
"Giselle", de regreso en el Colón
Contará como solistas a Paloma Herrera, Damian Woetzel e Iñaki Urlezaga
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"Vestidas con sus trajes de novia y con sus coronas de azahares ornando sus cabezas, las wilis danzan a la luz de la luna como los elfos; sus siluetas, de un blanco níveo, encierran una belleza juvenil; ríen con una alegría perversa y de su llamado y de sus edulcoradas promesas brota una seducción tan intensa que estas bacantes muertas resultan irresistibles."
Las wilis tientan al caminante nocturno como las sirenas en el mar: Heine las describe así en uno de sus libros de peregrinaje, "De la Alemania", y puntualiza su índole macabra: son como vampiros (en lengua eslava, "vile"). A mediados del siglo XIX Téophile Gautier quedó fascinado con esa imagen de las novias muertas antes del día de su boda. Era un tópico o "motiv" hecho a medida del espíritu romántico, tan afín a ese sentimiento poético necrofílico de entonces: el amor, la muerte, la pasión que continúa bullendo en el sepulcro.
Como en un arrebato, Gautier apuntó un argumento para una obra de danza destinada a la escena (un "guión") y le imprimió un título que luego fue reemplazado: "Las Wilis". Era el embrión de la que se convertiría en la cumbre del ballet romántico: "Giselle". A partir de mañana (domingo) y hasta el 8 de noviembre, el Ballet del Teatro Colón volverá a presentar la célebre pieza -en reposición de Gustavo Mollajoli- con dos parejas de bailarines invitados que se alternarán en los roles centrales: Paloma Herrera, del American Ballet Theatre, junto a Damian Woetzel, del New York City Ballet y, en otras funciones, Silvina Perillo (Ballet del Colón) con Iñaki Urlezaga, del Royal Ballet de Londres.
La primera versión de este clásico fue el resultado de la intuición poética de Gautier, el marqués de Saint Georges y del coreógrafo Jean Coralli. Otro coreógrafo, Jules Perrot, intervino para enriquecer el esquema básico con un lenguaje minucioso, refinado, que desarrollaba los cánones del drama coreográfico, si bien ya "La Sylphide", su antecedente de 1832, había sentado bases claves. Perrot afinó las figuras, el uso de los gestos y la complejidad del movimiento.
El estreno de "Giselle" se produjo en junio de 1841 en el Teatro de la îpera de París, con Carlotta Grisi (sobre cuya figura fue moldeándose el trágico personaje de Gautier) y Lucien Petipa como Albrecht, el príncipe que se disfraza de aldeano para seducir a la bella campesina Giselle que, al descubrir que su amado está comprometido con Bathilde, hija del duque de Courland, enloquece y muere. El arrepentido príncipe la reencontrará en esa difusa zona nocturnal, ya convertida en espectro, cuando la muchacha emerge de su tumba y va al encuentro de las wilis, sus pares en el trágico destino de novias frustradas.
El exitoso estreno de 1841 fue sólo el comienzo. "Giselle" fue experimentando depuraciones y cambios con las revisiones del propio Perrot para las representaciones en Londres y en San Petersburgo, y luego con las que introdujo Marius Petipa (hermano menor de Lucien, el partenaire de Grisi en el Albrecht del estreno); las tres reelaboraciones que Petipa realizó entre 1884 y 1899 confirieron a la obra los rasgos con que se la frecuentó -con variantes menores- durante el siglo XX.
Les Ballets Russes
El ingreso de esta obra en el Teatro Marinsky de San Petersburgo fue capital para el desarrollo del ballet en Rusia, tanto como su incorporación al Bolshoi de Moscú, donde se presentó por primera vez en 1843, al punto de convertirse en el ballet más antiguo de los que se mantienen en el repertorio del Bolshoi.
Sin embargo, en Occidente "Giselle" tuvo un período de olvido, hasta que fue revitalizada en París por Les Ballets Russes de Serge Diaghilev el 15 de junio de 1910, en el Teatro de la Opera, con las interpretaciones de Tamara Karsavina y Vaslav Nijinski, según la reposición de Michel Fokín. En las funciones de la temporada siguiente (1911) se produjo un hecho curiosamente conflictivo, cuando Nijinski desistió de usar bajo la malla de danza el slip tradicional; Alexandre Benois (escenógrafo y vestuarista de esta versión) consignó en sus "Memorias" que la decisión del bailarín había tornado "indecente" su indumentaria. Ese mismo año, Anna Pávlova, que había abandonado la troupe de Diaghilev en 1909, se reincorporó para bailar "Giselle" con Nijinski en Londres. Un par de años después Les Ballets Russes con Karsavina y Nijinski la presentaron en el Colón de Buenos Aires; la permanencia de la compañía en esta ciudad adquirió un interés histórico por razones ajenas al ballet de Coralli y Perrot: fue durante esa temporada de 1913 cuando Nijinski súbitamente concretó, en Buenos Aires, su controvertido matrimonio con Romola de Pulszki.
En 1924, la îpera de París retomó la versión francesa original del ballet con Olga Spessivtzeva en una interpretación considerada antológica. Diez años después, esta bailarina tuvo como partenaire al inefable Serge Lifar, quien introdujo variantes en el personaje de Albrecht y estableció un modelo vigente hasta hoy.
En los Estados Unidos "Giselle" se estrenó en 1846 en Boston, con Mary Ann Lee en el personaje central y casi un siglo después la obra ingresó en el repertorio del American Ballet Theatre en la versión de 1940 de Anton Dolin; en 1946 el rol principal lo asumió Alicia Alonso, en su paso por el ABT (con su inolvidable estilo, en la década del cincuenta la bailó en el Colón en tres temporadas). Durante su gestión como director del ABT, Mijail Baryshnikov dejó dos versiones, una de 1980 y otra de 1985. La misma compañía trajo "Giselle" al Colón, en 1992, con las singulares interpretaciones de Alessandra Ferri y Julio Bocca, sus dos figuras estelares de entonces.
El trágico motivo de la novia defraudada y vulnerada en su inocencia fue objeto de inevitables concepciones "revisionistas", como la del talentoso coreógrafo sueco Matts Ek (hijo de la bailarina Birgit Cullberg y del notable actor de Ingmar Bergman, Anders Ek), quien montó para el Cullberg Ballet de Estocolmo una versión en la que Giselle no alcanza a morir: el deterioro se detiene en el instante de la locura, de modo que el segundo acto (el reino de las wilis) transcurre en un manicomio. No está de más recordar que, en el ámbito argentino, la coreógrafa Susana Tambutti ensayó una reinterpretación al incluir el padecimiento de Giselle en un cuadro de su pieza "Muerte prevista en el guión", en el que la heroína vive su peripecia en el lenguaje clásico pero en un entorno de danza contemporánea.
El Ballet del Colón, en fin, repuso "Giselle" en 1998, con Maximiliano Guerra como bailarín invitado (la última, antes de la que se verá en esta temporada), según la misma revisión de Gustavo Mollajoli que mañana bailarán Paloma Herrera y Damian Woetzel, la primera de la centuria que recién se inicia. Y seguramente habrá otras muchas a lo largo del siglo, porque la del espectro sufriente de la novia muerta es una leyenda que renace siempre, así como resurge del sepulcro la misma heroína de la historia. Al punto que, parafraseando a Borges, podría decirse: Se me hace cuento que Giselle murió; /la juzgo tan eterna como el agua y el aire.
Príncipes y heroínas de la historia
El célebre ballet fue interpretado aquí por grandes figuras
La primera presentación de "Giselle" en Buenos Aires fue en el antiguo Teatro Colón de Plaza de Mayo, en 1857, por la Compañía Francesa de Baile y Pantomima de las Hermanas Rousset. En el "nuevo" Colón, y luego del paso de Karsavina-Nijinski con Les Ballets Russes en 1913, la heroína fue corporizada por "étoiles" como María Ruanova (1932), Tamara Toumanova (1950), Alicia Alonso (1954/ 58/59), Olga Ferri (1958/61/67/75), Rosella Hightower (1960), Margot Fonteyn (1960/67), Liliana Belfiore (1974/ 75/78/83), Ghislaine Thesmar (1974), Silvia Bazilis (1976/ 77/ 78/ 79/ 81/ 83/ 87), Ekaterina Maxímova (1977), Carla Fracci (1984), Ludmila Semeniaka (1984) y -entre otras muchas- Alicia Quadri (1987). En cuanto a los príncipes Albrecht, caben recordarse a Michel Borowsky (1932), Serge Lifar (1950), Igor Youskevitch (191958/59), Enrique Lommi (1958/61), Vasil Tupin (1961/67/70), Rudolf Nureyev (1967), José Neglia (1967),RaúlCandal (de 1975 a 1987), Vladimir Vassíliev (1977), Julio Bocca (1987/92) y -entre otros- Maximiliano Guerra (1998).
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