
"Fango negro": una obra sobre ruedas
Una producción independiente que requiere de un colectivo y un prostíbulo
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En los últimos años, la cartelera teatral porteña ofrece una cantidad considerable de espectáculos que se desarrollan en lugares no tradicionales. A fines de la década pasada, La Organización Negra comenzaba su espectáculo "La tirolesa" en la punta misma del Obelisco. Más acá en el tiempo, el grupo Escenas Subterráneas presenta sus obras en andenes y trenes del subte, mientras que el grupo Teatro de Operaciones hizo su debut con una puesta que transcurría en el puente de La Boca y en el Riachuelo.
En el marco del Primer Festival Internacional de Buenos Aires, se presentó un espectáculo en un colectivo que se desplaza por la ciudad y que tiene una parada en un cabaret, para culminar en la plaza del Obelisco. De "Fango negro" se trata, una puesta inspirada en "Woyzeck", de George Büchner.
Pero ésa no es la única particularidad de esta suerte de performance. La idea de este montaje sobre ruedas tiene sus raíces en Venezuela. Allí, José Gabriel Núñez realizó la versión libre del texto, y la dirección estuvo a cargo de Daniel Uribe. La estrenaron en el Festival Internacional de Caracas y de inmediato se convirtió en un verdadero boom. Desde ese entonces, "Fango negro" pasó a ser número puesto en diversos encuentros escénicos internacionales, tal vez porque, además de generar comentarios desde lo estrictamente teatral, también da para un anecdotario de colores infinitos. Así lo entendieron los programadores de los festivales de Montevideo, Londrinas, Bogotá, Santiago de Chile y Córdoba. Este invento venezolano también llegó a Roma y a Miami, ciudades donde obtuvo una enorme repercusión.
Un colectivo en acción
Que se utilice un espacio no tradicional, como un colectivo, no es la única particularidad, pues aquí ya habían hecho algo similar Edda Díaz y Moria Casán. Lo extraño es que, para poder montar "Fango negro", el encargado de cada versión no sólo debe pagar derechos de autor sino, además, abonar la "marca", casi como ocurre con las puestas periféricas de las grandes producciones de Broadway.
"Podés modificar la puesta de acuerdo con las características del lugar donde la presentes, pero siempre tenés que pagar el sello "Fango negro". Y eso es muy caro para mí, teniendo en cuenta que no tengo medios de producción", afirma el venezolano Norman Santana, encargado del montaje porteño.
No es un proyecto sencillo de llevar adelante: al pago de la "marca" hay que agregarle la contratación de un colectivo y de un cabaret, más el aporte -en cooperativa- de 17 actores, los permisos para transitar en la vía pública y la contratación de seguridad propia.
"Este proyecto nació desde la nada -explica Santana-. Hice un casting en abril y lo único que les ofrecí a los seleccionados fue la posibilidad de participar en un espectáculo fuera de lo convencional. A lo sumo, les aclaré que ellos no iban a tener que poner plata. De ahí en más fui tocando puertas. Pero la obra nació en el living de las distintas casas de los actores: allí ensayamos y recreamos el espacio del colectivo y del cabaret. Ni tenía sala de ensayo." La búsqueda del colectivo también fue compleja. "Al principio nos pedían una cifra que no podíamos pagar. Pero de los 200 dólares que nos solicitaban por día de alquiler, después dimos con una línea trucha y pagamos la mitad. Y con el cabaret primero arreglamos un canje publicitario, pero ahora el dueño ya confía en nosotros y nos deja utilizar su espacio sin costo".
Luego del éxito obtenido durante el festival, el grupo Clan Clandestino renovó el permiso con el Gobierno de la Ciudad y la policía y se embarcó en una temporada que terminará a fin de año y que tiene, como punto de partida, la puerta del Teatro San Martín. Más allá de lo original de la propuesta, según Santana, el texto de Büchner le permite hablar de la realidad latinoamericana: "El eje central de la obra es un drama pasional, pero se cuelan temas como la falta de libertad de prensa, el desempleo, la crisis política y social o la prostitución. Habla de lo que sucede en la región. Por otra parte, creo que la gente se engancha con nosotros porque necesita cosas nuevas, que ocurran fuera de las salas tradicionales".
Confusiones
Los 38 espectadores que suben al colectivo se enfrentan a un juego donde el límite entre la ficción y la realidad nunca es demasiado claro. Norman Santana cuenta dos anécdotas jugosas de "Fango negro" en BuenosAires.
La obra culmina con un drama pasional en la plaza que rodea al Obelisco. Allí, un actor mata a quien hace de su amante. Una de las noches, un señor que se había detenido a causa de la pelea sacó un arma y le apuntó al actor. Era un policía de civil que no estaba enterado de la obra.
"Fango negro" comienza en la puerta del San Martín. Una de las noches, una señora sacó su entrada y se dirigió a la cola del colectivo. A la hora, la misma señora volvió a la boletería, enojadísima. Al rato, uno de los organizadores se dio cuenta de lo sucedido: la dama no había hecho la cola indicada y se había subido a un colectivo de la línea 24 que, justamente, tiene su parada en la puerta del teatro.
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