
Espectacularidad visual
Por Señor Tango han pasado desde Bill Clinton hasta Sting
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"En la escuela nunca fui abanderado, pero tampoco un mediocre. Siempre trabajé para hacer cosas diferentes porque me entusiasma el trabajo." La frase es del cantante Fernando Soler, que el próximo jueves estrenará un nuevo espectáculo en Señor Tango, el local que fundó hace cinco años en el barrio de Barracas.
Soler tiene una doble vocación que parece una cuestión hereditaria o, según sus propias palabras, de genética. "Estudié en una escuela técnica. De chiquito soñaba con ser carpintero, pero salí cantor", recuerda. Sin embargo, quien visite su local se dará cuenta de que todavía queda algo de ese sueño de carpintero.
Hace cinco años Señor Tango era un galpón abandonado que apenas conservaba el recuerdo de un viejo almacén. En 1994 el cantante comenzó las reformas y dos años después abrió sus puertas al público. "Tal vez soy un carpintero que, en vez de encontrarse en el bosque, llegó al asfalto, al cemento y al hierro y se adaptó para poder sobrevivir. Recordé que en el secundario estudié soldadura, herrería, fundición... Qué misterio es esto de que aparezcan imágenes de infancia que uno no había tenido en cuenta", admite.
El oficio de cantor fue motivado mucho antes, en su pueblo natal, Pigüé. A los 5, en la peluquería de mamá, las clientas le pedían que cantara, y él cantaba los temas que escuchaba de su padre. "De chiquito comencé a querer a Gardel. Creo que soy un inculto en cuanto al tango. Especialmente cuando me siento a charlar con gente que sabe mucho, pero me siento feliz con lo que hago."
Después de haberse presentado en distintos concursos y festivales llegó a Buenos Aires con 18 años y su nombre verdadero, Carlos Taccari. Pronto debutó en la orquesta de Héctor Varela. "Era un provinciano descubriendo una ciudad donde todo aparecía de sorpresa. Varela me tuvo mucha paciencia y fue uno de mis maestros", confiesa.
Desde entonces cantó con varias orquestas, grabó cuatro discos como solista y produjo espectáculos que lo llevaron por diversos países (Japón, Holanda, España, Chile y Brasil, entre otros) hasta instalarse en el enorme y elegante boliche que montó en Barracas.
"Señor Tango es el cierre de mis cosas, aunque, en realidad, no lo pienso como un cierre", asegura a los 43 años este cantor que está agradecido por la repercusión de su trabajo, que es sumamente cuidadoso hasta de los mínimos detalles de los shows, y que tiene una mirada positiva de la vida. Dice que siempre tiene un rezo para el presidente De la Rúa, y que admira a Menem. En su oficina hay una foto del ex presidente (con una extensa dedicatoria) entre una nutrida vidriera de personalidades que visitaron el local: desde Bill Clinton, Liza Minelli y Vittorio Gassman, hasta Sting y Pelé.
La idea de servicio parece una de las claves de su trabajo: "Todos aspiran a ser grandes empresarios, pero muchos se olvidan de una herramienta principal que es el servicio. Se olvidan de decir: "Señor: estoy a sus órdenes".
-¿Y qué es lo que ofrece a ese público extranjero que llena cada noche la sala de Señor Tango?
-Primero, nuestro origen: el gaucho y su acercamiento al Río de la Plata. Y luego un repertorio que abarca desde Arolas hasta Piazzolla. Porque hay gente que todavía tiende a negar al tango. Y no es por defenderlo, pero creo que debemos rendirle homenaje a compositores y poetas, a tipos que han hecho escuela. La idea es hacer una evocación de diferentes etapas. Pero aunque vengan muchos turistas esto es una casa para argentinos. Lo hice para nosotros. Estuve cantando en muchos lugares donde el sonido era deplorable y había tres luces de colores. Desde entonces comencé a buscar una manera de cuidar la estética del tango.
-Y darle nuevos elementos...
-Intento aportar algo nuevo. Una motivación para esa persona que paga una entrada y viene a escuchar tanguitos clásicos. En Señor Tango comienzo por cuidar la casa, ese cambalache kitsch que surgió de un galpón.
En cuanto al programa artístico, Soler tiene preparado un nuevo espectáculo, del que ya adelantó algunos actos durante el último mes. Este show comienza con un número gauchesco y repasa los hitos del repertorio tradicional con cantantes, bailarines, la orquesta de Ernesto Franco y del Septeto Juventango. Con algunas licencias estéticas, también propone diferentes versiones de "Cambalache" y un "Libertango", que se remonta a la época del canto gregoriano, entre otras audacias a las que se atreve Soler, cantante y director general del espectáculo. Todo esto se verá sobre el escenario desde el próximo jueves.
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