
Gran Hermano, el comienzo
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El 8 de junio de 1949 las librerías de Londres recibieron la novela 1984, del escritor y periodista británico George Orwell.
"Un hombre de unos 45 años de edad, con espesos bigotes negros y facciones armoniosas, aunque un tanto ásperas" así es la primera descripción que hace Orwell de una figura que, de un modo tal vez impensado por el mismo autor, llegó hasta nosotros en versión libre gracias a un programa de televisión: Gran Hermano. Y esa misma descripción correspondería casi a la del dictador soviético Josef Stalin.
El londinense Winston Smith es el protagonista de 1984, cuyo título tentativo fue The Last Man in Europe, El último hombre en Europa. Su nombre es una referencia a Churchill y el apellido es tan habitual como García para nosotros.
La novela plantea un mundo en guerra endémica y dividido en tres grandes bloques que cambian continuamente sus alianzas. Los bloques son Oceanía, compuesto por América, Oceanía, las Islas Británicas, las del Atlántico y el sur de Africa; Eurasia, integrado por Europa menos el archipiélago británico y el norte de Asia, y Estasia, o sea el sudeste de Asia, de China a Japón. Pero, pese a todo, los bloques no tienen diferencias en el modo de ser gobernados, cada uno por un autocrático y controlador partido único.
La trama gira sobre cómo un casi cuarentón Winston vive hastiado en un entorno con muy poco espacio para lo inesperado, y todavía menos para el amor genuino, a no ser el que debe profesarse al Gran Hermano, figura máxima del Ingsoc, el socialismo inglés.
Hay también tres consignas clave: La guerra es paz, La libertad es esclavitud, La ignorancia es fuerza, junto con una serie de mecanismos que encorsetan las relaciones sociales.
Entre ellos, la neohabla, la lengua oficial, que enmascara el sentido de las palabras, o el doblepensar, "facultad de albergar simultáneamente en el entendimiento dos creencias contradictorias y admitir las dos a la vez".
Pero, sobre todo, lo que se distingue es una operación sobre el pasado, porque "quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro". Así, diariamente y casi minuto a minuto, el pasado es puesto al día según los "intereses del partido".
El clima y árido final de la novela impactó con fuerza en esos años previos a la Guerra Fría. Para Orwell fue un reconocimiento instantáneo, una caricia al ego que no pudo ayudar a su salud ya debilitada, afectada por una tuberculosis que le provocaría la muerte en 1950, a los 46 años.
En lo ideológico, sus influencias son varias, desde la experiencia personal del periodista en la Guerra Civil Española, donde vio las purgas que los comunistas realizaban con sus socios socialistas y anarquistas, hasta la Conferencia de Teherán de 1944 entre Churchill, Roosevelt y Stalin, que interpretó como un verdadero reparto del mundo. De hecho, el término orwelliano es utilizado como sinónimo de represión o totalitarismo.
Como sea, junto a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, 1 984 forma una trilogía básica sobre sociedades futuras desoladoras, sintetizadas en una frase hoy célebre: el Gran Hermano te vigila.






