
El theremin, misterioso instrumento intangible, llega a los escenarios y al celuloide en la Argentina 2004.
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Fue el primer instrumento electrónico de la historia, una especie de tío abuelo del Moog. Lo inventó en 1919 un físico ruso que terminó enclaustrado en Siberia trabajando para la kgb. Le inyectó suspenso a cuanta película de mostros del espacio con traje de goma se filmó en los 50. De la mano de los Beach Boys se metió en el rock. Hoy se lo ve y se lo escucha en films y recitales argentinos. Hablamos del theremin, el etéreo instrumento que se toca sin tocarlo.
El invento del profesor León Theremin consiste en algo tan simple y tan imposible como una caja generadora de ondas electromagnéticas con una antena vertical y otra horizontal. Si el ejecutante acerca su mano a la vertical, el sonido se hace más agudo; si la aproxima a la horizontal, el volumen se reduce. Hombre y máquina jamás entran en contacto, por lo que el thereminista en acción parece un director de orquesta en pleno viaje místico.
En un principio se usaba casi exclusivamente en la música clásica, hasta que Hitchcock lo rescató para el score de Cuéntame tu vida (1945). De ahí saltó a la ciencia ficción barata: su sonido cósmico venía como anillo al dedo para ambientar imágenes de enanitos verdes invadiendo la Tierra (chequear It Came From Outer Space, Jack Arnold, 1953).
La primera intervención de un theremin en una canción de rock se debe a la enfermiza genialidad de Brian Wilson, que lo usó en los arreglos de "Good Vibrations" en 1966. Después Led Zeppelin se lo presentó al público en la galáctica versión de "Whole Lotta Love" registrada en The Song Remains the Same. De ahí en más, varios –desde Captain Beefheart hasta La Oreja de Van Gogh, pasando por Jon Spencer Blues Explosion y Rita Lee– se le animaron (thereminworld.com cuenta 570 bandas que lo usaron), aunque pocos supieron sacarle gran provecho.
En la Argentina, su papel más famoso fue en "¡Viva Satana!" de Babasónicos, puro rock Clase B. También se lo escuchó en algún concierto de Panza. Y poco más, hasta que en 2004 se volvió multimediático.
Este año debutó en el cine nacional en La niña santa, de Lucrecia Martel, donde se luce enrareciendo la atmósfera en varias escenas. En lo musical, el Sexteto Irreal de Axel Krygier, Christian Basso y compañía lo cuenta entre sus instrumentos estables. Niña y sexteto tienen algo en común: las manos zigzagueantes de Manuel Schaller.
"Para la película, no queríamos que fuera simplemente una rareza, sino que manejara el clima de las escenas. Con un efecto obtenés cierta expresividad, pero con una melodía podés lograr muchas cosas y muy interesantes", explica Manuel, a quien se lo puede ver en el film ejecutando personalmente el aparatejo. "Al Sexteto, lo que le aporta es la ductilidad de poder deformarlo y usar diferentes timbres, y sobre todo el hecho de que simplemente con dos parámetros –volumen y pitch– puedas desplegar cosas concretas que tienen la misma expresión que un violín, un trombón o una voz. Hay que usar toda la artillería posible y, cuanto más amplia sea, más rico será lo que vas a escuchar", concluye.





