El misticismo pop y el sonido acústico de su álbum más maduro; a un año de su muerte, la review de un disco clave para entender su grandeza
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El quinto y último disco de estudio de Gustavo Cerati como solista llegó después de la exitosa gira-reunión de Soda Stereo, que ocupó la segunda mitad de 2007. Tras la masividad que alcanzó este retorno, era previsible que – por oposición – el siguiente trabajo de Cerati en solitario revistiera un carácter más intimista.
Pero hubo un episodio menos público que probablemente haya tenido una poderosa influencia en la gestación de Fuerza natural, y es el contacto de Cerati con Roger Waters, en marzo de 2008. Los líderes de Pink Floyd y Soda Stereo se reunieron – junto a Pedro Aznar – para grabar una canción para la Fundación Alas, de Shakira. Sería de esperar que esta sesión viera la luz algún día, al igual que los cinco temas descartados de Fuerza natural. Pero al margen de esto, el encuentro de Cerati con el autor de Dark Side…, The Wall y Amused to Death puede que haya influido en su decisión de hacer una suerte de obra conceptual. Quién sabe.
Una de las últimas veces que vi personalmente a Gustavo fue en un ágape de su compañía discográfica, Sony Music, aunque no puedo recordar el motivo específico que lo había originado. Estaban presentes varios artistas del sello, él entre ellos, y me acerqué para decirle que me había gustado Fuerza natural particularmente (acababa de salir), y que – en mi opinión – era el más logrado de sus trabajos como solista. Visiblemente complacido, me respondió algo así como que "nosotros somos de la misma generación, tenemos las mismas influencias", y recuerdo que hablamos de Led Zeppelin III, el disco "acústico" de la banda británica, que en su momento desconcertó a muchos fans de estos artífices del sonido pesado. Esta anécdota, así como su encuentro con Waters, son útiles para referenciar dos de las principales vertientes que informan Fuerza natural, una obra conceptual influida por el rock de fines de los 60 y principios de los 70 –tanto anglosajón como argentino –, una etapa fundamental en la formación de Cerati. Claro que es una obra conceptual no demasiado formal (su visión artística estaba lejos de la idea de una ópera rock), que tiene como ejes temáticos el viaje y el paso del tiempo.
Los viajes incluyen espacios terráqueos (llanuras, médanos, campos, pueblos, mares) y cósmicos (galaxias, constelaciones, planetas), y también viajes internos, donde aparecen signos de un enigmático misticismo. La tapa sugiere un homenaje a Hipgnosis (responsables de portadas clásicas de grupos como Pink Floyd, Led Zeppelin, Electric Light Orchestra), y el dibujo que ilustra la lámina central del booklet contiene referencias a la numerología, la astrología y la alquimia. "Estoy tratando de que mis discos sean como viajes por lugares diferentes, incluyendo también lugares internos", decía el cantante a la revista La Mano.
Las alusiones al paso del tiempo tuvieron un hecho desencadenante, que fue el cumpleaños 50 del cantante. Aunque en general las letras tienen un tono optimista: frases como "los números no mienten… Paré de contar" dan cuenta de cierta perplejidad ante la llegada de la edad adulta.
En este terreno, el artista concedía tanta importancia a la música como a la letra. Por algo en "Déjà vu" resalta que "la poesía es la única verdad". Es un aspecto que el mismo Gustavo consideraba como su lado más débil (a pesar de que su influencia dentro del rock nacional es enorme, también como letrista), y para este álbum apeló a la colaboración de tres escritores: el cantautor platense Adrián Paoletti, el guitarrista Richard Coleman, y su hijo Benito, presentes en más de la mitad de las canciones. Pero una de las características centrales de Fuerza natural es un sonido cercano a lo acústico en algunos temas, que cuentan con el propio Gustavo y el ex Suárez, Gonzalo Córdoba, tocando abundantes guitarras acústicas, dobros, mandolina y charango, y el sesionista Byron Isaacs en lap-steel (parte de los músicos que se sumaron en las sobregrabaciones realizadas en los estudios Looking Glass y Stratosphere Sound de Nueva York, que incluyeron también al baterista de David Bowie, Sterling Campbell, y al tecladista Glenn Patscha). "Quería limpiarme de la distorsión de Ahí vamos y buscar la energía por la interpretación de instrumentos más acústicos", decía en la misma entrevista.
Dos de los temas más conmovedores del álbum fueron compuestos –no casualmente– por Cerati solo, lo que le permite un approach más confesional. "Tracción a sangre" está montada sobre arpegios de acústicas que evocan al mencionado Zeppelin III, y "Cactus" surgió a partir de ritmos que el malogrado percusionista santiagueño Domingo Cura había grabado para su participación en "Sulky", del álbum Siempre es hoy. La canción se suma a las escasas pero antológicas aproximaciones de Gustavo al folclore argentino (entre las que hay que contar "Cuando pase el temblor" y "Corazón delator", de Soda Stereo). Su estribillo, épico, imbuido de un aliento cósmico, resuena con la fuerza de una elegía: "Y los médanos serán témpanos/ en el vértigo de la eternidad/ Y los pájaros serán árboles/ en lo idéntico de la soledad".
Por Claudio Kleiman
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