Gael García Bernal: "Estados Unidos es una tierra sin poetas; está en una crisis cultural"
En la película Neruda, de Pablo Larraín, que se estrenará el jueves 9, el actor mexicano encarna al obstinado jefe de la policía civil de Chile, que, a fines de la década del 40, persiguió al poeta chileno
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Desde que se hizo internacionalmente conocido por su papel en Amores perros, de Alejandro González Iñárritu, allá por 2000, el mexicano Gael García Bernal ha recorrido un largo camino en el mundo del cine. Y más de una vez le han tocado en suerte personajes claves de la historia de América latina. Interpretó dos veces al Che Guevara: en la miniserie televisiva ¡Fidel! (2002) y en Diarios de motocicleta (2004), el film del brasileño Walter Salles en el que también tuvo un rol importante Rodrigo De la Serna. También se puso en la piel del siniestro Almirante Emilio Eduardo Massera en Eva no duerme (2015). Y ahora (a partir del 9 de febrero más precisamente) lo podremos ver en los cines argentinos como Óscar Peluchonneau, el obstinado jefe de la policía civil de Chile que, a fines de la década del 40, persiguió a Pablo Neruda por orden de Gabriel González Videla, por entonces presidente de ese país, hasta empujarlo a exiliarse en Francia.
García Bernal es, sin dudas, la figura más popular del elenco de Neruda, la película del chileno Pablo Larraín que el famoso cineasta español Pedro Almodóvar calificó como la mejor que vio el año pasado y que también recibió cálidos elogios en distintos lugares del mundo donde fue proyectada. La revista estadounidense Variety, de hecho, eligió a Larraín como mejor director extranjero de 2016 y dedicó unas cuantas páginas a revisar su carrera, con especial foco en este último largometraje, centrado en la actividad política del poeta comunista que ganó el Nobel en 1971.
Presentada oficialmente en la Quincena de los Realizadores de la última edición de Cannes, la película que Larraín definió como una "antibiografía" y en la que Mercedes Morán encarna a la grabadora y pintora argentina Delia del Carril, segunda esposa de Neruda, fue nominada para el Globo de Oro destinado a la mejor producción de habla no inglesa, pero igual que había sucedido con El club, el trabajo anterior del cineasta trasandino, no logró quedarse con el premio. También fue el film elegido por Chile para que represente al país en la competencia de los Oscar y no pudo llegar a la etapa final en la que cinco largometrajes se disputan la codiciada estatuilla.
Para García Bernal, que sí fue premiado en septiembre último con el Jaeger-LeCoultre al Cine Latino, un galardón dedicado a carreras de especial resonancia del cine latinoamericano que le entregaron en el Festival de San Sebastián, esos desaires en los Estados Unidos no significan demasiado: "A ellos no les interesa en absoluto la cultura latina. ¿Por qué debería interesarnos a nosotros lo que deciden los norteamericanos? -se pregunta el experimentado actor, que cumplió en noviembre pasado 38 años y debutó en la profesión a los 11-. La gente que siempre atacó a Fidel Castro debería tomar nota de lo que está ocurriendo hoy. Estados Unidos es efectivamente el país chauvinista, racista, puritano, alejado del progresismo y cargado de una doble moral que denunciaba Fidel. Lograron legalizar la corrupción, y hoy tienen como Presidente al peor de los peores. Y no hubo ninguna conspiración. Lo lograron por sus propios medios. Critican a Hugo Chávez, pero tienen a un personaje nefasto como Trump como máxima autoridad. Es de locos".
-¿Qué te provocó la noticia del triunfo de Trump cuando te enteraste?
-Miedo, parálisis... Pero también siento ahora que nos quitamos un peso de encima, que ya no tenemos que pensar a los Estados Unidos como eje cultural del mundo porque claramente hoy no lo es. Es una tierra sin poetas. Obvio que los tuvo y ocupaban un espacio interesante en la construcción social. Pero eso es para nostálgicos. Estados Unidos no es hoy un país con tanta gente ilustrada. Están pasando un crisis cultural muy fuerte. A Paul Auster, por citar un escritor contemporáneo emblemático, lo leemos más los latinos que los propios estadounidenses.
-¿De Neruda te interesa más su trayectoria política o su producción literaria?
-Las dos cosas, pero creo que Neruda era sobre todo un político. Escribía poesía porque nació con ese don de trovador, como queda claro en la película. Me sorprendió que en Chile a mucha gente le pareciera que estábamos ridiculizando la figura mitológica de Neruda sólo por tomarnos algunas licencias en la construcción de la ficción. Pero incluso muchas de esas licencias tienen un anclaje real. En algún momento, Neruda viajó al Machu Picchu. No bien terminó esa visita, la prensa lo abordó para preguntarle qué opinión tenía de lo que había visto y él respondió "ahora me comería un chancho" (risas). Luis Gnecco (el actor chileno que interpreta en el film de Larraín al autor de Canto general y Veinte poemas de amor y una canción desesperada) conocía esa historia y la usó para construir su personaje. Pero muchos se ofendieron por eso. Y no se molestaron, en cambio, porque la película muestre su perfil de mujeriego. Hay una especie de convención machista alrededor de Neruda.
-¿Cómo construiste vos tu personaje en la película?
-Es un fascista bastante ridículo. Le piden que silencie a Neruda y trata de conseguirlo a cualquier precio. Un personaje marginal, hijo bastardo de una prostituta. Lo curioso es que los receptores principales de la poesía de Neruda eran los marginados. Pero a este tipo esa información no le llegó. La poesía política de Neruda está destinada a los desheredados, pero Peluchonneau no fue el caso. Es un reaccionario que está en contra de los socialistas, de los poetas, de la bohemia...
-Más allá de lo que pasó en los Estados Unidos con Neruda, ¿te interesa Hollywood como espacio de trabajo?
-Me interesa igual que siempre, limitadamente. Nunca ha sido un objetivo para mí. Veo una película como La La Land y me fascina, pero ése es otro tema. El cine siempre puede triunfar, a pesar de la estructura que lo rodea o el régimen al que debe estar rindiendo cuentas. También creo que hace rato que dejó de dar respuestas y que hoy puede arriesgarse, proponer, hacer las preguntas terribles. Y eso no está mal. Le da al cine, y también nos da a los que lo hacemos, mucha libertad.
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