
Entre la música y la historia
El artista argentino escribió un libro sobre los hechos de Monte Chingolo de 1975
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El director de orquesta Gustavo Plis Sterenberg consiguió un lugar en el competitivo mundo musical ruso -vive desde hace casi veinte años en Moscú- pero, sin embargo y como muchos argentinos en el exterior, regresa a la Argentina para mantener un "cable a tierra" con sus orígenes.
La juventud de Plis Sterenberg fue tan intensa como novelesca. "Empecé con la música a los 8 años, pero también hice paracaidismo, estudié medicina, fui socorrista de la Cruz Roja en Nicaragua, estuve dos años en la clandestinidad porque colaboraba con los familiares de detenidos y desaparecidos. Con la vuelta a la democracia entré en el Conservatorio Nacional y en 1986 me becaron para estudiar en Rusia. Allí vi caer la Unión Soviética y compartí las colas de horas para conseguir un jabón; después fui asistente de Valéry Gergiev", enumera, sin alarde, como algo natural. Y luego, en medio del camino, Sterenberg resultó el primer extranjero, en setenta y seis años, en ser aceptado como director de orquesta permanente del legendario Teatro Mariinsky (conocido en el mundo como el Kirov) de San Petersburgo, el año pasado, donde ya revistaba como invitado desde 1996.
Comprometido en principio para dirigir en las funciones de ballet, lo cierto es que desde semejante puesto de honor (los rusos son muy celosos de su tradición interpretativa) está construyendo una carrera internacional.
Pero Gustavo Plis Sterenberg regresa a la Argentina periódicamente, para dirigir, principalmente en orquestas del interior como las de La Plata, Córdoba o Bahía Blanca. Esta última motorizó un pedido expreso para que sea su director titular, cargo que Sterenberg aceptó, para mantener lazos musicales con el país.
Esta necesidad de contacto también lo llevó a algo impensado para un músico clásico: escribir un libro de historia política argentina. Y sobre un tema polémico: el frustrado copamiento del Regimiento Domingo Viejo Bueno, en la localidad de Monte Chingolo, llevado a cabo por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) el 23 de diciembre de 1975.
Testimonios
"Monte Chingolo" (430 páginas) es un minucioso trabajo de archivo pero, principalmente, una recopilación de testimonios de los sobrevivientes de aquel episodio (militares y militantes). Sterenberg no oculta que fue simpatizante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), agrupación de la que el ERP fue brazo armado: "Yo era joven, quería una sociedad más justa y veía que los partidos tradicionales no resolvían los problemas del pueblo. Además, veía que la Argentina tenía una dependencia de los Estados Unidos casi colonial. Todo eso me rebelaba". De todos modos, Plis Sterenberg mantuvo y mantiene una postura crítica: "En la época del episodio de Monte Chingolo ya me había distanciado del PRT, porque la acción del ERP se había desfasado de la actividad política. Lo militar iba adelante de la política. La acción de Monte Chingolo fue un acto desesperado".
-¿Qué lo llevó a escribir este libro?
-Es la respuesta a un debate político inconcluso en la Argentina. Me pareció que, cuando se habla de la resistencia contra la dictadura militar, se omite la existencia del PRT, que tuvo aciertos y errores y, mal o bien, tenía un objetivo político preciso: la construcción de una sociedad socialista, en el sentido de una sociedad justa. Mi intento, finalmente, es aportar una explicación a lo que fue esa militancia.
-¿Cómo fue el trabajo de investigación?
-Viajé por todo el mundo. Estuve en Finlandia, en México y en España varias veces. Me organizaba conciertos para viajar a esos lugares. En la Argentina, lo más difícil fue encontrar a los sobrevivientes o familiares que viven en villas de emergencia. Fue un trabajo muy intenso de dos años. Y recibí la colaboración de guerrilleros, militares y archivos históricos.
-Habiendo sido simpatizante del PRT, ¿cómo fue la experiencia de estudiar luego, en 1986, en la Unión Soviética?
-Ese año recibí una beca para estudiar en Moscú. Estudié composición y dirección junto a los alumnos soviéticos, me salí del grupo de los extranjeros. Ellos empiezan de los 6 años y me vino muy bien para alcanzar un nivel profesional alto. Y claro, tuve momentos tensión en las materias obligatorias del régimen totalitario. Por ejemplo, de la historia del partido comunista ruso. Allí más de una vez me paré y dije: "Eso es mentira". Recuerdo las visitas de los oficiales de la KGB, que me advertían que debía dejar de decir esas cosas por mi seguridad. Yo sabía que el socialismo se había degenerado en la Unión Soviética, pero no que lo había hecho tanto.
-Es el primer director extranjero del Mariinsky en setenta y seis años. ¿Eso es un peso extra?
-El Mariinsky es un teatro nacional con los espectáculos de repertorio que para sostenerlo requiere conocer muy bien las tradiciones musicales de ruso y sobre todo las formas de interpretación. Que me hayan elegido fue un golpe de confianza y una responsabilidad atroz.
Carrera en ascenso
- Tras egresar como pianista del Conservatorio Nacional de Música fue becado en 1986 por el Ministerio de Cultura de la ex Unión Soviética.
- Fue asistente de Mstislav Rostropovich y Valery Gergiev.
- En 2002 fue designado director permanente del teatro Mariinsky.




