
Columbia
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Hace tres años, Foster the People pegó un hitazo porque representaban lo cool. "Pumped Up Kicks" se ganó el cariño de los hipsters emergentes de esa era –la soñadora nostalgia de Animal Collective, las melodías tensas de Vampire Weekend y las texturas resonantes de ese subgénero chillwave tan de moda en ese entonces– y las combinó con las radiantes melodías del cantante Mark Foster, cuyo trabajo diurno era, literalmente, escribir jingles para los cereales Honey Bunches of Oats.
Así que no es necesariamente sorprendente que casi no haya una idea original en su segundo álbum. "Ask Yourself" es Flaming Lips sin convicción; "Nevermind" es "Paranoid Android" de Radiohead sin ambición; "Fire Escape" es Bon Iver sin la calidez de un fogón. Foster todavía usa el truco pseudointeligente de escabullir letras oscuras en canciones pop vertiginosas: "Pumped Up Kicks" hablaba acerca de un tiroteo en una escuela, y en este disco Mark habla acerca de "la maquinaria de guerra", la muerte y más. Mientras tanto, los temas más destacados, como "Best Friend" y "Are You What You Want to Be", podrían haber anclado al álbum en ese momento de mediados de los 80 en que los cantantes blancos y tiesos jugueteaban con el pop negro (pensemos en Let’s Dance de David Bowie o Naked de Talking Heads). Sin embargo, el disco es un cargamento de desganados na-na-na-na-na-nas y doo-doodoo-doodoodoos. Es un disco que funciona como un balbuceo pesado: Passion Pit sin la pasión, Imagine Dragons sin la imaginación.
Por Christopher R. Weingarten
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