
Héroes sobre aguas turbulentas
Estreno: Ridley Scott, el realizador de "Alien" y "Blade Runner", regresa con un film que relata las trágicas secuelas de una tormenta en alta mar.
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En 1960, trece adolescentes de diverso origen y condición social, estudiantes de la Ocean Academy, se embarcaron por un año en el buque escuela Albatross, en viaje de instrucción por el Caribe. Pero poco antes de llegar al fin de la travesía, el barco se vio enfrentado a un violento fenómeno natural conocido como "tormenta blanca", como consecuencia del cual hubo seis muertos, entre ellos la propia esposa del capitán, que se desempeñaba como su asistente.
La trágica aventura concentró las miradas en el responsable del barco y de la instrucción de los jóvenes navegantes; a ellos les correspondió la tarea de establecer si había habido negligencia de parte del capitán o si, por lo contrario, habían sido sus enseñanzas -las estrictamente navales y las que habían contribuido a su formación como individuos- las que habían hecho posible que hubiera sobrevivientes.
Este dramático hecho real inspiró el argumento de "Corazón de héroes", la más reciente película de Ridley Scott ("Alien", "Blade Runner", "Thelma y Louise"), que este jueves se estrena en Buenos Aires, protagonizada por Jeff Bridges, a quien acompaña un puñado de jóvenes, concretamente ocho nuevos rostros masculinos, a los que se les vaticina un futuro brillante.
"Nunca pensé -confiesa Scott- que volvería a contar una historia ambie4ntada en el mar después de «1492: la conquista del paraíso», que fue un verdadero embrollo. La fuerzqa de la historia me llevó a explorar otra vez el mar y su presencia aquí es tan importante que lo traté como un personaje más, como suelo hacer siempre con los ambientes que se desarrollan mis relatos".
Jeff Bridges es todo un piloto de tormentas
En "Corazón de héroes", el actor encarna al severo capitán de un barco que se enfrenta a un violento y trágico temporal
Por más de un motivo, podría decirse que Jeff Bridges estaba predestinado a salir al mar y luchar contra las tormentas, tal como se lo propuso la ficción de "Corazón de héroes", el nuevo film de Ridley Scott. Su abuelo, Fred Simpson, huyó de Liverpool y del hogar familiar para embarcarse como tripulante de un buque cuando sólo tenía catorce años: a los 21, ya había dado siete veces la vuelta al mundo.
Jeff recuerda que todos los años, cuando lo veían para Navidad, el ex marinero les contaba -a él y a sus hermanos- apasionantes historias de navegación, aventuras de tifones y temporales que les sonaban tan novelescas como los nombres que el abuelo mencionaba: Madagascar, las Filipinas, el Cabo de Hornos.
Por eso, pensó que era una forma de rendirle homenaje hacerse cargo del papel de Christopher Sheldon, el enigmático y severo capitán protagonista del film de Scott. De paso, también era un modo de evocar otro aspecto no menos importante de su infancia. Jeff tiene bien presente esa época, cuando su padre, Lloyd Bridges, rodaba los episodios de "Caza submarina", la recordada serie de TV, lo que le permitía pasar buena parte de sus días jugando en el agua.
Contra viento y marea
Quien tuvo el primer conocimiento del dramático episodio que inspiró el argumento del film, hace ya varios años, fue el guionista Todd Robinson. Estaba de vacaciones en Hawaii cuando su hermana le presentó a Chuck Gieg, uno de los sobrevivientes de la tragedia del Albatross.
Gieg le contó la experiencia vivida por él y sus compañeros en esos meses de convivencia con el capitán Sheldon, que reunía la condición de maestro y la de aventurero, un hombre quizás áspero en el trato, pero con la autoridad y el carisma de un líder. Un hombre -y esto es probablemente el aspecto que más le interesó indagar a Ridley Scott- con la voluntad de guiar a sus discípulos en un viaje de iniciación, descubriéndoles los secretos de la vida a bordo y ayudándoles a asomarse al interior de sí mismos, sin temores y en plena libertad, para construir sus propias identidades.
El azar quiso que la experiencia derivara en tragedia: la furiosa tormenta, la pérdida de vidas. "Este suceso cambió para siempre a la joven tripulación", apunta Gieg, cuya presencia como asesor fue de fundamental ayuda para el cineasta y su equipo, en especial para Scott Wolf, el actor que lo encarna en el film.
El capitán Bridges
Meterse en la piel de este brusco lobo de mar que se propone disciplinar a los jóvenes aprendices le permitió a Jeff Bridges dar otro giro a su carrera. A la vista de la experiencia de su padre, Jeff siempre está atento al cambio. Se resiste a ser identificado con un tipo u otro, y eso -conociendo la manía etiquetadora de Hollywood- le demanda abundante energía.
"No es sólo por plantearme nuevos desafíos -explica-; hay muchas razones. Por un lado, negarme a las reiteraciones hace que el trabajo siga siendo interesante para mí. De paso, supone un mensaje para los productores y directores: que vean que soy capaz de asumir papeles diversos. Y además, evita, en lo posible, repetir la experiencia de mi padre. Cuando uno hace mucho tiempo el mismo personaje, termina por ser confundido con él. A papá, que es un actor excelente y ya lo había demostrado cuando llegó el éxito de la serie de TV, le costó muchos años subir a la superficie y desprenderse del buzo de "Caza submarina". Creo que mi versatilidad es una reacción contra eso."
No fue un rodaje sencillo, sobre todo por los traslados -se filmó en las islas de San Vicente, Santa Lucía y Grenada, en Sudáfrica y en Malta- y porque la escena de la tormenta, clave en el desarrollo de la historia, implicó correr riesgos y poner en juego mucha resistencia física.
La secuencia -espectacular, según han anotado las reseñas críticas norteamericanas-, fue rodada en Malta, en un enorme depósito donde es posible simular una tormenta. Los actores debieron lanzarse al agua y soportar vientos endemoniados y gigantescas olas producidas artificialmente por motores. Bridges no sabe si lo más difícil fue superar los golpes del agua y el viento, la fatiga muscular después de estar tanto tiempo intentando mantenerse a flote o el problema de encontrarse con el asfixiante olor a combustible quemado cada vez que intentaba aspirar una bocanada de oxígeno.
Y eso que, como habitante de Los Angeles -dice-, está acostumbrado a la incontenible fuerza de la naturaleza: "Uno vive entre terremotos, incendios forestales, inundaciones. Lo que me sorprende es que seamos capaces de volver tan pronto a la normalidad; supongo que nos negamos a reconocer estas amenazas como nos negamos a admitir que andamos a bordo de una pequeña roca lanzada al espacio. No podríamos levantarnos cada mañana si fuéramos conscientes de tanta fragilidad".
Sin embargo, el actor de "Pescador de ilusiones", "Los fabulosos Baker Boys" y "El espejo tiene dos caras" considera que es necesario mantener la conciencia alerta. Uno de los mensajes que deja "Corazón de héroes" es, para él, el de la reponsabilidad colectiva.
"Estamos todos juntos en esta empresa, y yo creo que el Albatross bien puede ser una metáfora de nuestro planeta-arriesga-. La Tierra es una nave espacial y quienes en ella estamos no somos pasajeros, sino tripulantes: tenemos un trabajo que hacer; debemos estar atentos para que el barco no se hunda. Todos somos responsables por todo".
El fin de la inocencia
Por mucho que a Ridley Scott le moleste el parangón, la historia de "Corazón de héroes" trae a la memoria "La sociedad de los poetas muertos", el celebrado film de Peter Weir acerca de las lecciones de vida impartidas por un singular profesor encarnado por Robin Williams.
Las similitudes son muchas: el fuerte vínculo entre el preceptor y los estudiantes, el episodio trágico, la conducta del instructor puesta en tela de juicio. Pero Scott busca otras precisiones para definir su film: dice que es acerca de un tiempo que no vuelve, acerca de los últimos vestigios de inocencia. "La epifanía de una generación -resume-; la transición de Eisenhower a Kennedy, el final de lo que se vivió en los cincuenta."
"La inocencia que muestran los chicos de la película, y que tenían los que vivieron esa experiencia, es algo que no existe en los muchachos de hoy", añade.
El realizador inglés -de cuyo refinamiento visual hay abundantes testimonios en "Los duelistas", "Alien, el octavo pasajero", "Blade Runner" y "Thelma y Louise"- confiesa que le apena comprobar que esos valores han desaparecido. "Estos ritos de pasaje de la adolescencia a la madurez se han evaporado y me pareció valioso recordárselo a la gente. No quiero sonar cínico: en el fondo pienso que hay que encontrar otras formas para que estos ritos vuelvan a a manifestarse."
Scott cuenta que la historia del Albatross lo impresionó especialmente porque cuando le entregaron el guión lo acompañaron con un ejemplar de 1961 de la revista Life que dedicaba cinco páginas a contar la aventura de Sheldon y de los muchachos: "Conocí, pues, sus verdaderas caras antes de ller el libro y me sentí muy próximo a ellos, a los chicos; yo tenía más o menos la misma edad en esa época. Y la misma vulnerabilidad, la misma necesidad de saber qué sería de mi vida. Aunque, debo reconocerlo, soy uno de esos pocos afortunados que saben desde muy temprano qué es lo que quieren hacer. Y además, pude dedicarme a eso, y sobrevivir".
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