Favio, pasión de multitudes

Vida y canto: después de trabajar dos años en un documental para televisión sobre la historia del peronismo, Leonardo Favio regresa a su viejo amor, la música, tres décadas después de su primer recital.
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8 de agosto de 1996  

Leonardo Favio está agotado. Hace prácticamente dos años que su vida gira en torno de una única obsesión: "Apretar la historia del peronismo en cinco horas para que sea amena, atractiva para los jóvenes, que no tiente al zapping y sea veraz". Y dice que lo logró, aunque todavía faltan armar las últimas dos horas y media de "Perón: sinfonía de un sentimiento", el documental que se transmitirá dentro de cinco meses en la televisión.

Originalmente, el proyecto iba a formar parte de los festejos que se hicieron este año por los 50 años de historia del Partido Justicialista. Pero la recuperación de imágenes y los trabajos de animación hicieron que el documental se retrasara unos meses. A Favio no le preocupa. Sabe que "este hijo tardío" será el producto de una gran pasión: la historia de un movimiento que incluso lo tuvo como protagonista. En el departamento que sirve de estudio de posproducción, todo habla de lo mismo. Las estanterías están repletas de carpetas con los principales acontecimientos históricos del Partido Justicialista, las planchas de corcho están llenas de recordatorios con el día, el tema y el acto en que habló Eva Perón, y durante la entrevista se escucha de fondo la voz del ex presidente Juan Domingo Perón.

Con ese escenario de fondo, Favio reconoce que está "desgastado" y que sólo quiere "terminar este proyecto" para dedicarse a cantar. Es que en estos días se cumplen treinta años de la primera vez que se presentó en La Botica del Angel para entonar temas como "Llovía y llovía" o "Ella ya me olvidó". Y para recordarlos, Sony lanzará un CD con la recopilación de sus clásicos. Para sorpresa de muchos, Favio volverá a subirse a un escenario ante un público que hoy lo reconoce por sus películas y por el pañuelo que prolijamente envuelve su cabeza como un distintivo personal.

-Después de dos años de dedicación exclusiva a la historia del peronismo, y pese a haber estado presente en varios acontecimientos, ¿descubrió cosas nuevas?

-Mi propia ignorancia. Creía tener un conocimiento profundo del peronismo. Pero me di cuenta de que era ingenuo pensar que en esta historia sólo se involucra a nuestro país. En realidad, se involucra a toda la América y el mundo, porque es una filosofía que emerge por amor a la gente.

-De todos esos descubrimientos, ¿qué fue lo que más lo sorprendió?

-La evidencia de que no teníamos un país, sino una verdadera colonia. Y que finalmente se construyó un país real. También, la fuerza que tuvieron los imperios que lograron destruir este país. Pero, sobre todo, ver un país posible en la capacidad de apostar a la solidaridad y el respeto por el hombre.

-Todos son recuerdos: cincuenta años de peronismo, treinta años de su primera actuación como cantante...

-Pero no me gusta recordar. No me gustan las fotos ni nada que hable del ayer. Y como cada vez creo menos en la posteridad y más en la actualidad, trato de vivir el hoy. Antes tenía la fuerza de creer en lo perdurable. Pensaba que con cada obra iba a deslumbrar. Ahora no me interesa: me di cuenta de que uno es muchísimo menos que el milagro de una hormiga. Es más, cuando me puse a recopilar mis temas para el CD tuve que mandarlos a comprar. Nunca conservé un solo tema mío.

-¿Por qué?

-Porque me tenía rabia y le tenía rabia a mi voz. Tampoco tengo mis películas: una vez que las hago, las hice, y no las vuelvo a ver. Las fotos y las películas son el ayer.

Parece que es cierto. De hecho, las paredes del estudio son blanquísimas. No hay pósters, no hay portarretratos, no hay nada que lo saque del tema exclusivo de su próxima producción. Y aunque Favio reconoce que esta "fobia" por el pasado debería obligarlo a acostarse "en el diván de un psicoanalista", intenta una explicación. "Uno tiene que hacer las cosas y dejarlas volar. No hay que quedarse pegado. Eso te empequeñece. Siento envidia por los realizadores que tienen en su casa los afiches de sus películas. Pero, para mí, guardarlas sería como quedar prisionero de algo..."

-¿Prisionero de qué?

-Del tiempo. Guardar cosas es como tener nichos en una pared. Como si ya no se pudiera generar nada. Hace poco pensé en colgar fotos de mi madre, que era una mujer de una belleza impresionante, y me arrepentí cuando vi la devastación de los años.

-¿Le teme al paso del tiempo?

-Le tengo terror. El tiempo es un verdugo que te espera, inapelable. Por eso, la lucha estéril de la gente que tiene que salir en la televisión me da pena. Me gusta, en cambio, la vida en los pueblos: como todos van envejeciendo al unísono, no lo perciben, y como no salen en la TV, no necesitan de esa lucha desigual contra la naturaleza. Quizá por eso, en estos días Favio sueña con terminar sus proyectos, vender todas las máquinas y retirarse a un pueblo, más precisamente a Las Catitas, en Mendoza, y vivir en una casita de adobe desde donde se pueda ver el río todas las mañanas.

-¿Ya no disfruta haciendo películas o documentales?

-No hasta que la gente lo vea. Lo que pasa es que en los últimos años no disfruto del trabajo. Me desgasto demasiado y me siento agobiado.

-¿Dejaría de filmar?

-No. La verdad es que no sé hacer otra cosa. Así que voy a volver.

Música, un sentimiento

En cuanto termine de armar las cinco horas del documental, "Perón, sinfonía de un sentimiento", Leonardo Favio dejará el cine por un tiempo para dedicarse a su otra pasión: la música.

Y aunque ya tiene decidido cuáles serán los treinta temas que integrarán el CD, prefiere no adelantar la lista ni el título. Apenas anuncia que el repertorio incluirá dos canciones de Leo Dan: "Cómo podré saber si te amo" y "Fue una noche de verano". Seguramente como tributo al cantante que lo inspiró cuando, antes de ser Leonardo Favio, empezó a imitarlo con una guitarra en la habitación de la pensión donde vivía por aquel entonces. De las primeras presentaciones, Favio recuerda que "tenía que hacer un tremendo esfuerzo para pararme a cantar ante el público de La Botica del Angel".

Pero encontró la manera de vencer su timidez: ir acompañado de su amigo, Martín Andrade. "Lo obligaba a quedarse a un costadito para poder mirarlo mientras cantaba", dice.

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