
Greenaway le pone el cuerpo al mejor cine
El director habla de "Escrito en el cuerpo", que se estrena mañana
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CHICAGO (The New York Times SpecialFeatures).- Podrán decir que hace humor negro. Podrán llamarlo perverso.O excéntrico, o misántropo, o misógino inclusive. Los críticos lo calificaron de eso y mucho más, pero nada parece importunar a Peter Greenaway.
Nacido enGales, el pintor y autor de óperas, piezas de teatro, libros y de guiones para treinta y seis películas se halla en medio de una gira por trece ciudades para promover y debatir acerca de su más reciente expresión de cine-arte, "The Pillow Book", que podría ser hasta ahora su película más hipno tizante, pero que ciertamente no habrá de colocarlo más allá de la posición de un director de la principal tendencia.
Mientas se acomoda en un sofá del hotel de Chicago donde está alojado, el alto y robusto Greenaway, de 55 años, tiene el aspecto de un caballero inglés, vestido de negro -traje y corbata- y con el cabello corto y plateado que brilla bajo el sol matinal, y ojos de pintor -azulados-, que captan todo lo que ven con un deleite insaciable.
Por cierto, Greenaway es distinto de muchos directores cinematográficos de vanguardia en el sentido de que le agrada reunirse con los medios de prensa y con el público, incluso con aquellos que detestan su trabajo, y parece estar en su salsa cuando corrige, contradice o desafía a quienes lo escuchan, o a los críticos y entrevistadores.
Su objetivo -como siempre dice- es nada menos que una total reforma o reformulación de lo que son las películas.
"¡Es tan poco -exclama- lo que hay de cine propiamente dicho! A mi juicio, de cine, de lo que verdaderamente se dice cine, aún no hemos visto nada, sólo texto ilustrado, porque mucha gente es esclava frente a los intereses creados en la manera que percibimos el cine."
La iconoclasía de Greenaway es genuina.Estudió pintura en la Escuela de Arte de Wathamstow y luego pasó once años en la Oficina Central de Información del gobierno de GranBretaña editando y dirigiendo películas sobre el estilo de vida inglés.
Antes de rodar un largometraje por primera vez en 1982, Greenaway había filmado varios documentales, pero nada que hubiese preparado a los espectadores o a los críticos para "The Draughtsman`s Contract".
La película, que fue aclamada unánimemente, aprovechó el agudo sentido de la luz, la línea y el color propio de un pintor y llenó la pantalla de exuberantes efectos visuales y con trece dibujos formales del paisaje inglés como la ambientación de una historia de asesinato e intriga sexual que transcurre en el siglo XVII. Todo esto acentuado con música neobarroca de Michael Nyman.
La película no sólo mereció elogios de la crítica cinematográfica sino que tuvo gran popularidad y Greenaway pasó a ser conocido como el hombre que volvió a poner en el mapa al cine-arte británico.
En 1985, por la película "Una zeta y dos ceros",Greenaway formó un equipo por primera vez con el famoso director de fotografía francés Sacha Vierny: desde entonces fueron inseparables.
Con Vierny a su lado, Greenaway se volvió más audaz en cada nuevo film experimentando con el color y la estructura narrativa de manera cada vez más innovadora.
Las películas "Drowning by Numbers" (1987), "El vientre del arquitecto" (1987), "El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante" (1989), "Los libros de Próspero" (1991) y "The Baby of Macon" (1996) fueron protagonizadas por actores de primera línea y asombraron a los espectadores, aunque generaron controversias por su frecuente utilización de cadáveres y otras imágenes decadentes.
"La decadencia del cuerpo es tan natural como el crecimiento", afirmó desapasionadamente Greenaway.
Su más reciente film es un a disertación sobre sexo y literatura. Acaso menos obsesionado con al muerte que los anteriores, pero con secuencias sexuales inusuales a cada momento.
Modelo fileteado
"The Pillow Book" narra las aventuras eróticas de Nagiko, una modelo japonesa de hoy (Vivian Wu) cuya pasión sensual por la palabra escrita produce resultados imprevistos. Incita a sus amantes a que la pinten en el cuerpo trazos caligráficos japoneses con arabescos, y luego ella también hace lo propio con el de ellos. Uno de los amantes es interpretado por Ewan McGregor, que cobró cierta fama por la película "Traisnpotting" (1996) Greenaway pone la pantalla al revés, de adentro para afuera, alternando la fotografía en blanco y negro con el color, adornando los cuadros con inserciones y conmovedores subtítulos en diversos idiomas, a veces mostrando hasta cinco imágenes a la vez. Reserva un hermoso primer plano en blanco y negro del rostro de Nagiko para el final de su afanosa tarea.
Para su director, "The Pillow Book" es una respuesta a las acusaciones de misoginia que debió soportar frecuentemente respecto de sus películas anteriores.
"El movimiento de liberación femenino es mucho más importante que cualquier revolución política o religiosa actualmente en curso", sostuvo el director. "Sin embargo -añadió- mis heroínas -en su mayoría- se sienten liberadas en el sentido de que custodian sus propias libertades para poder elegir. Mis amigas feministas frecuentemente me fustigan por ser simplista respecto de la noción freudiana de que son los hombres lo que hacen el arte y las mujeres las que hacen los hijos. Y ahora se han dado cuenta de que he madurado, porque he colocado a la mujer en la posición de poder hacer tanto una cosa como la otra. Comienza or ser el papel pero termina siendo la pluma".
Greenaway recurrió a su propia familia para los aspectos artísticos y feministas de "The Pillow Book".
"Mi hija mayor, la de 25, es una gran escultora, mientras que la menor, que tiene 22, es diseñadora de modas y decoradora", señaló Greenaway. "Cuando eran pequeñas, junto con mi esposa las arrastramos hacia las galerías nacionales de arte de toda Europa, aunque ellas las detestaban, pero hoy son sendas pruebas vivientes que todo eso valió la pena", agregó.
El director tiene pensando un nuevo proyecto cinematográfico. Se trata de la película "The Tulse Luper Suitcase", que comenzará a rodarse dentro de unos meses. Suena como una de las típicas películas raras de Greenaway.
Tulse Luper es mi otro yo, desde cuando yo era demasiado tímido para decir que Greenaway alguna vez dijo algo", comentó. "Es una amalgama de toda mi gente favorita: Marcel Duchamp, John Cage, algo de mi padre y, quizás, un toque de Sacha Vierny. la historia de Tulse Luper comienza en el estado de Colorado en 1993 como una investigación sobre el fascismo norteamericano, y termina en 1969. La secuencia temporal abarca un período que probablemente creó a mi padre tanto como me creó a mí. Abarca a dos generaciones en secuencias temporales opuestas de la Segunda Guerra Mundial. La película termina en Manchuria, donde es descubierta y desenterrada la ciudad perdida del Kublai Khan, y ese será mi comentario sobre el Xanadú, de Orson Welles, en el filme "Citizen Kane", agregó.
Un tocayo inspirador
En suma, otro proyecto de Greenaway difícil de vender. Pero desde sus primeras incursiones en el cine, Greenaway se negó a partarse de emprendimientos comercialmente dudosos. Su fuente de inspiración -como suele decir- siempre fue su mentor, Peter Sainsbury, quien administra el fondo para películas experimentales del Instituto Cinematográfico Británico.
"Sainsbury me aconsejó que dejara de hacer de hacer películas en las que yo hablaba a la audiencia a la usanza tradicional de los filmes documentales y, en cambio, me alentó a filmar películas en las que los personajes hablaran entre sí. De allí "The Draughtsman `s Contract", recordó el director.
"Peter Sainsbury también fue responsable del impulso de las carreras de otros directores cinematográficos, entre ellos Neil Jordan (E"The Crying Game") y Derek Jarman ("Blue"). Salvo el caso de Derek y el mío, el resto del grupo se pasó al cine comercial. Creo que eso desilusionó mucho a Sainsbury. Derek Jarman y yo somos verdaderos frutos de su estímulo. Desgraciadamente, Peter murió", agregó.
Cada vez que Greenaway es asaltado por alguna que otra duda, el director no vacila en recordar el mejor consejo que oyó en boca de Sainsbury: "Quédate con hambre, y siéntete feliz de ser un marginal".
Caligrafía, un arte abstracto
El tema de la escritura es el aspecto central en "Escrito en el cuerpo", el reciente film de Peter Greenaway que estrena Líder. La escritura se convierte en caligrafía cuando adquiere para el contemplador un sentido estético. Suele decirse que la caligrafía es la más perfectamente abstracta entre las artes.
Hace dos mil años, en China y Japón, la pictografía, ligada con el arte de los pinceles, fue hacia la búsqueda de la pureza. Al contrario de Occidente, donde los caracteres ortográficos-fonéticos se redujeron a algo más de treinta, la escritura ideográfica, convertida en caligrafía, multiplicó sus significaciones visuales.
En China y Japón, la escritura permanece esencialmente pictográfica: a los escolares se les enseña que, detrás de los caracteres, descansan imágenes artísticas y mentales. Es un sistema de escritura que se puede leer sin pronunciar las palabras en la cabeza. Las imágenes abstractas viajan directamente a la mente como significaciones.
El alfabeto occidental nunca requiere más de cuarenta caracteres, según las lenguas. Esta eficacia convirtió en mecánica la tarea de escribir y frustró un posible proceso de enriquecimiento de la caligrafía. Sólo en documentos informales y en diplomas asoma la caligrafía. Sólo los documentos medievales occidentales conservan rastros de preocupación por las ornamentadas letras capitulares de los documentos.
La escritura china y la japonesa se producen con el auxilio de miles de caracteres.Se trabaja con un pincel suave o una pluma sobre papel de pergamino y contribuyeron a conservar en Oriente una forma primigenia del lenguaje artístico. El sistema de exámenes tomados por sirvientes civiles desde el primer milenio antes de Cristo, en China, impuso una permanente ligazón entre caligrafía y escolaridad. El pensamiento claro y un sentimiento poético sólo pueden adquirir su propia expresión a través de la caligrafía.
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