Escenas de una justa celebración

René Vargas Vera
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28 de octubre de 2017  

Academia Bach / Director: Mario Videla / Programa: Suite Burlesque y Cantata para el funeral de un canario artista, de Telemann; Cantata de Bach, BWV 199, "Mi corazón bañado en sangre", de Bach / Nuestra opinión: muy bueno

Sólo un gran amor por Bach fue capaz de impulsar estos encuentros fraternales de los sábados entre un maestro y su incondicional cofradía de melómanos. Todos ellos fueron, durante estos 35 años, una celebración del puro gozo espiritual, junto a la espontaneidad y el buen humor de su creador, el maestro Mario Videla. Fueron clases magistrales sobre épocas, estilos, significados y anécdotas, coronados por el canto comunitario de corales luteranos cultivados por Bach que, entonados entre todos, hicieron las delicias de iniciáticos y nuevos descubridores de belleza.

Varias instancias distinguieron a esta clausura de temporada: el vivo recuerdo del maestro sobre su crecimiento artístico aquí y en Europa con grandes asociaciones musicales (el Bach Collegium de Sttutgart); prestigiosos maestros (Karl Richter, Helmut Rilling, definitivo influjo para fundar otra misma Academia en nuestro país), y talentosos amigos argentinos (Héctor Zeoli, Adelma Gómez, Mónica Cosachov), sin mencionar con palabras, por suma delicadeza, la desvinculación de Festivales Musicales. Después, un insólito programa para un fin de ciclo anual. En especial, la ausencia de un coro.

Hubo dos curiosas obras del prolífico Georg Phillipp Telemann. La simpática Suite Burlesque sobre Don Quijote y Sancho Panza para cuerdas y bajo continuo; una sencillísima Cantata para el funeral de un canario artista (sic) para soprano, cuerdas y bajo continuo. Muy lejos queda el magnífico alegato del eminente Romain Rolland al comenzar el siglo XX, en favor del "ilustre olvidado" Teleman, ya que en la segunda mitad del siglo resucitó junto con Antonio Vivaldi, y fue el mimado de los músicos del Barroco alemán, amigo de Haendel.

En ambas de sus obras, se percibe un Telemann influido por la liviandad de Vivaldi. Y la tristísima Cantata de Bach, BWV 199, "Mi corazón bañado en sangre", para soprano, oboe, cuerdas y bajo continuo, descubierta en 1911, está impregnada de dolor y melancolía.Nada quita, en estas percepciones, a la excelencia musical del cuarteto de cuerdas presidido por Pablo Saraví, del oboe impecable de Andrés Spiller, la expresividad en la bella voz de la soprano Soledad de la Rosa y el sólido soporte del órgano del propio maestro Mario Videla.

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