Game of Thrones: El invierno llegó, y miren lo que trajo
El sombrío último episodio de la sexta temporada de la serie tuvo un alto conteo de víctimas y revelaciones suficientes para desesperar a los fanáticos, que tendrán que pasar al menos diez meses lejos de una Westeros al borde del abismo; ATENCIÓN ¡HAY SPOILERS!
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"El invierno está aquí", se escucha decir en el final de temporada extra large de Game of Thrones. Y lo que trae el invierno no es precisamente descontento, sino lo esperable en el mundo de George RR Martin: otra guerra. Más muertes. Otro monarca sentado en el Trono de Hierro. Es la rueda de la que hablaba Daenerys Targaryen, la misma que deseaba destruir. El final de la temporada de Game of Thrones fue enormemente satisfactorio, quizá no tanto por las considerables sorpresas que albergó, sino por la confirmación de lo esperable: el alivio de que pronto, como ya lo sabe el espectador, los contendientes se verán las caras frente a frente. A continuación, lo que dejó "The Winds of Winter". Desde ya, no es necesario mandar un cuervo para esto, pero, por las dudas: ATENCIÓN, HAY SPOILERS.
STARK. El invierno, "el peor en los últimos mil años" –así lo confirma el cuervo blanco de la Ciudadela que llega a Winterfell– también trae el regreso al poder de los Stark. El precio del rescate de Littlefinger se hace explícito en una conversación junto al árbol sagrado frente al que Sansa supo que sería reina de Joffrey Baratheon. Por primera vez, el propósito de tantas maniobras queda claro: no es sólo a Sansa a quien quiere, también el Trono de Hierro. Ella demuestra cuánto ha aprendido de él al minimizar la deuda que mantiene con el Valle y afirmar casi sin traicionar su desagrado: "Ya ha apoyado muchas causas reales. Ésta es sólo una más". Littlefinger cree que ella es "la" Stark, porque Snow, como bastardo, no puede ambicionar ser el líder de la casa de los lobos. Sin contar con la eterna obsesión de Littlefinger con su madre, transferida a una hija que no podrá despreciarlo como candidato como lo hizo Catelyn Stark.
Ah, pero nadie contaba con la pequeña Lyanna Mormont, quizá la verdadera revelación de esta temporada. En un gélido cónclave con aliados y ex vasallos, es su voz la que se alza para reclamar lealtad a todos aquellos que abandonaron a los Stark en su lucha con los Bolton y que ahora minimizan la Gran Guerra que este invierno trae a sus puertas. El golpe funciona –el capítulo pertenece a las mujeres de esta historia– y sin siquiera soñarlo, el Bastardo de Winterfell es ahora el Lobo Blanco, Rey del Norte. Pero antes, claro, su hermano Bran desentraña un poco, lo suficiente, el misterio de su parentesco. Siguiendo la conocida ecuación L+R= J, Bran viaja al pasado para confirmar que Jon es hijo de Lyanna, no de Ned, pero –por una razón esperemos que valedera– no puede escuchar lo que su tía le confiesa a su padre antes de pedirle que cumpla su promesa. "Sabés lo que le haría, Ned", afirma Lyanna, sin que sepamos si se refiere a Rhaegar Targaryen, el posible padre de Jon; a Robert Baratheon, el prometido de ésta, o a una tercera persona que aún no conocemos. Lo que sí sabemos es la mirada desafiante que intercambian Sansa Stark y Petyr Baelish luego que de la corona del Norte sea colocada firmemente en Jon, sólo quiere decir una cosa: problemas.

Y si de problemas hablamos, qué decir del pequeño pan de carne de herederos Frey que Arya sirve a Walder, responsable de la muerte de su madre y su hermano, antes de degollarlo. Jamie se salva por poco de su venganza al partir de regreso a King's Landing. Pero todo el reino se enterará del asesinato, incluso el joven Samwell en la Ciudadela, hogar de la biblioteca más grande del continente, donde el hábil aprendiz de maester puede descifrar más de un misterio de la historia que concierne a cada uno de los bandos (y a las huestes del Rey de la Noche). Por cierto que las enormes lámparas de la biblioteca se parecen, y mucho, a las que giran y giran, iluminando las casas reales en pugna, en el cierre de los memorables títulos iniciales de la serie.
LANNISTER. Buena parte de los fanáticos imaginaba que el fuego valyrio al que se mencionó una media docena de veces en igual cantidad de capítulos tendría una aparición rutilante en el final de temporada y así fue: Cersei decidió no presentarse al juicio en el que sería claramente condenada, prefieriendo prepararse para lo que ocurriría después de volar la Catedral con media corte adentro, y un gran pedazo de King's Landing. Entre las víctimas estaban Margery y Loras Tyrell, Kevan Lannister, todos los religiosos y su brazo armado, la Fe Militante y, por supuesto el Septon Supremo. Pero también el rey Tommen Baratheon, quien decidió arrojarse al vacío desde su habitación en el castillo al darse cuenta de lo que había ocurrido. La serie dio señales ambiguas acerca de cuánto sorprendió su muerte a su madre, que prefirió no dar más lugar a la profecía que afirmaba que recibiría a sus tres hijos en mortajas tan doradas como sus cabellos. "Quémenlo", ordenó. Jamie llega a tiempo para verla sentarse en el Trono de Hierro en una atmósfera mortuoria. Quizá sea su hermano y amante el valonqar al que se refería la profecía que acabaría con su vida (es el "hermano pequeño" de los dos, después de todo). Su mirada homicida al darse cuenta de la muerte de Tommen y la fractura mental de Cersei, ciertamente lo pone como candidato. Tampoco podemos descartar a la Reina de Espinas, que viaja a Dorne a entrevistarse con Ellaria Sand y sus Sand Snakes (¿suena como una banda de chicas, no?), quien le propone entregarle su mayor deseo ¿Venganza contra los asesinos de su familia? Quizá algo mejor, dice Varys, apareciendo muy teatralmente de entre las sombras. "Fuego y sangre", el lema de la casa Targaryen.

TARGARYEN. Pero acaso Tyrion pueda llegar a tiempo para liquidar a su hermana querida. Tras ser nombrado oficialmente Mano de la Reina (y fracasar en su intento de relativizar la importancia de lo que vendrá ante una Daenerys aterrorizada que no duda en deshacerse del pintoresco Daario Naharis, que quedará destacado en Mereen), el operativo retorno comienza: los barcos de los Greyjoy y aquellos capturados a los esclavistas, con el dragón pintado en sus velas, y con un enorme mascarón dorado en la proa, zarpan finalmente hacia Westeros. Los dragones vuelan delante de los barcos y terminan por cubrir el sol en la escena final de la temporada. El fuego y el hielo están listos y esperándose. Hasta el año que viene.
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