Se hicieron famosos por el boca a boca y gracias a que crearon un legendario lugar, el Chateau, donde tocaban ellos y sus invitados en la helada Glasgow
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El nombre les da un aire aristocrático .
Llamar a una banda Franz Ferdinand parece una especie de chiste histórico europeo de cuatro escoceses que deciden nombrarse como el archiduque cuyo asesinato desencadenó la Primera Guerra Mundial. Esa es la gracia, pues Franz Ferdinand es una banda divertida, pero no chistosa, y que difícilmente puede identificarse con la aristocracia o la derecha debido a su origen como ocupantes de edificios abandonados de Glasgow.
Para darse cuenta de lo rápido que ha sido todo para la banda, basta pensar que a finales de 2001, Bob Hardy [bajo], Paul Thomson [batería] y Alex Kapranos [voz y guitarra] apenas acababan de conocer al guitarrista Nick McCarthy, cuya casa fue su primer local de ensayos.
¿Cómo llego ser tan famoso en tan poco tiempo, casi sin publicidad, apenas con un EP publicado en 2003 [pero grabado un año antes], y su álbum de 2004? La respuesta está en su manera de hacer las cosas. En lugar de recurrir al tradicional circuito de bares por el que toda banda debe pasar, Franz Ferdinand ocupó una bodega abandonada –que llamaron el Chateau– en la cual, además de tocar su música, otras bandas eran invitadas para presentarse, la gente podía poner discos, y a donde llegaba todo tipo de artistas. ¿Quién en ese círculo no iba a querer a unos tipos así? La policía cerró el Chateau pero eso no fue un problema, pues se trataba más de un espacio artístico que físico y Franz Ferdinand buscaba otro lugar después de cada cierre, algo que no quedaba difícil en Glasgow, en donde abundan los edificios abandonados. Incluso llegaron a ocupar una antigua prisión, de manera que el Chateau podía estar en cualquier parte y todo seguía funcionando.
La voz corrio rapido, no solo por la espectacularidad de sus ocupaciones, sino porque, de verdad, Franz Ferdinand es una buena banda. Sin muchas poses [que de todos modos existen], sin maquillaje, sin un manifiesto que podrían haber escrito para validarse como artistas más que como estrellas. En cambio, tienen un formato instrumental sencillo, guitarras fuertes pero con un sonido claro y la virtud de introducir cambios bruscos dentro de una misma canción sin dañarla [basta oir el éxito “Take Me Out”, que es como dos canciones en una, pero perfectamente coordinadas]. Como Joy Division, pero sin problemas existenciales. Dicen “no somos una banda loca; se trata más de preguntarse a uno mismo ¿disfruto de lo que estoy haciendo?”. Seguro que lo deben estar disfrutando. Después de todo, siempre es mejor estar entre la lista de grupos favoritos de Anthony Kiedis, de Red Hot Chili Peppers, o que le paguen a uno por ir a tocar en un festival en Japón, que ser echado de algún lugar por la policía.
La velocidad con la cual todo ha sucedido hace muy difícil saber qué va a pasar con Franz Ferdinand. ¿La fama los va a volver complacientes, van a empezar a tomarse muy en serio a sí mismos, o van a publicar otro disco tan bueno como su debut? Si las cosas siguen al ritmo que van, no hará falta esperar demasiado por una respuesta, sea cual sea.
Por ahora, lo unico seguro es que ya no es tan fácil continuar ocupando edificios, aunque lo hicieron en Londres un par de semanas antes de presentarse junto a Annie Lennox en el show de Jools Holland. A él le respondieron la típica pregunta de cómo definen su música. Fácil: “Pop crudo. Música con la cual las niñas puedan bailar”.






