
Esperando a las ondinas de Wagner
Apenas unas horas nos separan de la anunciada reposición en el Colón de "El ocaso de los dioses", lo que significa que ha llegado el momento de completar "El anillo del Nibelungo", iniciado en la temporada del ´95. Con ello, volverán a nuestro escenario las hijas del Rin, las tres ondinas custodias del oro, que abren (en el Prólogo) y cierran (con "Ocaso..."), la monumental saga wagneriana, y cuya femenina voluptuosidad superó la sensualidad de poder y de riqueza de hombres y dioses. Quizá fue Giraudoux quien logró plasmar para el teatro la más espirituosa parábola de la mujer-fantasía encarnada en la figura de Ondina, como contraposición a Berta, la mujer de carnadura humana. Ambas representan la quimérica aspiración del hombre de unir el cielo con la tierra en una sola imagen. Caprichosas, libérrimas, seductoras en sus juegos eternos con las aguas que fluyen, sin edad y más allá del tiempo, han hechizado tanto a poetas como a compositores.
En realidad las ondinas comparten ese honor con las náyades, hijas de Zeus, según Homero, que aparecen también como ninfas de torrentes, manantiales, fuentes y ríos. Las sirenas, en cambio, tienen una acepción menos dulce. Es nuevamente el autor de "La Odisea" (Cap. XII) quien las presenta como genios malignos de los mares tenebrosos, que, atrayendo a los navegantes con su canto, les provocan la muerte. Es otra imagen de mujer, la que destruye. Y la música ha hecho de ellas -ondinas, náyades y sirenas- uno de sus temas dilectos.
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En el temprano XIX dos músicos compusieron sendas óperas dedicadas a nuestras amigas de lagos y ríos, basándose ambos en el cuento de La Motte-Fouqué. Es la "Undine", de Hoffmann, quien la envolvió con la mística espiritualidad del romanticismo temprano (1816), y la de Albert Lortzing (1845), que al introducirle un humorismo ingenuo típicamente germano la convierte en reflejo fiel del estilo "Biedermeier". Diez años después, en 1855, Alexandre Dargomijski, uno de los padres de la ópera rusa, compone "La Rusalka" (La ondina), basada en la pieza de Pushkin.
De 1899 son los tres Nocturnos para orquesta de Debussy, el último de los cuales incluye coro de voces femeninas vocalizadas, para trazar una escena sonora genial, de irresistible magnetismo, en la que el compositor busca traducir la inmensa fuerza de atracción fatal de las sirenas. Debussy vuelve al tema en "Le tombeau des Na•ades" y en uno de los Preludios para piano. También Ravel les dedica su genio e ingenio en la primera de las tres piezas para piano de "Gaspard de la nuit" (1908), mientras en la ópera retornan las ondinas con la "Rusalka", de Dvorak (1900), quien para entonces ya les había dedicado un poema sinfónico.
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Avanzado nuestro siglo, en 1982, Daniel-Lesur estrena en el parisiense teatro de los Campos Elíseos su ópera "Ondine", en la que, basándose en Giraudoux, enfrenta los problemas de la condición humana. Porque ondinas y sirenas no son sino formas ideales de la humanidad, más allá de manifestaciones estrechas y triviales. Misteriosa relación del que atrae y es atraído: cuántas mujeres, deliciosas ondinas o perversas sirenas, han torcido el curso de la Historia. Todo esto se me ocurrió en momentos en que -wagneriana acérrima- aguardo a que el oro maldito retorne a las profundidades del Rin. Siempre que Franz-Paul Decker, Hildegard Behrens, Paul Frey, Roberto Oswald, ondinas y ¡dioses protectores del Colón! lo permitan.
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