
Flamenco estilo Torombo
El bailarín sevillano y su compañía actuarán en el Avenida
1 minuto de lectura'
Francisco José Suárez Barrera, de 33 años, el Torombo, apelativo que le puso su maestro, el gran Farruco, y que significa tormenta, chubasco, pisó el año último Buenos Aires y electrizó con la autenticidad de su baile flamenco. Sevillano, pertenece a una estirpe de gitanos que conserva con uñas y dientes sus tradiciones. Ahora regresa para presentarse desde el miércoles hasta el domingo inclusive, a las 21, en el teatro Avenida, Avenida de Mayo 1222, con su espectáculo "El Torombo y las 3000 viviendas".
-Tu regreso ha sido rápido. Además del éxito que tuviste, ¿hay alguna otra causa?
-El regreso nos parece muy precioso, y es porque nos han demostrado un cariño muy grande aquí en la Argentina. En realidad, el productor preparó este espectáculo para llevarlo en gira por Estados Unidos, que era de donde venían las personas que estaban invirtiendo en el proyecto. Jorge Midón, que es argentino y vive en Santa Fe, no nos conocía en directo. Sabía de nosotros por videos y había leído un artículo sobre mí en el Wall Street Journal. Pero no había visto para lo que estaba apostando. Entonces, se vino a Sevilla, nos metimos en un ensayo con toda la familia y a él se le ocurrió la idea. Me dijo: "Torombo, tenemos tiempo para buscar un sitio en la Argentina y para ver cómo lo capta el público, como para que cuando vayamos a hacer la tournée estemos más preparados".
-Hace mucho viniste bailando con otro grande, Mario Maya.
-Así es, fue en el año 80 y pico. Pero lo que pasó la última vez fue nuestro parto, nuestro nacimiento, dar a luz un hijito propio. Cuando vinimos y vimos el amor y el cariño tan grandes de la gente y cómo recibieron lo que habíamos hecho y las ideítas que habíamos puesto en el escenario, nos sentimos muy felices. No quisimos hacer solamente cuadros y cantar y bailar, sino que intentamos darles una primera parte más cuidada, una escena como en la fragua, la alegría en el campo, la oración dedicada a los maestros y una serie de cosas sueltas para ofrecerles después una fiesta por bulerías dedicada a todo nuestro barrio de Triana. El entusiasmo del público fue lo más bello. Estábamos como juntitos. La gente y los artistas éramos uno solo. Entonces, ustedes mismos nos han dado otra vez la oportunidad.
-Esta vez lo hacen en el teatro Avenida, donde, hasta su incendio, estuvieron todas las grandes figuras de España. Fue reconstruido tal como era. ¿Te alegra trabajar allí?
-Saber que han estado todos estos maestros es para nosotros una ilusión muy grande.
-¿Cómo se conforma la compañía en esta ocasión?
-Bien, antes vino mi hermana, la Toromba, pero ahora no puede porque le han tenido que hacer una intervención quirúrgica. En su lugar estará Adela Campayo, que es de pura cepa. Tampoco estará el Farruquito. Hace poco vino y en una función su padre, guitarrista, se descompuso y murió. Está triste. El me dijo: "Mira hermanito, cuando uno no se puede poner las botas es porque no siente bailar". Entonces nosotros hemos regresado con todo su sentimiento puesto aquí, donde se quedó su papá en sus últimos momentos. Queremos dedicarle el espectáculo a su memoria, a Juan Fernández, el Moreno. En el lugarcito de él viene un bailaor que proviene de una familia de teatro, de gente de la poesía, de escritores de libros, de actores gitanos. Se llama Joselillo Romero. Tiene 17 años. Es otro tesoro como lo es Farruquito y como lo es nuestro Jairo (Barrul). Están también Juan del Gastor y Raúl Perla, en guitarra, y El Vareta, María Vizarraga y Hermina Borjas, en el cante.
-¿Cómo buscás los bailarines cuando ocurre algo así?
-Joselillo no vino nunca a Buenos Aires. Yo siempre intento buscar talentos. Me meto por los barrios para encontrarlos. Porque compañeros tengo muchos, que todos los días se ponen las botas, tienen muchas oportunidades y están siempre trabajando. A mí me gusta meterme por los barrios, por Lavapiés, y por las casitas, donde están los marginados, y buscar estos niños que tienen sus botas y están locos porque les den oportunidades, y no se las ofrecen.
-¿Es el mismo espectáculo?
-Cambian muy poquitas cosas. Donde debutamos el año último era precioso, pero las luces no eran apropiadas y la primera parte estaba basada para hacerla en un teatro. Entonces, tratándose el Avenida de un lugar por el cual han pasado tantas figuras, y como este show está dedicado a Manolo Caracol, a Carmen Amaya, a Lola Flores y a todos esos grandes maestros, pues será la misma escenografía e iluminación, que lucirán al máximo. Con la energía que hay en ese teatro será más fuerte aún. Lo que no será igual es el baile, porque yo digo que el flamenco todos los días cambia. El puro, el de verdad, es como la vida. No todos los días llueve ni comemos lo mismo. Vivimos y sentimos diferente, una vez está nublado, otra hace calor y sale el sol. Cada día es un mundo. Y el canto y el baile se transmiten según los vives.
-¿Las Pascuas significan algo para vos?
-Me siento muy feliz de verdad porque es un sentimiento muy profundo. Sobre todo, como se vive en Andalucía. Yo salgo, como todos los años, el Jueves Santo por la madrugada. Voy en procesión y hago penitencia andando lentamente al paso de los costaleros. Adelante está la imagen del Señor de los gitanos, nuestro Padre Jesús de la Salud. Voy arrastrando mis pies por las calles de Sevilla y pidiendo en silencio que nos queramos todos más y que no haya tantas bombas, tantas guerras y nos dé salud a todos.
-¿La Macarena es tu Virgen?
-No, verás. Mi Virgen es mi madre, porque es un poco la encarnación de Ella. Y sobre todo, creo en la Madre de los cielos, la Madre de Dios.
-Torombo, ¿vos enseñás tu arte?
-Sí. Tengo un cachito de estudio en Sevilla, en la plaza del Pelícano, yo le llamo la Puerta Azul y está entre corrales. Ahí se huele a caballo, porque antiguamente era una cuadra donde los mozos y la gente de Sevilla guardaban a sus caballos, los cuidaban, les daban de comer. Ahí tengo el estudio, y cuando llegan los alumnos me llaman maestro y yo les digo que no soy su maestro. Esa es una palabra muy, muy grande.
-¿A quiénes pueden aplicarla?
-Al Farruco, a Carmen Amaya, a todas las personas que ya tienen unas arrugas en su cara y han hecho algo muy importante por nosotros para que hoy estemos en nuestro lugar, nos admiren como nos pueden admirar. Para ellos, el camino fue duro y difícil. En verdad ya lo han hecho y abierto. Nosotros hoy tenemos muchas comodidades. Actualmente, casi todos tenemos para comer, pero antes era verdad que tenían que compartir un huevo frito entre muchos y un cachito de pan. Ahora vivimos muy bien y tenemos que darles gracias a Dios y a esas personas que hicieron un gran camino para que podamos estar como estamos. Nuestra misión, que somos jóvenes, es con esa herencia, el flamenco de ley, el puro, verdadero, salvaje, y darle ese momento al público para que viva y sienta lo que es ese momento. Y continuar con el legado que nos dejaron para que las raíces no se olviden.




