García Lorca, de cara al 2.000
"Lorquiana" es el nuevo CD doble de la española Ana Belén
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"Lorquiana" es posiblemente el proyecto más ambicioso de la cantante española Ana Belén. Un disco doble que aparece en estos días en la Argentina y que concentra la poesía y el cancionero popular de Federico García Lorca.
Para fundamentar este nuevo trabajo, la popular intérprete se rodeó inteligentemente de una troupe de calificados músicos y dos arregladores y pianistas, como el dominicano Michel Camilo y el granaíno Chano Domínguez, que le aportaron la garantía de una ejecución y un sonido impecables.
Con esa ayuda de los amigos, la intérprete lleva adelante dos discos que se maceran a lo largo de 34 poemas-canción, que son el verdadero plus de este material.
Ana Belén construye con este álbum doble una breve antología de Lorca, que funciona como dos caras de una misma moneda.
En el primer disco recurre a artistas como Joan Manuel Serrat, Leonard Cohen, Fito Páez, Kiko Veneno, Ketama y Michel Camilo (productor, arreglador y orquestador de la primera parte) para musicalizar los poemas del granaíno, homenajeado en el centenario de su nacimiento.
Desde el primer tema, "Son de negros en Cuba", en una caliente versión de Camilo la cantante se desembaraza de todo carácter español y se entrega a canciones que saltan hacia una universalidad musical que atraviesa climas y ritmos diferentes.
Temas como "Romance de la pena negra", una de las más flojas y distantes composiciones del espíritu lorquiano, de Páez, conviven junto a buenas versiones, como la guajira "Nocturnos de la ventana", musicalizada por Pedro Guerra o "Pequeño vals vienés", que pertenece a Leonard Cohen. No falta el sello Serrat en la balada "Herido de amor".
Ni siquiera se priva de incluir una verdadera rareza como un funk rabioso compuesto por Kiko Veneno, (icono maldito del rock andaluz), que calza justo con el poema "Canción del gitano apaleado". Uno de los mejores temas y a la vez la oveja negra del disco.
En la segunda parte la intérprete se refugia en el jazz, para echar una particular mirada sobre las canciones populares compuestas por el propio Lorca, que se transforman en refinados estándares. El trabajo está a cargo del versátil trío que conforman el excepcional Chano Domínguez, en piano, Javier Colina, en contrabajo, y Guillermo McGuill, en batería.
La presencia poética del granaíno adquiere una vitalidad incontenible para los delicados arreglos del pianista Chano Domínguez. Por momentos, el dolor de esos versos no se refleja en esa voz que suena tan distendida, tan segura de si misma.
Pero, en realidad, la interpretación de Belén se va transfigurando en cada uno de los poemas, a los que se entrega con delicadeza, a veces con más pasión, otras con una postura más intelectual, pero siempre con una movilidad que trata de salirse del formato original de las canciones que ideó Lorca.
El duende, ese que no es sólo patrimonio de los flamencos, sino de todo artista, aparece y desaparece a lo largo del álbum.
Versos que queman
Los versos queman la garganta de Belén, mientras la orquesta se sumerge en un frenético swing en "Los pelegrinitos", o se elevan en el exquisito tratamiento sonoro de "La tarara" o "Anda jaleo". La big band le imprime dinámica a los temas populares, pero el sabor y la picardía de la copla antigua ya no pasa por la música, sino que sólo se mantiene inalterable en los versos.
El verdadero arte de la española aparece cuando su tono se vuelve altanero, se sale de ese lugar cuidado y de respeto, se le calienta la sangre y la garganta vibra desesperada en la apasionada "La tarara"o "En el café de chinitas". Allí se despierta el duende: ese halo de genialidad que se separa de toda lucidez y técnica vocal.
Cuando Ana Belén no es capaz de calentar los mares con su sola presencia, su tono refinado y agudo, camina por una delicada frontera. Pero cuando Ana Belén se encuentra con su duende, ese que le sube por dentro desde la planta de los pies, deja de ser sólo una buena voz afinada y delicada, y la relación de fuerzas termina inclinándose a su favor, apoyada en la calidad de su propuesta y la existencia de ese poemario capaz de resistir todas las miradas.
Allí se vuelve atractiva y deliciosa como un fruto prohibido. Capaz de retratar luces y sombras de la poesía de Federico García Lorca. Poniéndole el cuerpo a las canciones y reflejando fielmente el pensamiento del poeta: El duende es un poder no un obrar, es un luchar no un pensar. No es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir de sangre, de viejísima cultura, de creación en acto .
"Lorquiana" es posiblemente el proyecto más ambicioso de la cantante española Ana Belén. Un disco doble que concentra la poesía y el cancionero popular de Federico García Lorca.
Para fundamentar este nuevo trabajo la intérprete se rodeo inteligentemente de una troupe de calificados músicos y dos arregladores-pianistas como el dominicano Michel Camilo y el granaíno Chano Dominguez, que le aportaron la garantía de una ejecución y un sonido impecable.
Con esa ayuda de los amigos la intérprete lleva adelante dos discos que se maceran a lo largo de 34 poemas-canción, que son el verdadero plus de este material.
Ana Belén construye con este álbum doble una breve antología de Lorca, que funciona como dos caras de una misma moneda.
Lorca por dos
En el primer disco recurre a artistas como Joan Manuel Serrat, Leonard Cohen, Fito Páez, Kiko Veneno, Ketama y Michel Camilo (productor, arreglador y orquestador de la primera parte) para musicalizar los poemas del granaíno, homenajeado en el centenario de su nacimiento.
Desde el primer tema "Son de negros en Cuba", en una caliente versión de Camilo la cantante se desembaraza de todo carácter español y se entrega a canciones que saltan hacia una universalidad musical que atraviesa climas y ritmos diferentes.
Temas como "Romance de la pena negra", una de las más flojas y distantes composiciones al espíritu lorquiano de Paéz, conviven junto a buenas versiones como la guajira "Nocturnos de la ventana", musicalizada por Pedro Guerra o "Pequeño vals vienés" que pertenece a Leonard Cohen. Tampoco falta el sello Serrat en la balada "Herido de amor".
Ni siquiera se priva de incluir una verdadera rareza como un funk rabioso compuesto por Kiko Veneno, (ícono maldito del rock andaluz), que calza justo con el poema "Canción del gitano apaleado". Uno de los mejores temas y a la vez la oveja negra del disco.
En la segunda parte la intérprete se refugia en el jazz, para echar una particular mirada sobre las canciones populares compuestas por el propio Lorca, que se transforman en refinados standars. El trabajo está a cargo del versátil trío que conforman el excepcional Chano Domínguez, en piano, Javier Colina, en contrabajo y Guillermo McGuill, en batería.
La presencia poética del granaíno adquiere una vitalidad incontenible para los delicados arreglos del pianista Chano Dominguez. Por momentos, el dolor de esos versos no se refleja en esa voz que suena tan distendida, tan segura de si misma.
Pero, en realidad, la interpretación de Belén se va transfigurando en cada uno de los poemas, a los que se entrega con delicadeza, a veces con más pasión, otras con una postura más intelectual, pero siempre con una movilidad que trata de salirse del formato original de las canciones que ideo Lorca. El duende, ese que no es solo patrimonio de los flamencos sino de todo artista, aparece y desaparece a lo largo del álbum.
Los versos queman la garganta de Belén, mientras la orquesta se sumerge en un frenético swing en "Los pelegrinitos" o se elevan en el exquisito tratamiento sonoro de "La tarara" o "Anda jaleo". La big band le imprime dinámica a los temas populares, pero el sabor y la picardía de la copla antigua ya no pasa por la música sino que sólo se mantiene inalterable en los versos.
El verdadero arte de la española aparece cuando su tono se vuelve altanero, se sale de ese lugar cuidado y de respeto, se le calienta la sangre y la garganta vibra desesperada en la apasionada "La tarara"o "En el café de chinitas". Allí se despierta el duende: ese halo de genialidad que se separa de toda lucidez y técnica vocal.
Cuando Ana Belén no es capaz de calentar los mares con su sola presencia, su tono refinado y agudo, camina por una delicada frontera. Pero cuando Ana Belén se encuentra con su duende, ese que le sube por dentro desde la planta de los pies, deja de ser sólo una buena voz afinada y delicada, y la relación de fuerzas termina inclinándose a su favor, apoyada en la calidad de su propuesta y la existencia de ese poemario capaz de resistir todas las miradas. Allí se vuelve atractiva y deliciosa como un fruto prohibido. Capaz de retratar luces y sombras de la poesía de Federico García Lorca. Poniéndole el cuerpo a las canciones y reflejando fielmente el pensamiento del poeta: " El duende es un poder no un obrar, es un luchar no un pensar. No es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir de sangre, de viejísima cultura, de creación en acto ".
Lorquiana. Canciones populares de Federico García Lorca
Ana Belén
Los cuatro muleros, Zorongo gitano, La tarara, Anda jaleo, Las tres hojas, Sevillanas del siglo XVIII, Los pelegrinitos, Los mozos de Monleon, Romance de Don Boyso, Las morillas de Jaén y otros (BMG)
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