
Tragedia, raíces y milagros de Max Cavalera, ex miembro de Sepultura y hoy líder de Soulfly.
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Durante los últimos años, la vida de Max Cavalera pareció estar signada por la tragedia. A mediados de 1996, unos días antes de que Sepultura se presentara en Castle Donington, Dana Wells, hijo de su esposa Gloria (quien también es su manager), fue asesinado en circunstancias que aún no fueron esclarecidas. A fines de ese mismo año, por diferencias con sus compañeros de grupo, Cavalera abandonó Sepultura en el mejor momento de la banda. Eso no impidió que a principios de 1998 editara un muy buen disco de heavy metal con su flamante agrupación: Soulfly. Max llegó a Buenos Aires un viernes para presentarse en el festival Monsters of Rock y recibió un nuevo golpe: un amigo de la banda, Lynn, el cantante del grupo Snot, se había matado en un accidente. La noticia provocó llantos en el hotel; Max sobrellevó el momento yendo a ver a Sick Of It All, en Cemento.
Hoy es sábado y las 11 de la mañana es la hora pautada para el reportaje con Max. Unos minutos antes de lo acordado aparece en el lobby del hotel junto a su mujer e Igor, el segundo hijo de la pareja, que los acompaña en esta primera gira del grupo. Lo que para cualquier músico puede resultar temprano no lo es para el cantante de Soulfly: hace un año y medio que se levanta a las 7 para darle una inyección a Igor, que padece de diabetes I; ése es el único tratamiento que puede mejorar su condición. "Que las giras sean largas no es un problema; salvo con las comidas. En los aviones tenemos que pedir algo especial para diabéticos. Lo que hacemos, por lo general, es llevar una valija con la comida adecuada y gaseosas diet."
Cuando abandonó Sepultura, Max se separó profesionalmente de su hermano Igor, quien prefirió seguir siendo el baterista de la banda más trascendente del Brasil. "Es difícil estar distanciados, pero sé que algún día las cosas van a cambiar. De hecho, la relación está mejor que hace dos años. Ahora es sólo cuestión de tiempo. "
Gloria Bujnowsky, representante de artistas, conoció a Sepultura una noche de Halloween, durante un show en el Ritz de Nueva York. Con ella, la banda logró estatus internacional. Y Max Cavalera se enamoró. "Al principio no nos llevábamos nada bien", recuerda Gloria. "Eso fue hace ocho años. La relación fue mejorando día tras día hasta que cierta vez me dijo: «Quiero tener un bebé con vos.»" La crisis en Sepultura se produjo cuando sus compañeros exigieron el cambio de manager. Ambas partes fueron intransigentes, y llegó la separación.
"Este año casi no hablé con mi hermano. Pero lo más importante es saber que estamos vivos y felices con nuestras respectivas familias. Lo que pasó anoche con Lynn es el tipo de cosas que te impactan y te hacen pensar en que no sabés qué sucederá en el próximo minuto. Por eso estoy muy consciente buscando disfrutar la vida en todo momento. Hay que aprovechar a la gente que uno tiene alrededor, darle valor, amor..."
Esta faceta contemplativa de Max difiere de sus primeros días en Sepultura, cuando se hacía llamar Max Possessed (Max Poseído) y componía temas titulados "Anticristo" o "Escua- drones de la muerte".
"Siempre estuve en contacto con la religión, impulsado por mi mamá y otros miembros de mi familia que profesan el umbanda, la religión afrobrasileña. Cuando empecé a tocar con Sepultura dejé de interesarme. En 1993 nació mi primer hijo, Zyon; al poco tiempo le descubrieron un problema en la cabeza que podía haber necesitado una cirugía. Prometí que si se evitaba esa operación me dedicaría más a la religión y haría una música más enfocada hacia Dios. Al mes, cuando volvimos a llevarlo al médico y éste nos dijo que ya no hacía falta operarlo, volví a San Antonio Do Amparo, que es una ciudad religiosa, para agradecer. Había asistido a un milagro. Al principio no fue fácil que las personas entendieran ese cambio. Inclusive me trajo dificultades en Sepultura, porque al resto del grupo no le interesa mucho la religión. En Soulfly es diferente: hay más respeto. Marcello, el bajista, también viene de una familia de tradición umbanda."
Desde que el joven Cavalera fue con los demos de su grupo bajo el brazo en busca de un contrato discográfico en el extranjero (que de hecho consiguió), Sepultura no frenó su ascenso artístico y comercial hasta Roots, el último álbum en el que participó Max. En su quinto trabajo, Chaos A.D., la banda se involucró por primera vez con sus raíces al dedicarle el tema "Kaiowas" a una tribu homónima que se suicidó en masa como protesta contra el gobierno, que quería expulsarla de su tierra.
Hoy, con Soulfly, la tendencia continúa. Algunas canciones aluden directamente a Zumbi, un líder brasileño que en el siglo XVII luchó contra la esclavitud. "Me gusta que si alguien lee en un disco la palabra «Zumbi» vaya a Internet a buscar más datos. en un show que hicimos en europa había 30 mil personas cantando el comienzo de «Tribe», un canto de hace trescientos años que está tocado con el berimbau: todos repetían las estrofas en portugués. Es una de las cosas del disco que logré traducir con más fuerza en vivo. Regresar a las raíces indígenas en un show de rock no sucede todos los días."
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