
Extras: el oficio de la espera
En un medio inestable, muchos toman este trabajo como salida al desempleo
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Alejandra Elicegui espera en este salón del Sindicato Unico de Trabajadores del Espectáculo Público y Afines de la República Argentina (Sutep), donde funciona una bolsa de trabajo. La mujer -rubia, jean entallado, botas y 51 años que no esconde, pero sabe maquillar- se mezcla entre las más de 30 personas que repiten una y otra vez el ritual: aguardar que alguien anuncie que hay un trabajo, una pequeña participación en un programa de TV, en una película o en una publicidad. En definitiva, eso hacen los que ahora están aquí: los extras.
Hace 10 años que Elicegui se las rebusca en este oficio. Un mal día se quedó sin nada, sin esa vida de "reina" a la que estaba acostumbrada como esposa y madre de tres hijos. Se divorció y tuvo que salir a trabajar. No tuvo muchas opciones. Se valió de su historia como modelo cuando era joven y recaló en esto de ser extra.
Y en este lugar de la calle Triunvirato al 3000, espera. Hace dos meses que no la convocan para ir a un set. Hernán Ares, el encargado de la bolsa, calcula que en 2011 hubo 10.000 participaciones menos en comparación con 2010.
Los extras que esperan en el lugar están acostumbrados a los vaivenes del oficio. En un mes se puede trabajar regularmente pero en otro hay que ponerle el pecho a la tormenta. Uno de los indicadores de esta situación son los salarios, que, de acuerdo con las personas consultadas aquí, pueden ir de los 1000 a los 1700 pesos por mes. Está estipulado que cada extra cobra por una participación en TV 166 pesos, y en cine, $ 176.
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Aquí hay una sensación de gente en situación de pérdida. Algunos se quedaron sin su empleo formal y buscan en este nuevo oficio una changa. "Hay personas que fueron contadores, ingenieros, y hoy son extras. Si encontrás una salida laboral, dejás este trabajo. Esto es un bolo hoy, y mañana, nada", señala Ares, que hace 10 años, desbancado por la crisis de 2001, se quedó sin trabajo y, por un aviso en un diario, llegó hasta aquí.
Es tanta la cantidad de personas que quieren inscribirse en la bolsa de trabajo que ahora están cerradas las anotaciones. La razón: la demanda de la industria del cine y la TV no logra satisfacer la oferta de los 6000 inscriptos.
En uno de los costados del salón está Liliana Beretta. Tiene la mirada fija en la mesa donde dejan el carnet los que llegan acá. Este documento es una pieza vital en la dinámica de la bolsa: cuando se recibe el pedido de extras, el encargado del lugar mira los carnets y convoca a quienes esperan. Todavía hay algunos, entre ellos el de Beretta. Ella es una jubilada de 71 años que se plantea el oficio como una recreación. Así conoció los sets de programas como Los sónicos y Herederos de una venganza y se caracterizó de monja para un film. "Tenés que educar la paciencia", reflexiona sobre la espera. Algo que no sólo ocurre en la bolsa, sino también durante las grabaciones. "Estuve 10 horas en una locación esperando para grabar. Y ese día no hice nada, pero nos pagaron igual", cuenta.
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Son las 17 de un día de primavera bastante caluroso y Román Martínez intenta cumplir con su asistencia casi perfecta a la bolsa. "Si no venís un día, capaz que es cuando dan mucho trabajo y te lo perdés", cuenta, como para poner en claro que recibir un ofrecimiento tiene mucho de lotería, de golpe de suerte.
Hace diez años este hombre de 41 era cartero. "Tenía que caminar y esforzarme mucho. Cuando crucé la barrera de los 30, me di cuenta de que no era para mí. No me hacía feliz y abandoné. Al mes, por medio de un aviso en el diario, empecé a trabajar de extra", narra su historia.
-¿Tenías alguna inquietud artística?
-Sí, pero es muy difícil ser actor. Te piden muchos requisitos. En cambio, como extra no.
De hecho, para convertirse en uno hay que saber seguir instrucciones del director de un ciclo de TV o de un film. De eso sabe Cristian Colangelo, un músico de 29 años que trata de llegar a fin de mes con esta "changa".
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Si hay algún tipo de dios en este lugar, ése es el planillero. Poder tener contacto con este representante del sindicato en las grabaciones abre caminos. Las productoras le avisan sobre la cantidad de extras que necesitan en una determinada escena. A partir de ese momento, él se encarga de comunicar a los inscriptos en la bolsa de la búsqueda.
En los últimos años, el planillero cambió su dinámica de trabajo. Antes iba a la bolsa para convocar a los extras. Ahora, con la irrupción de los mensajes de texto, el chat, y Facebook, las búsquedas se realizan por estas vías. Por lo que muchos de los extras dejaron de venir al salón. "Acá está el remanente de los que no trabajan -describe Ares-. Ellos te pueden decir que vienen acá y que no reciben un trabajo."
Muchos de los consultados en el salón no usan Internet. "Recién ahora me estoy volviendo cibernética", admite Elicegui, que hoy tuvo un golpe de suerte. Un planillero avisó que al día siguiente iban a necesitar 70 extras para ocupar las tribunas de un programa de entretenimientos de TV. Elicegui acaba de agradecer a su ángel de la guarda por este oasis en el medio de su desierto laboral.
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Son las 18 y aquí ya quienes esperaban se fueron. Ares está sentado en una de las 200 sillas de plástico blanco estilo jardín que pueblan el salón. Se le acerca un colaborador para darle una sorpresa: "No puedo creer que trabajamos toda la tarde al pedo. La grabación del programa se levantó". Ares se agarra la cabeza. Y se pregunta cómo hará para avisarles a esos 70 extras que justamente no tiene buenas noticias para darles.
La espera, hoy, fue en vano.





