
Gerry Anderson: con sus marionetas electrónicas, nos llevó de viaje al futuro
Como los grandes visionarios del entretenimiento, Gerry Anderson logró que su obra adquiriera un destino de clásico. De su cabeza surgieron imaginativas historias que sembraron en muchas generaciones de espectadores la idea de que el futuro real de la humanidad bien podría parecerse a algunas de ellas.
Pero su espíritu de fantasía lo llevó más de una vez a adelantarse al calendario y presentir, por ejemplo, que la carrera espacial habría de resultar mucho más veloz. Es por eso que algunas de sus creaciones con personajes de carne y hueso (OVNI, Cosmos 1999), muy populares en el momento del estreno, no superaron la prueba del tiempo e instalaron a su creador en el mundo mucho más terrenal de la nostalgia. Así lo recordarán, sobre todo, quienes fueron chicos entre mediados de los años 60 y principios de los 70: para esas generaciones, las ideas plasmadas por Anderson en sus originalísimas series protagonizadas por marionetas electrónicas divertían, asombraban y estimulaban la imaginación de quienes soñaban con la aventura más allá de las fronteras de nuestro mundo.
Anderson murió anteanoche mientras dormía, según informó en la víspera su hijo Jamie. Tenía 83 años, 60 de los cuales los pasó creando nuevos mundos de fantasía en la TV (su gran laboratorio creativo) y el cine. Había nacido el 14 de abril de 1929 en Hampstead, al norte de Londres, como Gerald Alexander Anderson y llegó al mundo del entretenimiento después de iniciar su vocación en el mundo de la fotografía y como aprendiz cinematográfico en el Ministerio de Información del Reino Unido. Su espíritu creativo y experimental alcanzó su primera y extraordinaria consagración cuando puso al servicio de su primera gran creación animada, Supercar (1961), una técnica de su creación llamada Supermarionation, que usaba un dispositivo electrónico para armonizar los movimientos labiales de la marioneta con la voz de un actor y también para mover ojos y párpados.
Toda una marca
El estreno de Supercar en la Argentina convirtió a sus personajes (Mike Mercury, el pequeño Jimmy y su mascota, el monito Mitch) en ídolos de la platea infantil. Esos pequeños televidentes, mientras crecían, iban comprobando la evolución y el perfeccionamiento de una técnica pródiga en naves espaciales y viajes interplanetarios. En ellos, los hilos de las marionetas eran casi invisibles. Así aparecieron El capitán Marte y el XL5, Meteoro Submarino, Capitán Escarlata, Joe 90 y los popularísimos Thunderbirds (conocidos aquí como Guardianes del espacio), que mucho después protagonizarían una muy fallida adaptación cinematográfica, jamás estrenada en nuestro país. Más allá de ese fiasco, los Thunderbirds se convirtieron en serie de culto, emblema y síntesis a la vez del estilo de Anderson.
Esa inquietud por explorar un posible futuro para la humanidad llevó a Anderson del mundo animado al de la acción con personajes de carne y hueso. Hitos de esa experiencia fueron dos series de los años 70 superadas por el tiempo y muy vistas por entonces en nuestro país: OVNI (ambientada en 1980 dentro de una base lunar) y Cosmos 1999. Entre ellas creó y produjo Los protectores, también estrenada con éxito entre nosotros. De allí en adelante, aunque sin el éxito del comienzo, nunca dejó de innovar y buscar variantes para sus creaciones más exitosas, hasta que el Alzheimer frenó en los últimos años el impulso de un creador cuya imaginación no conocía fronteras o límites.
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