Entrevista con Santiago Loza e Iván Fund
En esta primera entrega, una charla con los co-directores de Los labios, una de las películas nacionales que competirán en el festival; mirá el video. Por Milagros Amondaray
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El cine como necesidad. Así podría definirse la manera en la que Santiago Loza se compromete con sus proyectos. No se trata tanto de cumplir con expectativas o de sacudir el avispero sino de saciar un impulso momentáneo. De todos modos, Loza no es ingenuo. Sabe que cada una de sus películas, con mayor o menor grado de proyección, están destinadas a un público selecto. Extraño (2003) o La invención de la carne (2009) no están hechas para complacer sino para cuestionar. Loza filma lo que quiere cómo quiere. Y una vez que sus películas salen al mundo, como decía Borges, ya no le pertenecen a nadie más que al receptor (en este caso, espectador), sobre quien recae el resto de la tarea (la interpretativa).
<b> Los reconocimientos </b>
Su última producción, Los labios, fue co-dirigida por su amigo Iván Fund (quien tiene en su haber otro largometraje titulado La risa), el propulsor del proyecto. El film se presentó en la última edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires y sus directores fueron premiados junto con la película, que recibió el premio de la Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos. Ahora, Los labios va por más en Cannes donde aspira, junto a Carancho de Pablo Trapero y La mirada invisible de Diego Lerman, a Un Certain Regard (mención especial) en el prestigioso festival, que comenzará el 12 de mayo.

"Estábamos muy contentos con la película, pero no esperábamos semejantes distinciones", cuenta Fund a lanacion.com, "Yo creo que lo más lindo fue que se sintió una conexión emocional de la gente con la película". La misma conexión emocional que sus directores sintieron al hacerla. Los labios es un film cuya carga emotiva, como suele suceder en el cine de Loza, no tiene la necesidad de manifestarse de manera explosiva. Por un lado, el tema de por sí es movilizante - tres trabajadoras sociales realizan un relevamiento sanitario en un lugar marginal de la provincia - y, por el otro, sus realizadores lo manejan sin golpes bajos, más bien con una tensión y emotividad callada, que en algún momento sabemos va a expulsarse (con llanto, agotamiento, etc.).
El film fue rodado en noviembre y diciembre del 2009 en San Cristóbal, una ciudad al norte de Santa Fé, tierra natal de Fund, y con el particular agregado de que, excepto las actrices protagónicas, el resto del elenco lo conforman los habitantes de ese lugar. "El rodaje fue muy duro, pero había un componente movilizador en el equipo. Cada día era como una lucha y una victoria", expresa Fund y agrega Loza: "Es una película que sí o sí te obliga a cuestionarte cosas de manera permanente, siempre se generaban debates entre nosotros sobre la importancia de seguir filmando, sobre cómo continuar". Como dice su co-director,
Los labios
genera debate mediante un abordaje del tema más expositivo que discursivo. La gente, compartiendo sus carencias con las asistentes sociales (cuya coraza se va desquebrajando con el paso de los días), no tiene filtro y Loza/Fund filman a cada uno de los lugareños con un respeto que les juega a favor de su película.
<b> Las miradas </b>
En Los labios no hay mensajes subliminales, hay simplemente una realidad insoslayable contada por quienes la viven en carne propia. Asimismo, se percibe un arduo trabajo previo en eso de "cómo contar una historia". La famosa "mirada" de un cineasta. "Hubo algo previo al guión, un tratamiento que se hizo para edificarlo y bucear el relato. Lo trabajamos mucho, charlábamos, redactábamos, hicimos una primera versión, después se refutó, se armó otra escaleta. Fue mutando mucho. Lo gracioso fue que en el rodaje estábamos con el guión, la escaleta, las notas y además había momentos de improvisación. Pero yo creo que un guión puede ser un material flexible y Los labios claramente lo demuestra", cuenta Loza.

La complejidad del guión en parte se vincula con el hecho de que Los labios retoma la base del neorralismo italiano, desdibujando los límites entre documental y ficción pero no de manera impostada sino como un modo natural de tratamiento. Porque, al fin y al cabo, todo es ficción. En este sentido, el trabajo de las actrices con los habitantes de ese paraje fue otro elemento a desarrollarse: "Ellas sabían que iba a ser complejo enfrentarse a esa situación, pero les resultó mucho más impactante de lo que pensaban y un actor no tiene por qué estar preparado para lidiar con la realidad así", cuenta Fund. "Porque una cosa es cuando un actor improvisa en un ejercicio con otro actor - agrega Loza -, pero acá ellas tenían que guiar e ir llevando ciertas escenas con gente que trabajaba sobre una verdad absoluta. Todo lo que una pensaba sobre la actuación empezaba a diluirse, a cuestionarse".
El cine como medio para hacerse preguntas. Ésa fue la manera en la que se pensó y se concretó Los labios. "Hicimos la película que quisimos, sin especular con nada. Fue un viaje extremo. El día que la vimos terminada, nos dimos por hechos. Más allá del BAFICI o de Cannes, yo aprendí mucho haciéndola, aprendí mucho de Iván, y eso no me lo quita nadie", expresa Loza. Ahora, todo está en manos de quien la ve, de quien decida detenerse en esos primeros planos de esas mujeres que se mueven en auto de lugar en lugar y que terminan en medio del lodo, borrando las diferencias, entremezclándose con los habitantes de un mundo crudo. Una bella metáfora de cómo la dupla de directores borró los límites entre realidad y ficción. Una bella imagen de Los labios, indudablemente destinada a perdurar.
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