
Hilaridad, aislamiento y ataques de pánico
LAS LIBERTADES / Dirección y dramaturgia: Pablo Iglesias / Intérpretes: Nadia Albarracín, Martín Ferreyra, Santiago Zuccardi y Pablo Iglesias / Producción ejecutiva: Mara Teit / Asistente de dirección: Leandro Soto / Sala: Buenavía Teatro, Córdoba 4773 / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena
La excusa que plantea Pablo Iglesias, el director de esta pieza y que además en este caso lo encuentra actuando, es pequeña pero efectiva: cuatro personajes por muy distintas razones -aunque al final no resultan tan lejanas si consideramos que todos están escondiéndose un poco- confluyen en un sótano en el cual quedan atrapados y sin una aparente salida. A este recoveco van llegando uno a uno: primero, una empleada de limpieza, medio escapando, medio cansada de una fiesta (electrónica) que sucede allá arriba y con la que ella no sólo no tiene nada que ver, sino que, además, no se siente para nada a gusto. El segundo aparece de pronto, preocupado no sé sabe bien por qué, poco importa, está algo aturdido y con eso alcanza. El tercero busca un refugio para poder consumir un poco de una droga que tiene guardada y que aparentemente no quiere compartir con todo el mundo. Poco a poco se van configurando los personajes que tendrán lugar en este enredo. El último en sumarse es un agente de seguridad (en la piel de Pablo Iglesias), que completará el caos y sumará unos cuantos condimentos.
El lugar aloja a cuatro personas completamente diferentes que sólo tienen como punto de unión aquel sótano. Y las diferencias surgen. El estado de encierro le permite al director y dramaturgo un sinfín de situaciones: desde invitar con las sustancias que tienen los muchachos a la señora, pasando por enamoramientos repentinos, confesiones, intimidades, ataques de pánico de uno de ellos por temer al aislamiento y un largo etcétera que termina por divertir a la platea.
Casi sin escenografía -tampoco pareciera hacer falta ya que el énfasis está puesto en las acciones que se van sucediendo entre estos personajes-, el sótano se construye solamente con esa puerta problemática que sirve como metáfora para hablar de la libertad. El encierro, el ataque de pánico, los prejuicios no son más que formas de coerción y por ahí camina la obra, incluso en algunos paréntesis que hacen los actores, con luz a medio tono, ampliarán conceptos jugosos sobre el mismo tópico.
Aunque por momentos resulte graciosa, hilarante y hasta absurda en algunos pasajes, no hace otra cosa que indagar y reflexionar sobre las libertades, sus límites y sus abismos. Fiel a su estilo, Iglesias suma canciones como "Redemption Song" y "Un velero llamado libertad" que hablan de la misma temática y le dan color y frescura a la pieza. Las actuaciones están correctas, acompañan a la trama y los actores hasta se animan a una coreografía final, de lo más jocosa, con tema de José Luis Perales de fondo.
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