renovada.
Desde el punto de vista estético es de una creatividad pocas veces vista, pero hay tanto cuidado en este diseño visual que se pierden de vista el texto, la continuidad de las acciones y el tiempo de la narración.
En los logros, mucho tiene que ver la escenografía diseñada por Tito Egurza: grandes bloques, instalados sobre discos giratorios, que se abren, se cierran, se pliegan, para componer los distintos ámbitos que exige la pieza: la taberna, la calle, el café, una habitación, el despacho del ministro, una librería, la cárcel, el periódico, etc. Todo el cambio está a la vista del público y atrapa la atención.
Lo decorativo está a cargo de la luz, que proyecta sobre los bloques diseños de ventanas, puertas y otros elementos pictóricos. Un interesante recurso que facilita la austeridad en la utilería.
También recurre el director a la proyección de imágenes en video que reproducen instancias del escenario. Un desdoblamiento interesante, sobre todo porque no se abusa del él.
Pero no obtiene el mismo resultado al traducir en escena situaciones que están implícitas en el texto, como la muerte del obrero catalán, que se menciona verbalmente y, además, Villanueva Cosse la despliega actoralmente sobre el escenario.
Esto altera el tiempo de narración y se producen vacíos dramáticos que fatigan.
La música es otro ingrediente atractivo al incorporarse a través de notas sostenidas y variados apuntes sonoros, para lograr efectos de sugerentes valores dramáticos.
En cambio, en la actuación se producen desniveles al presentarse diferentes estilos.
Patricio Contreras, como Max, arranca con un trabajo grandilocuente, exacerbado, que encuentra por momentos eco en Antonio Ugo (Don Latino) o Francisco Nápoli (Zaratustra), para encaminarse hacia el estilo grotesco que exige el esperpento.
Pero esta intención inicial se va diluyendo en el transcurso de la obra al sumarse otras interpretaciones que están en la cuerda realista. Aquí se produce un quiebre.
Muy bien resuelta, en cambio, está la escena posterior a la muerte de Max, donde los actores aparecen físicamente deformados. Es una de las más logradas, porque quedan expuestos los defectos morales.
En definitiva, ésta es una válida versión de "Luces de bohemia", que puede alcanzar mayor atractivo con un ritmo más aceitado.



