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Holy Fire oficia como el punto exacto de equilibrio entre los dos discos previos de Foals, en los que el post punk más bailable amalgama la repetición binaria y zigzagueante del math rock de Antidotes con el pop envolvente de Total Life Forever. Pero mientras la música guía hacia la pista en "My Number" y "Bad Habit", el vocalista Yannis Philippakis descarna sus tribulaciones sentimentales en un elaborado juego de contradicciones. Pasada la rítmica tormentosa y espesa de "Providence", las bases quebradizas ceden ante paisajes etéreos cerca del cierre, y el cambio ilustra lo que diferencia a Foals del resto de sus compañeros de género: la habilidad para saber cómo evitar la monotonía a tiempo.
Por Joaquín Vismara


