
Fusión de lenguajes en pos de la reflexión
Futuro, the fiction / Texto y dirección: Mariano Tenconi Blanco / Intérpretes: María Canale, Violeta Castillo, Martina Juncadella, Manuela Vecino / Vestuario: Pía Rey / Iluminación: Matías Sendón / Música original: Ian Shifres / Producción: Carolina Castro / Coreografía: Carolina Borca / Funciones: jueves a sábados, a las 21; domingos, a las 20 / Sala: Cultural San Martín, Sarmiento 1551 / Duración: 85 minutos.
Nuestra opinión: buena
Hay dos cualidades que cualquier espectador con vocación crítica puede agradecerle a Futuro, el experimento recientemente estrenado por Mariano Tenconi Blanco en el Cultural San Martín: que en términos formales ofrezca tantas aristas por donde comenzar a analizarlo y que, como consecuencia inmediata, obligue a correrse de las herramientas habituales para pensar una puesta teatral.
Mucho más que en términos estéticos, Futuro es un trabajo para analizar en términos poéticos, como exige casi cualquier obra de arte conceptual. Porque es, sin dudas, una obra de teatro, pero también tiene algo de recital de rock (por lo menos si se recorta lo que sucede en el escenario y se deja a un lado al público, que se porta como hay que comportarse en el teatro) y un ensayo en el que su director se da el gusto de deslizar sus propias reflexiones sobre el arte posmoderno, poniéndolas en boca de sus protagonistas. Esa fusión de lenguajes que busca correr los límites del teatro para convertirlo en algo más, en algo nuevo, forma parte de los preceptos que las actrices van enunciando a lo largo de la obra: "No hay que hacer obras buenas, hay que hacer obras nuevas" porque "el arte del siglo XXI es, ante todo, el arte del procedimiento". A través de sus intérpretes, el director define por dónde está pasando su excavación artística y personal.
Peggy, Liz, Lorraine y Rita, las integrantes de The Fiction, una banda neoyorquina de indie rock que se posicionó gracias a un buen primer disco -y que, en el momento en que transcurre la obra, está grabando su segundo álbum- se la pasan hablando del arte propio y ajeno durante toda la función. En todo momento parecen más preocupadas por conceptualizar y explicar su obra que por construirla. La apuesta de Tenconi reside en enhebrar sus hilos procesuales por la misma aguja que sus criaturas de ficción: el experimento pasa por jugar con los procedimientos hasta el hartazgo, explicar cada elección y cada recurso en una obra en la que, finalmente, se narra muy poco.
Es precisamente como obra de teatro que Futuro se encuentra, ex profeso, con las mayores limitaciones. A nivel dramatúrgico, Tenconi apostó por crear una conexión mucho más intelectual que emocional con su público: sus cuatro intérpretes (María Canale, Martina Juncadella, Manuela Vecino y Violeta Castillo, que, paradójicamente, funcionan mejor como banda musical que como elenco) hablan constantemente de cine, de artes plásticas y de música, casi nunca de sus historias personales. En algún momento, de hecho, el texto se encarga de destacar esta intención de no otorgarles densidad alguna a sus personajes o giros dramáticos a la historia, cuando introduce una situación que podría iniciar un gran conflicto para una de las chicas y para el destino de la banda, pero enseguida encuentra un atajo: no existe tal problema, solucionado, sigamos hablando de arte. Esta apuesta por vaciar de ficción la ficción enfría el vínculo entre el público y la puesta, porque no habilita empatía alguna con los personajes. Quedan, entonces, dos caminos por donde entrar a dialogar con el trabajo: la música y el ensayo. El espectador elegirá si por esos senderos logra conexión con la puesta o si, por el contrario, se queda en modo unplugged hasta que termine la función.
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