Esa mínima inspiración

La diseñadora colecciona muñecas; y, obvio, les hace ropa
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22 de diciembre de 2007  

  • La biografía que publica la diseñadora Carolina Aubele en su página Web comienza así: "Nació en Buenos Aires, el 2 de octubre de 1971. Sus primeras clientas fueron las Barbies". Estas muñecas no sólo marcan sus inicios en la profesión que le ha deparado éxitos y premios, todavía cose ropita a escala. Organizó una vez un desfile con su colección de 20 novias Barbie en el Marriott Plaza. Aunque se las quisieron comprar, Aubele no las vendió y conserva esos elaborados diseños blancos y radiantes, que no superan los 40 centímetros de género, bien llevados por unas muñecas con peinados recogidos o con abultadas melenas rubias. Con extremo cuidado las saca de cajas individuales, donde duermen el sueño de los engalanados: una trae un vestido hippie chic, con mangas enormes y faja a la cintura. Otro modelo tiene detalles de pintura que imitan un bordado en el ruedo. Y Teresa, la Barbie latina, detalles dorados y algunas plumas.
  • Las Barbies tienen un papel específico en su taller: funcionan como maniquíes para las pruebas de diseños de su marca, que nació en 1998 y que se vende tanto en Europa como en Nueva York. "Las uso para cerrar ideas, probar efectos. Yo tengo un costado bastante elegante en lo que hago, pero tengo otro muy kitsch, que canalizo en las Barbies: raso, plástico, rosa chicle..." Sus amigos le hacen regalos alusivos, como el llavero de su casa, que es una cajita que guarda una Barbie de tres centímetros o la muñeca automovilista que aparece en la película Toy Story . Cuando viaja siempre vuelve con alguna nueva adquisición: la más valiosa que tiene es, sin duda, la Barbie Marilyn Monroe, de edición limitada para coleccionistas. Se trata de Lorelei, su personaje en Los caballeros las prefieren rubias , e integra la colección Leyendas de Hollywood.
  • "Vestir una mujer era más interesante que vestir una beba. Las mujeres jugamos con muñecos bebés que despiertan el instinto maternal y perfilan un tipo de mujer que cuida, cocina, enseña. Jugar con las Barbies es jugar a ser otro tipo de mujer...", desliza. De todas formas, para Aubele la Barbie es un icono de la irrealidad. "Siempre me encantó esa cosa de eterna sonrisa californiana, de mujer sin problemas. Como ocurre con los zapatos en El mago de Oz , que convierten el mundo en algo ideal. La moda tiene algo de eso, es la industria del somos jóvenes, ricos y cool . En un punto es una ironía." Barbie fue blanco de toda acusación de discriminación y abandonó su estereotipo. "Las de ahora tienen cuerpo de 14 años. Perdieron el glamour. No tienen más esa exageración, esas dimensiones distorsionadas. Pero no creo que sea la causa de la bulimia y la anorexia, dos enfermedades sociales y, sobre todo, familiares", defiende. Ahora Barbie se volvió multiétnica y se enroló en la diversidad cultural: blancas y negras, rubias, morenas o pelirrojas, y hasta salió una vez la Barbie en silla de ruedas. "Todas las formas de vincular la Barbie con la realidad, pero para mí es imposible."
  • Pero aún mira la ropa para Barbies: "En las ferias de artesanos venden cosas lindísimas, como vestidos tejidos en crochet. En mercados de pulgas de París compré ropa vintage de Barbie". Entre los libros de su biblioteca hay uno de la historia de la moda contada a través del look de la Barbie. Como objeto de culto, Barbie ha sido vestida en ediciones especiales por grandes diseñadores, como Chanel y Dior. Aubele hizo su camino, y a los 5 o 6 años consiguió acceder al costurero de la casa con una meta, vestir a su Barbie. A los 7 años logró sentarse frente a la máquina de coser. No hacía baberos para sus bebotes, sino faldas tubo, abrigos con estampado animal y vestidos de cóctel para sus muñecas. Todavía guarda la falda de denim nevado que usaba su Barbie en los años 80. "Les hacía ropa a las de mis amigas", recuerda. Usaba cualquier retazo. De los trapos de piso salían unos tapados abrigadísimos.
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