
Fusas en el escenario
La inspiración de Gianni, Mizrahi y Bianchedi, músicos de teatro
1 minuto de lectura'
En piano de cola, un estudio con todos los adelantos que posibilita la tecnología, un jardín que mitiga los excesos del verano y una cerveza es casi todo el ámbito que puede unir a estos tres músicos que, casualmente o no, un día acercaron sus vidas a los misterios del teatro. Son Carlos Gianni, Martín Bianchedi y Federico Mizrahi. A decir de ellos, un músico de teatro es aquel que puede dejar de lado su natural ego para pasar a formar parte de un engranaje complejo, en el que están al servicio de una idea que ni siquiera les es propia. Carlos Gianni es el compositor de todas las comedias musicales de Hugo Midón hasta la recientemente estrenada "Hotel Oasis". "Hacer música para teatro me da una totalidad como artista que no me brinda el resto de las disciplinas por separado. En el momento en que se construye una obra de teatro musical aparece un nuevo elemento que es un todo diferente. Dejan de ser partes que se están sumando."
Martín Bianchedi tiene una larga trayectoria que comienza con las comedias musicales de Cibrián y culmina con "El diario de Adán y Eva", junto a Miguel Angel Solá y Blanca Oteyza. "El teatro ofrece la maravillosa posibilidad de cambiar de personalidad. Cuando hice «Calígula», con Pepe Cibrián, si por mí hubiera sido, jamás habría compuesto sobre el poder. Pero fue maravilloso meterme en la piel del protagonista para hacer una música que tuviera que ver con esa personalidad. Y eso surgió a partir de pensar un proyecto de otro."
Por su parte, Federico Mizrahi, el más joven de ellos, se acercó al mundo de las bambalinas a los 18 años. Cuando se juntan para hablar, surge espontáneamente un tema relacionado con las dificultades de la contratación de músicos en vivo para los espectáculos. En ese punto, Gianni lamenta: "Es sólo un problema de presupuesto. Hacer una bandita de música de 8 o 10 integrantes significa que cada mes se van a gastar entre $ 700 o $ 1000, lo mismo que se necesita para hacer una «pista» o banda de sonido con la que se puede trabajar toda la temporada. No es desamor por los músicos. Obviamente nos gusta más que la melodía suene en vivo".
Es el turno para que opine Mizrahi de manera más contundente, aunque con el consenso de los demás: "Los músicos nunca van a formar parte de una cooperativa de teatro por temas sindicales, por un lado, pero sobre todo porque no sienten que el teatro les pertenezca. En general, quieren su seguridad y su sueldo. No siempre el amor del músico está en el teatro".
"La diferencia es que a nostros nos gusta la bohemia de los ensayos -agrega Bianchedi-. Nos apasiona el escenario, estar metido en las cuestiones de la escenografía, del vestuario y de las actuaciones ."
Continuamente hablan con sus códigos acerca de "hacer temas con máquinas o sin ellas", curiosean los últimos programas computadorizados, difícilmente critican a sus colegas y tampoco sobrevaloran las bondades de la formación académica, por convicción o por exceso de humildad.
"No somos solamente músicos de teatro -apura Federico Mizrahi-. La formación académica no es tan necesaria para componer canciones. Pero en mi caso también hago discos y arreglos musicales. Por ejemplo, ahora estoy preparando la ópera de Alejandro Dolina. La idea primero era componer y arreglar con mis máquinas, pero en algún momento, la gente de la Sinfónica Nacional se acercó para participar del proyecto y terminé trabajando para una orquesta, y para eso no alcanza con ser un intuitivo."
La hora de la musas
La inspiración como punto de partida para abordar un espectáculo es otro de los mitos que rodean a todos los artistas. El primero en disparar una respuesta es Bianchedi: "A veces me ocurre que empiezo a componer algo porque sí y después aparece la obra que requería esa música. En «El diario de Adán y Eva» todos compartíamos cada instante de los ensayos. Lo primero que hice fue trabajar sobre la imagen que yo tenía de la novela de Mark Twain. Jugaba con esa música sin un orden. Mi primer trabajo fue ver qué les pasaba a esos dos personajes y qué me pasaba a mí con eso. El último paso fue pensar qué tenía que provocar en la gente".
Con más años de experiencia y profesionalismo, Carlos Gianni responde conjugando una gran dosis de seguridad con la tibieza de quien maneja material sensible: "En mi caso, lo primero es saber qué se quiere contar y cuál es la mejor forma de hacerlo. A veces es la música, otras es un texto o un movimiento. La posibilidad de elegir surge únicamente por medio del trabajo en equipo. Pocas veces tengo músicas ya pensadas, porque la necesidad de una canción viene de la historia que se quiere contar".
Federico Mizrahi encuentra apropiada la ocasión para relatar una anécdota curiosa: "La música que usé para «Chejov Chejova», la obra que se estrenó en el Cervantes con la dirección de Manuel Iedvabni, fue compuesta cuando tenía 17 años. Como ese día tenía fiebre, la melodía tenía un tono melancólico y de letanía que era el que se respiraba en el espectáculo. No puedo ser racional con la música.Lo que compongo tiene más que ver con lo que me pasa que con la historia en sí. La inspiración, para mí, es totalmente arbitraria".
Acerca de los fantasmas
¿Qué ocurre con estos artistas cuando musicalizar es un trabajo a cumplir y el estado de ánimo no les es propicio? Federico Mizrahi aventura: "La composición es un estado de ánimo y esto siempre prima en las acciones. Pero si hay que hacer una comedia y uno está medio melancólico, la comedia saldrá así... Nunca deja de ser uno el que está representado ahí adentro".
Y Bianchedi aprovecha para lanzar una ironía: "Si estoy triste y me llega un trabajo, ya me pongo contento, así que siempre me terminan saliendo comedias".
Algo diferente es la opinión de Carlos Gianni al respecto: "Yo no creo que el trabajo sea tanta inspiración, como quien mira al cielo y le cae un angelito. Si no, a los arquitectos les saldrían las casas medio tristes cuando están tristes. El profesional está más cerca de ir imponiéndose a sus propios estados de ánimo".
Al apagarse el grabador los esperaba el piano. Entonces se alternaron al teclado y se hicieron escuchar distintas melodías. De pronto apareció una partitura de "Una pequeña ayuda para mis amigos", que dejó ver lo más genuino de ellos mismos.
Hombres prolíficos
Carlos Gianni alterna su actividad como músico de teatro con su tarea pedagógica. Entre sus espectáculos más destacados figuran, entre otros, "La vuelta manzana", "Pajaritos en la cabeza", tres ediciones de "Vivitos y coleando", "Popeye y Olivia", "El salpicón", "Locos ReCuerdos", "Stan y Oliver" y "Hotel Oasis", junto a Hugo Midón, y otros como "La leyenda de Robin Hood", de Mauricio Kartun, o "Canciones para mirar", de María Elena Walsh.
Martín Bianchedi tiene una trayectoria que combina la música para TV, como "Sorpresa y 1/2" o "Teleshow", con el cine, como "Despabílate amor", de Subiela, "Lola Mora", de Torre o "Facundo, la sombra del tigre", de Sarquis. Y en teatro: "Diario de Adán y Eva", "Cyrano de Bergerac", "Los mosqueteros"o "La fierecilla domada".
Es también productor y autor de la música de "Claramanía", un infantil que se presenta en el Museo Larreta, de jueves a domingos, a las 18.
Federico Mizrahi es músico arriba y debajo del escenario. Fue , entre otras cosas, pianista y director musical de la "Opera de dos centavos" y de "La buena persona de Se-Chuan" de Brecht, en el San Martín; compositor de la música original de "Había un hombre en el suelo" para el Ballet del San Martín; hizo, con Andrea Tenuta, "Arráncame la vida" y ganó el ACE a la mejor música original para teatro por "Bar Ada", de Jorge Leyes.





