
Entre el musical, la sala ecológica y la novela
Diego Mariani es un multifacético actor, escritor y emprendedor
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Zapatos de punta italiana negros impecables, pantalón oscuro, camisa estampada y bigote ralo. Peinado para atrás. Prolijo. Organizado. Diego Mariani recorre los espacios del teatro que está por inaugurar, Border, y sonríe con los ojos. Acaba de empezar el año y tiene muchos proyectos que lo entusiasman: el 1° de marzo estrena LoveMusik, el musical que es la gran apuesta del Paseo La Plaza para esta temporada y que marca el regreso de Elena Roger después de triunfar en Broadway; Border abrirá sus puertas a fines de febrero, comenzará a funcionar como escuela de teatro y desde abril tendrá funciones; acaba de terminar de escribir su primera novela y con el apoyo de Ricardo Monti, entre otros lectores autorizados, espera publicarla pronto. "Monti no entendía cómo podía escribir de esa forma sin haber leído antes una novela. Nunca me atrajo la narrativa, leí mucho teatro y poesía. Investigué durante varios años vatios materiales, entre ellos, La decodificación biológica de las enfermedades, Un curso de milagros, El libro tibetano de la vida y la muerte", explica para marcar la génesis de su novela Krankenjaus - El circo del espejo.
De alguna manera todos estos proyectos tienen un hilo conductor: la búsqueda del bienestar y el amor son sus temas.
Se define como actor con formación en teatro de texto, pero algunos de sus momentos más destacados en los escenarios porteños fueron de la mano del musical: estuvo en Cabaret, fue uno de los protagonistas de la multipremiada El cabaret de los hombres perdidos, y ahora se animó a secundar a Elena Roger en LoveMusik, obra que cuenta el romance entre Kurt Weill y Lotte Lenya. El músico será interpretado por Esteban Meloni y a Mariani le tocó otro papel difícil: Bertolt Brecht. "No se habla de la vida de Brecht. Es por momentos como una ensoñación, un fantasma, una exageración de algunos colores de su personalidad. Lotte, Weill y Brecht fueron un trío muy potente porque lo que escribía Brecht era llevado a la acción por Lotte, ella era el instrumento, y para lo que componía Weill, también", explica el actor. Tras quedar seleccionado en la audición con Jonathan Butterell, director británico a cargo de la puesta (dirigió la versión argentina de La novicia rebelde), Mariani quiso sentarse a tomar un café con él para entender qué pasaría con su personaje. Luego, hubo mucha investigación: "En la Argentina, los amantes del teatro tenemos otra imagen de Brecht. Acá se lo muestra desde otro lugar. Era apasionado, frontal, mujeriego. Vehemente. A veces pensaba que sería raro verlo bailar a Brecht. Pero las escenas son preciosas. Hay algunos cuadros musicales que protagonizamos ambos, que evocan La ópera de tres centavos, y otras. Es una obra muy cuidada. Gardelín hizo unos arreglos preciosos. Va a ser un musical muy elegante", adelanta. Será la segunda vez consecutiva que trabaje con Elena Roger. El año pasado ambos se pusieron al hombro la obra ¡Ay, Carmela! Además de protagonizarla, eran los productores. "Fue un gran aprendizaje", dice, aunque admite que trabajar con todo el engranaje de La Plaza por detrás le permite concentrarse en lo artístico y "estar relajado".
Para Mariani, LoveMusik habla "de la libertad en el amor". "Es una relación de encuentros y desencuentros, pero que se siguen amando. Es un amor que incluye a otras personas, pero que se puede sostener como amor igual", reflexiona con mucho interés, porque es un tema sobre el que viene pensando desde hace tiempo y, según anticipa, está incluido en su novela. "No hago por hacer. Me gustan las obras que cuentan algo, no me gusta el musical que muestra habilidades", sentencia. Con esa rigurosidad, se animó en el pasado a rechazar papeles en musicales importantes y no se arrepiente. De nuevo, la libertad. Y el arte como camino. La voz se le emociona cuando habla de estas sensaciones. Saltar al vacío, dejarse tomar por las situaciones, aprender, todo el tiempo aprender. Cuenta cómo su papá murió en sus brazos justo después de verlo en el teatro con mucha dificultad por la enfermedad que atravesaba y cómo dejó de lado la tristeza para dar paso a la gratitud: "Agradezco haber estado ahí con él. Suena triste y terrible, pero yo lo viví de otra manera".
Es que para él, "el arte recicla emociones". Sacar lo bueno de lo malo parece un ejercicio constante en su rutina. No es casual que sea uno de los artífices del primer teatro ecológico. Border es un espacio con jardines verticales, techos verdes, recolección de agua de lluvia, paredes hechas con tapitas de gaseosa, paneles solares, ahorro de energía. "Todo el edificio aborda un concepto de sustentabilidad. La idea es reusar materiales para generar menos daño al planeta. A la larga es más económico. Todos salimos ganando", explica. Cuando se reunió con Marina Lamarca, Juan Alejandro Germaná y Roberto Peloni para pensar en crear un espacio teatral nunca se imaginó lo que es hoy: un edificio de cuatro pisos con salón para danzas y aulas para otro tipo de clases, bar, terraza jardín y una sala con capacidad para 117 personas. Además de ser sustentable, está totalmente preparado para que puedan ir discapacitados, con ascensores y butacas especiales. "Descubrí que no sólo quería un teatro. Lo que quería era hacer un espacio que nos haga mejor, que nos haga bien. Tratamos de hacer un lugar hermoso. Que todos se sientan respetados. Y formar profesionales del teatro que sigan esta idea. Que entiendan que se puede ayudar al planeta y ayudarnos a todos."
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