Era otro cine argentino
Corría el año 1992, y la ley de cine no se había modificado: eso llegaría en 1995, un año después del peor de la historia del cine local. Incluso faltaba un año para que Tango feroz fuera un fenómeno inusual, una manera distinta de lograr un éxito. Este fue el top cinco de cine argentino, cuando las cifras de asistencia a las salas marcaban su mínimo histórico. La quinta, Extermineitors IV, con 173.297 espectadores. La cuarta: Al filo de la ley, de Desanzo con Ranni, con 183.699. La tercera, ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar? de Jusid, con 274.172. La segunda, Un lugar en el mundo de Aristarain, con 492.033. La primera, El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, con 577.624. Casi cuatro de cada 10 entradas vendidas para el cine argentino fueron para la película de Subiela con poemas de Benedetti, Gelman y Girondo. Uno de cada 25 del total de espectadores vio la película con Darío Grandinetti, Nacha Guevara y Sandra Ballesteros, a la que hizo famosa. Era un mercado menos masivo, en el que la decadencia de la taquilla generaba algunos fenómenos singulares. Subiela, en esos años, no era un director que tuviera muchas críticas en contra, y también le había ido muy bien con Hombre mirando al Sudeste. Y los temas y búsquedas de El lado oscuro fueron un fenómeno social: la cama pirañera, los "vuelos poéticos" y hasta recuperó a Oliverio Girondo. Un tipo de película-fenómeno que hoy en día sería impensable.
El 1992 argentino lo marcaron las películas de Subiela y de Aristarain, e incluso compitieron por la prenominación al Oscar. Las entidades eligieron la de Subiela y la de Aristarain fue enviada por Uruguay, que quedó nominada y luego descalificada, porque no fue considerada válida la coproducción esgrimida. Todavía no despuntaba el nuevo cine argentino. Algunos años después, ante las señales de renovación, con Agresti y Perrone (que ya venían de antes), Rejtman y las primeras Historias breves, la revista El Amante -que había puesto en tapa y a favor El lado oscuro-, hizo una portada comparativa y polémica: Historias breves como "lo nuevo" y No te mueras sin decirme a dónde vas de Subiela como "lo malo". Comenzaban otras relaciones de la crítica con Subiela y con el cine argentino.
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