
Ese movimiento de cadera
La compañía de baile brasileño ofrece este fin de semana su mezcla de danza contemporánea con ritmos populares
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Cabe barruntar que el público que asistirá al Teatro Colón este fin de semana será más heteróclito que de costumbre. Se anuncia un espectáculo de danza, con una compañía internacional, pero no se trata del New York City Ballet ni de la compañía estable del Kirov, de San Petersburgo. Dejando de lado expresiones académicas, el gran escenario del coliseo porteño albergará genuinas visiones de danza contemporánea: el Grupo Corpo, de Brasil, que, con obras recientes, aterrizará una vez más en Buenos Aires.
No es la primera vez, por cierto, que el Colón le hace lugar a un ballet no tradicional; baste recordar el paso por ese escenario de elencos de orientación actual -y de primer nivel, además- como las compañías de Alwyn Ailey, la de Martha Graham o el Nederlands Ballet de Jiri Kylian (sin obviar las experiencias de coreógrafos locales con el propio Ballet Estable del Colón: Oscar Araiz, Ana María Stekelman, Alejandro Cervera, Mauricio Wainrot y Carlos Trunsky). Pero el carácter cuanto menos infrecuente de esta programación reside en que el grupo visitante aporta a la danza actual la brisa de módulos afro-latinoamericanos, esto es, un arte con raíces, más que folklóricas, ancestrales. De ahí que estas presentaciones despierten una expectativa especial y tengan visos de celebración.
El Grupo Corpo, que viene de la ciudad de Bélo Horizonte, trae dos piezas de su repertorio, ambas del coreógrafo Rodrigo Pederneiras: "Parabelo" (1997) y "Benguelé" (1998).
Identidad brasileña
Los aficionados a la danza ya conocen al Grupo Corpo a través de sus anteriores presentaciones en Buenos Aires con dos obras que marcaron los inicios de su actividad: "Maria Maria", que vino en 1977, y "Ultimo tren", en 1981, ambas con coreografías del argentino Oscar Araiz y música de Milton Nascimento. El grupo regresó en 1987, al Teatro San Martín, con coreografías de Rodrigo Pederneiras. Que Araiz haya signado el debut de la compañía con la primera de las obras mencionadas, en 1975, entabla un vínculo especial de estos artistas con nuestro país. "Araiz es mi maestro", reconoce Rodrigo Pederneiras, el coreógrafo que firma casi todas las obras del repertorio del grupo y que ayer llegó a Buenos Aires liderando el ballet que fundó su hermano Paulo hace 28 años, en Bélo Horizonte. "En mi adolescencia fui integrante de su compañía, como bailarín, y a él le debo parte de mi inquietud y mi formación", asegura el artista brasileño, que, a los 48 años, vuelve a la Argentina ostentando el perfil de uno de los creadores de danza más representativos de su país.
Pequeño y jovial, Rodrigo Pederneiras evoca su primera composición coreográfica, "Cantares", de 1978, "una obrita montada en un teatro que fundamos por entonces -dice-. Inmediatamente después vino "Ultimo tren", la segunda de las piezas que Araiz hizo para nosotros. A partir de 1981 casi todas las obras fueron mías, menos una, "Mulheres", de la coreógrafa alemana Suzanne Linke. Constituíamos un equipo de gente muy afín: mi hermano Paulo, fundador e iluminador, Carmen Purri (coreógrafa asistente), mi hermana Myriam (repositora), Fernando Velloso, pintor prestigioso que hace las escenografías, y la vestuarista Freusa Zechmeister. Siempre trabajamos juntos".
Desde hace tiempo el grupo se empeña en la búsqueda de una identidad brasileña, ligada a una cultura nacional. Esta práctica, que se advierte en los empeños de otros equipos de América latina, generalmente apela a motivos o temas locales, sí, pero no se trasunta en los resultados del movimiento. Corpo, en cambio, apunta a lo esencial: "En los noventa -puntualiza Rodrigo- iniciamos una búsqueda que ya dura catorce años. Lo que estamos consiguiendo es profundamente brasileño, pero con lenguaje de danza contemporánea. Todos los bailes populares de Brasil, desde el Nordeste hacia abajo (menos la región del Sur), generan el movimiento en la cadera y la proyectan a las zonas inferiores; esto viene de lo afro y redunda en un resultado de mucha sensualidad".
Antes de esta "pesquisa", en 1985 Rodrigo había alcanzado la notoriedad con su obra "Preludios", sobre música de Chopin. "Esa obra tiene una base muy clásica -explica-. La idea era trabajar los 24 preludios de Chopin como una continuidad unificada. Después de que Araiz apeló a músicos populares de Brasil, yo me orienté hacia nuestros "clásicos", como Carlos Gomes y Heitor Villalobos. Después me proyecté a los clásicos universales, y ahí apareció Chopin, a quien siguieron Mozart y Strauss. Desde 1992 uso música especialmente compuesta para cada pieza coreográfica nueva; muchos de los autores son populares, como Arnaldo Antunes y Marco Antonio Guimar‰es. Hay uno solo que no es brasileño: Philip Glass, que compuso la base de "Siete u ocho piezas para un ballet"."
"Parabelo", de 1997, abrirá el programa que Corpo trae al Colón. Es una pieza que Rodrigo concibió con materiales del Nordeste, tales como el fuerte componente religioso de la región. "Pero lo religioso no es lo único -aclara el coreógrafo-. Es el ballet más regional que compuse, el que más refiere el sertâo , zona muy pobre, seca, con gente que lleva una vida muy difícil, pero tienen un arte rico y unas ganas enormes. Bailan de modo sensual, como si fueran muy felices."
La otra obra que veremos es "Benguelé" (1998). Aquí Rodrigo hace ingresar algunas de las influencias más fuertes que recibió la cultura de su país a través de la inmigración. "Brasil es una gran mezcla -sentencia el coreógrafo-. Y en esta obra intento una caminata para ver cómo y de dónde vinieron esas influencias: la portuguesa, la árabe y la africana, que es la más fuerte." La música sustenta esa amalgama cultural: "Debussy se relaciona aquí con los ritmos árabes, y también hay algo de Pixinguihna y cosas de Africa. Fue un desafío y por eso le tenemos un cariño especial".
Al contrario de lo que ocurre en Europa, el Estado no aporta subsidios para sostener con continuidad una creatividad como la que despliega el Grupo Corpo. Reciben, en cambio, aportes de auspiciantes privados; ahora es Petrobras y antes fue la Shell. "Sin esa contribución sería imposible continuar con esta búsqueda, que ya lleva 28 años -informa Rodrigo-. Hacemos un promedio de 80 espectáculos por año: 30 en Brasil y el resto en giras por Estados Unidos y Europa. El Estado no contribuye con fondos específicos -agrega-, pero indirectamente ayuda, porque a las empresas patrocinantes las exime de impuestos."
Acerca de las dos actuaciones en Buenos Aires, los integrantes de Corpo se han forjado grandes expectativas, y especialmente Rodrigo Pederneiras, en virtud de sus orígenes como artista: "Esta ciudad es algo muy especial para mí -confiesa-. Cuando yo comencé a bailar, en Brasil no había nada en materia de danza contemporánea. Y fueron muy importantes los aportes de Bettina Bellomo, que bailaba con Araiz, el propio Oscar y Freddy Romero. Mi primer trabajo profesional fue aquí, en el teatro Odeón, en la compañía de Araiz, en 1974, cuando yo tenía 17 años. Ahora vamos a actuar en el Teatro Colón (¡el Colón!), y esto nos ilusiona".
visos de celebración. El Grupo Corpo, que viene de la ciudad de Bélo Horizonte, trae dos piezas de su repertorio, ambas del coreógrafo Rodrigo Pederneiras: "Parabelo" (1997) y "Benguelé" (1998).
Identidad brasileña
Los aficionados a la danza ya conocen al Grupo Corpo a través de sus anteriores presentaciones en Buenos Aires con dos obras que marcaron los inicios de su actividad: "Maria Maria", que vino en 1977, y "Último tren", en 1981, ambas con coreografías del argentino Oscar Araiz y música de Milton Nascimento. El grupo regresó en 1987, al Teatro San Martín, con coreografías de Rodrigo Pederneiras. Que Araiz haya signado el debut de la compañía con la primera de las obras mencionadas, en 1975, entabla un vínculo especial de estos artistas con nuestro país. "Araiz es mi maestro", reconoce Rodrigo Pederneiras, el coreógrafo que firma casi todas las obras del repertorio del grupo y que ayer llegó a Buenos Aires liderando el Ballet que fundó su hermano Paulo hace 28 años, en Bélo Horizonte. "En mi adolescencia fui integrante de su compañía, como bailarín, y a él le debo parte de mi inquietud y mi formación", asegura el artista brasileño quien, a los 48 años, vuelve a la Argentina ostentando el perfil de uno de los creadores de danza más representativos de su país.
Pequeño y jovial, Rodrigo Pederneiras evoca su primera composición coreográfica, "Cantares", de 1978, "una obrita montada en un teatro que fundamos por entonces -dice-. Inmediatamente después vino "Último tren`, la segunda de las piezas que Araiz hizo para nosotros. A partir de 1981 casi todas las obras fueron mías, menos una, "Mulheres`, de la coreógrafa alemana Suzanne Linke. Constituíamos un equipo de gente muy afín: mi hermano Paulo, fundador e iluminador, Carmen Purri (coreógrafa asistente), mi hermana Myriam (repositora), Fernando Velloso, pintor prestigioso que hace las escenografías, y la vestuarista Freusa Zechmeister. Siempre trabajamos juntos".
Desde hace tiempo, el grupo se empeña en la búsqueda de una identidad brasileña, ligada a una cultura nacional. Esta práctica, que se advierte en los empeños de otros equipos de Latinoamérica, generalmente apela a motivos o temas locales, sí, pero no se trasunta en los resultados del movimiento. Corpo, en cambio, apunta a lo esencial: "En los noventa -puntualiza Rodrigo- iniciamos una búsqueda que ya dura catorce años. Lo que estamos consiguiendo es profundamente brasileño pero con lenguaje de danza contemporánea. Todos los bailes populares de Brasil, desde el nordeste hacia abajo (menos la región del sur), generan el movimiento en la cadera y la proyectan a las zonas inferiores; esto viene de lo afro y redunda en un resultado de mucha sensualidad."
Antes de esta "pesquisa", en 1985 Rodrigo había alcanzado la notoriedad con su obra "Preludios", sobre música de Chopin. "Esa obra tiene una base muy clásica -explica-. La idea era trabajar los 24 Preludios de Chopin como una continuidad unificada. Después que Araiz apeló a músicos populares de Brasil, yo me orienté hacia nuestros "clásicos`, como Carlos Gomes y Heitor Villalobos. Después me proyecté a los clásicos universales, y ahí apareció Chopin, a quien siguieron Mozart y Strauss. Desde 1992 uso música especialmente compuesta para cada pieza coreográfica nueva; muchos de los autores son populares, como Arnaldo Antunes y Marco Antonio Guimarâes. Hay uno solo que no es brasileño: Philip Glass, que compuso la base de "Siete u ocho piezas para un ballet`."
Las que veremos
"Parabelo", de 1997, abrirá el programa que Corpo trae al Colón. Es una pieza que Rodrigo concibió con materiales del nordeste, tales como el fuerte componente religioso de la región. "Pero lo religioso no es lo único -aclara el coreógrafo-. Es el ballet más regional que compuse, el que más refiere el sertâo , zona muy pobre, seca, con gente que lleva una vida muy difícil, pero tienen un arte rico y unas ganas enormes. Bailan de modo sensual, como si fueran muy felices. Esto es increíble y nos interesa mucho. Y al escenario trasladamos, también, elementos religiosos, ex votos, peregrinaciones con las que la gente va a agradecer."
La otra obra que veremos es "Benguelé" (1998). Aquí Rodrigo hace ingresar algunas de las influencias más fuertes que recibió la cultura de su país a través de la inmigración. "Brasil es una gran mezcla -sentencia el coreógrafo-. Y en esta obra intento una caminata para ver cómo y de dónde vinieron esas influencias: la portuguesa, la árabe y la africana, que es la más fuerte." La música sustenta esa amalgama cultural: "Debussy se relaciona aquí con los ritmos árabes, y también hay algo de Pixinguihna y cosas de África. Fue un desafío y por eso le tenemos un cariño especial".
Al contrario de lo que ocurre en Europa, el Estado no aporta subsidios para sostener con continuidad una creatividad como la que despliega el Grupo Corpo. Reciben, en cambio, aportes de sponsors privados; ahora es Petrobras y antes fue la Shell. "Sin esa contribución sería imposible continuar con esta búsqueda que ya lleva 28 años -informa Rodrigo-. Hacemos un promedio de 80 espectáculos por año: 30 en Brasil y el resto en giras por Estados Unidos y Europa. El Estado no contribuye con fondos específicos -agrega-, pero indirectamente ayuda, porque a las empresas patrocinantes las exime de impuestos cuando aportan fondos a la creación."
Acerca de las dos presentaciones en Buenos Aires, los integrantes de Corpo se han forjado grandes expectativas, y especialmente Rodrigo Pederneiras, en virtud de sus orígenes como artista: "Esta ciudad es algo muy especial para mí -confiesa-. Cuando yo comencé a bailar, en Brasil no había nada en materia de danza contemporánea. Y fueron muy importantes los aportes de Bettina Bellomo, que bailaba con Araiz, el propio Oscar y Freddy Romero. Mi primer trabajo profesional fue aquí, en el teatro Odeón, en la compañía de Araiz, en 1974, cuando yo tenía 17 años. Ahora vamos a actuar en el Teatro Colón (¡el Colón!) y esto nos genera expectativa y nos ilusiona".
- Pederneiras
"Todos los bailes populares de Brasil, desde el Nordeste para abajo, generan el movimiento en la cadera y la proyectan a las zonas inferiores; esto viene de lo afro y redunda en un resultado de mucha sensualidad"






