
Un nuevo film, con Ewan McGregor y Jonathan Rhys Meyers, revive los dias decadentes de Bowie, Iggy y el glam rock.
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Todd haynes admite que el tiempo que pasó en esa época le quedó corto. Sin embargo, recuerda a las adolescentes las chicas precoces y fogosas del glam rock con quienes fue al colegio en el sur de California a comienzos de la década de los 70.
"Eran las chicas que fumaban, las chicas duras", relata con dudosa admiración. "Se pintaban los labios y las uñas de rojo furioso, usaban bijouterie, zapatos de taco alto y pulseritas en los tobillos. Hablaban de Iggys y de Ziggys; bi esto, bi aquello: «Bowie es bi, Elton es bi.» Y yo me preguntaba: «¿De qué mierda hablan?»"
Haynes, de 37 años, es un muy reconocido realizador de cine experimental; fue director y guionista de Poison (1991) y Safe (1995), dos provocativas películas independientes. En su relato, Haynes recuerda haberse sentido sorprendido, atemorizado e incluso algo espantado ante las imágenes de las tapas de los discos durante los días de apogeo del glitter. ¿Sus estrellas? "Esas máscaras escandalosas" de futuristas eróticos con los labios en trompa, como David Bowie, Iggy Pop, Marc Bolan (de T. Rex) y Bryan Ferry (de Roxy Music).
Haynes dice que el retrato de Bowie que ilustra la tapa de Aladdin Sane, de 1973 –un alien medio derretido, pintado al pastel– "en esa época fue demasiado inquietante para mí". Recuerda: "Era demasiado amenazante pero, a la vez, fascinante. No podías dejar de mirarlo".
"La sexualidad y la androginia eran algo de otro mundo", cuenta Haynes, con los ojos aún muy abiertos ante el recuerdo. "Consiguieron que todos los rótulos y etiquetas se mezclaran hasta volverse un completo caos, y lo hicieron de un modo brillante." Haynes intentó expresarle estos sentimientos a Bowie en una carta que le escribió hace más o menos dos años. Fue otro de sus intentos para conseguir, por un lado, que el cantante inglés apadrinara su película-homenaje al glitter: Velvet Goldmine (título de uno de los mejores lados B de Bowie, del período Ziggy Stardust); y, por el otro, para pedirle autorización para incluir en la banda sonora del film seis de sus temas. Luego de someterlo a una espera acuciante, Bowie rechazó amablemente ambos pedidos: adujo que tenía planeado realizar su propia película sobre ese período. Eso fue lo mejor que le pudo haber pasado a Haynes. Liberado de contar una historia de rock en particular –asociada a las canciones de Bowie–, siguió adelante con un film acerca del espíritu de toda aquella época, desde 1972 hasta 1974, y en cuyo retrato aparecen la ola de guitarristas pop, la adolescencia incontenible y la elegante anarquía que significó el glitter (o glam, como lo llamaron los ingleses).
Escrito y dirigido por Haynes, con Jonathan Rhys Meyers y Ewan McGregor como protagonistas, y potencializado por una explosiva banda de sonido, Velvet Goldmine es el film de imágenes más suntuosas y de sexo más vívido que se haya realizado jamás sobre el rock & roll. Tal vez sea, también, el más honesto, precisamente por esa mezcla en la que se confunden la realidad y la ficción "que ellos –dice Haynes refiriéndose a Bowie, Bolan y el resto– hicieron mejor que nadie".
Velvet Goldmine (Haynes no necesitó del permiso de Bowie para usar el título de la canción) está basada en una especie de biografía apócrifa con innumerables alusiones a la realidad. Rhys Meyers interpreta a Brian Slade, un andrógino de facciones aniñadas que (tal como lo hizo Bowie en 1972), mediante un proceso fríamente calculado, se convierte en un dios del pop abiertamente bisexual de la Era del Espacio. McGregor, por su parte, despliega la misma combinación habilidosa que exhibió en Trainspotting –una mezcla de delicadeza emocional y energía física– en el papel de Curt Wild, un cantante punk al estilo Iggy Pop, que es un tiro al aire y que queda pegado a la órbita glamorosa de Slade (tal como Iggy, en 1972 y 1973, fue la bestia felina, cama adentro, de Bowie).
El resto del elenco hace referencia a otros arquetipos de la época. Toni Collette juega con los acentos de los británicos de clase alta y de los insípidos yanquis en el papel de Slade (obviamente, inspirada en Angela Bowie); Eddie Izzard lleva a cabo un soberbio trabajo interpretando a Jerry Devine, el manager de Slade, con su cigarro entre los dientes y un estilo rudo a lo Tony Fries.
En la banda de sonido, los Grant Lee Buffalo (chicos de los 90) y los Shudder to Think tocan versiones originales de los éxitos del glam con fina precisión, mientras que Placebo, Teenage Fan Club y algunos integrantes de Radiohead y de Sonic Youth les dan un nuevo toque a "TV Eye", de los Stooges; "20th Century Boy", de T. Rex, y "2 HB", la conmovedora balada de Roxy Music.
Haynes se caga olímpicamente en los hechos documentados, con el fin de destacar el subtexto esencial: la incidencia del glam en el arte y en la definición de la identidad sexual. No bien comienza la película, el director sugiere que Oscar Wilde, el dandy victoriano, fue el verdadero padre del glitter (y un extraterrestre de nacimiento). Tomando prestado el coqueteo de Bowie con la idea del suicidio del rock & roll y utilizando un modelo narrativo propio de El ciudadano, el clásico de Orson Welles, Haynes cuenta la historia de la caída libre de Slade desde la cima. La ausencia de canciones de Bowie –Haynes había querido usar en su película "Lady Stardust" y "All the Young Dudes", entre otras– le permite al director celebrar los mucho más vastos preceptos del glam rock: "Baby’s on Fire", de Brian Eno; "Diamond Meadows", de T. Rex, o "Sebastian", la sensual balada de Cockney Rebel.
Velvet Goldmine es, también, una historia de amor. Haynes lleva la bisexualidad del glam hacia lo más profundo de las emociones, con un romance de explícita entrega entre Slade y Wild. Una de las escenas más convincentes de la película es un primer plano de un largo beso entre ambos hombres, filmado bajo una luz áspera y un silencio inquietante. También hay indicios de una relación ambigua entre Wild y Arthur Stuart, un fan impresionable al que Christian Bale interpreta con destreza, imprimiéndole una mezcla de nervios y admiración. Mediante una esmeralda –que pasa de Slade a Wild y de éste a Stuart–, Haynes delinea el magnetismo sensual que definió al glam (entre la estrella y su público, y entre las propias estrellas).
"Es estupendo ver en una película a dos tipos que viven una relación y que luego se separan", comenta McGregor, quien describió a Rhys Meyers como un "franelero divino". "Dentro de toda esa locura, son lo suficientemente normales como para tener relaciones que se van a la mierda."
Rhys Meyers cuenta que la escena del beso fue rápida y que se filmó en dos tomas; otra escena de amor, que parece transcurrir en una playa con bruma, se filmó en Super-8, en una habitación blanca con un poco de arena en el piso. Cuando el actor vio por fin la película –Velvet Goldmine se presentó durante el último Festival de Cannes– quedó impactado por la ternura y la riqueza con que Haynes había llevado adelante el juego amoroso entre Slade y Wild. "Me voló la cabeza", dice Meyers, entusiasmado.
Michael Stipe, de R.E.M., uno de los productores ejecutivos de la película, quedó impresionado cuando –en una de las tantas reuniones para obtener mayor presupuesto– alguien sugirió que Velvet Goldmine era "una película de gays". Stipe sostiene que se trata de "una fantasía sobre la fantasía", acerca de cómo "uno puede crear y recrear su propia identidad, día tras día, tan extravagantemente como se le dé la gana".
Haynes está de acuerdo. "Trataba de demostrar de qué modo el glam rock había funcionado como una forma, un estilo", comenta mientras toma un café helado en un bar, cerca de su oficina del bajo Manhattan. "El desafío era lograr lo que me parece sorprendente en Bowie y, especialmente, en Roxy Music: la combinación de un humor lleno de ironía –llevado al límite de la superficialidad pero también altamente emotivo– con una música por momentos bellamente cautivante y, por momentos, tremendamente dura. ¿Cómo hicieron para transitar por esa línea tan delicada? La mayor parte del rock & roll se define por su autenticidad, por su habilidad para sacar los maquillajes e ir más allá de la superficie. Pero, por lo contrario, estos artistas podían ubicar lo artificial en primer plano y fortalecerlo. Ese es el truco que, con esfuerzo, traté de conseguir en el film."
luego de finalizar el rodaje de poison –su debut en el largometraje, inspirado en los escritos de Jean Genet–, Haynes estaba en Hawaii con James Lyons (su editor y, por aquel entonces, su novio). Comentaban una idea de Lyons para una película en tres partes sobre la masculinidad: cómo se manifiesta la homosexualidad en las diferentes líneas de pensamiento de los militares, de la Iglesia y del glam rock.
Mientras Haynes y Lyons trabajaban en el film Safe (protagonizado por Julianne Moore, en el papel de una ama de casa que se vuelve alérgica a la vida del siglo xx), y en el corto Dotty Gets Spanked (un extraño y dulce saludo a Lucille Ball), desarrollaron una historia del glam rock cuyo guión terminó siendo escrito únicamente por Haynes.
Gran parte de su investigación consistió en escuchar discos y releer los ejemplares viejos de las revistas británicas Melody Maker y New Musical Express. En el guión, Haynes equilibró las partes de ficción con los aspectos históricos. Para el pasado de Wild, tomó elementos de la vida de Iggy (criado en un campamento para casas rodantes en Michigan) y de Lou Reed (sometido por la fuerza a una terapia de electroshock cuando era un adolescente). Hay una secuencia en la que se representa una espectacular conferencia de prensa en la que Slade responde a las preguntas con aforismos de Oscar Wilde; la escena está basada en un escandaloso banquete que los managers de Bowie organizaron para los críticos de los Estados Unidos en el verano de 1972.
Las aspiraciones de Haynes para Velvet Goldmine excedieron sus recursos: la película requirió un presupuesto de 7 millones de dólares y nueve semanas de filmación en Londres. Según [el supervisor musical] Randy Poster, menos del diez por ciento de ese presupuesto se destinó a la música: treinta y tres canciones, diecisiete de ellas compuestas o grabadas especialmente para el proyecto. Paul Kimble, ex bajista de Grant Lee Buffalo, produjo la música de Venus in Furs, la banda que hizo las veces de los Spiders From Mars y que contó con el cantante Thom Yorke y el guitarrista Jon Greenwood (de Radiohead), Bernard Butler (ex guitarrista de Suede) y Andy Mackay (saxofonista de Roxy Music).
Las elecciones de Haynes para el elenco fueron oportunas e inteligentes. Velvet Goldmine atrajo la atención de Rhys Meyers luego de una desilusión; acababa de recibir el guión de Boogie Nights y al mismo tiempo se enteró de que Mark Wahlberg ya se había adueñado del protagónico masculino.
Oriundo del país de Cork, Irlanda, e hijo de un músico de folk tradicional, Rhys Meyers nació en 1977, tres años después de que el glam se convirtiera en un éxito. En 1972, cuando se editó el álbum Ziggy Stardust, de Bowie, McGregor tenía sólo un año y vivía en una pequeña ciudad escocesa. Sin embargo, ambos actores se metieron en sus personajes con mucha garra.
Por un lado, ellos mismos cantaron en casi todas las escenas de recitales en vivo. Rhys Meyers incluso le grabó un demo a Haynes antes de la producción, para demostrarle que podía hacer el trabajo. McGregor prestó atención a los videos de los recitales de Iggy: en especial a una gira de 1992 (Kiss My Blood) y a lo que se había filmado, entre surfers y drogones, en el Festival Pop de Cincinnati de 1970. "Sin embargo", dijo, "la única manera de lograr lo que hice [en escena] fue tirándome a la pileta, ensayando y viendo qué salía". McGregor, además, aprendió los pasos de Iggy con la coreógrafa Lea Anderson, quien creó una rutina de baile basada en los movimientos físicos de los Stooges.
McGregor y Haynes aseguran que cualquier similitud entre el personaje de Curt Wild y Kurt Cobain se debe al hecho azaroso de que la fisonomía de McGregor es increíblemente parecida a la del ex Nirvana y, encima, en la película lleva el pelo largo y rubio. Para la voz de Wild, McGregor adoptó un tono grave y nasal que consiguió escuchando a Robbie Robertson en The Last Waltz. Haynes le puso al personaje el nombre de Curt Wild por Curt Davis, un amigo de James Lyons que había muerto de sida. David era "un punk con una mente brillante", comenta Haynes. "Creo que firmó al gunos de sus trabajos con el nombre de Curt Wild, así que lo usamos por una cuestión afectiva."
El problema de Rhys Meyers fue cómo hacer para interpretar a un personaje parecido a Bowie sin basarse demasiado en el Bowie real. "Además", comenta, "David Bowie, a su vez, es un personaje tremendo que fue inventado por David Jones (N. de la R.: el verdadero nombre de Bowie). Así que era como decir: «¿A quién se supone que tengo que interpretar?»". Rhys Meyers se concentró en convertirse en una estrella de rock creíble a punto tal que, durante el rodaje, se alquiló un departamento, se compró una guitarra y un amplificador, y trató de componer su propia música: "Me había instalado ahí, invitaba gente a mi departamento; lo cierto es que no salía a menos que fuera necesario. Quería sentirme una estrella de rock de verdad: ¿la gente compraría entradas para verme en un recital?"
En última instancia, Velvet Goldmine es la visión personal del director Todd Haynes acerca del glam; lo que podría haber visto si hubiera vivido, en ese momento, lo que hoy ve como su legado. Señaló que el guión tenía un primer final totalmente diferente: dos trabajadores de puerto londinenses se daban un beso apasionado. Mientras la cámara se alejaba, se los podía ver en una casa flotante. Finalmente, se separaban para volver al trabajo. Pero Haynes descartó esta escena –una crítica indirecta a los clisés de los machos gays– porque le restaba fuerza a la relación entre Slade y Wild.
"Lo que más me interesaba respecto de la sexualidad en los comienzos de los 70, y especialmente en Inglaterra", explica Haynes, "era que ni siquiera era gay. Se trataba de la atracción entre opuestos; hombres y mujeres, gays y no gays. Es mucho más fácil aceptar categorías: «Esa persona gay está allí haciendo lo suyo, bien lejos de mí»". Y, con una sonrisa radiante y perturbadora, agrega: "Pero la bisexualidad nos implica a todos."




