
Hoy Hugo del Carril cumpliría 90
Había nacido el 30 de noviembre de 1912 en pleno barrio de Flores
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Fue aquella casa de San Pedrito 256, en el barrio de Flores (donde los caserones hacían juego, lejos del centro de Buenos Aires, con árboles añosos), la que el 30 de noviembre de 1912 recibió al nuevo vástago de la familia Fontana-Bestani. Doña Orsalina (para otros Argentina) había dado a luz a un varoncito que sería bautizado Piero Bruno Hugo Fontana. Papá Hugo Fontana también lo celebraba como al primogénito.
Ni el recio arquitecto milanés ni la mamá, también italiana, pudieron imaginar la predestinación artística de su hijo -hermano mayor de Ida, Berta y Nelly- cuando, en su plena niñez, decidieron separarse. Mucho menos que, con el tiempo, el pequeño Piero Bruno se convertiría en ídolo del tango, del cine y del teatro con el nombre Hugo del Carril.
A ese niño de la calle le tocó en suerte ser acogido por un matrimonio francés de Tolón: doña Alina y don Francisco Faure, y así pasó su infancia en Francia, de donde regresó en 1920. En esos años "Pierrot" -lo llamaban sus tutores al traducir Piero- ya había practicado los primeros gorjeos. Y en plena adolescencia estudió guitarra y paseó su voz por cafés, patios, festejos y serenatas cantando tangos y milongas.
Tenía 16 años cuando le tomaron una prueba en Radio Bernotti. Lo aceptaron y se presentó junto a sucesivas formaciones instrumentales blandiendo, como cantor, sus primeros seudónimos: Oro Cáceres, Hugo Font, Hugo Caures, Carlos Cáceres o simplemente Pierrot. Llega entonces la etapa de los esporádicos dúos por radio, y trascartón, un cuarteto vocal, a los que se suman Mario y Martín Podestá y Emilio Castaing. También integra el Trío París y el dúo Acuña-Del Carril. Precisamente Roberto Acuña le proporcionaría el seudónimo trascendente.
Hugo del Carril canta y graba con la Orquesta de Edgardo Donato seis tangos, un vals y dos pasodobles. Corre el año 1935. Gardel se encontraba en el pináculo de su gloria. Pero el destino quiso que su muerte en aquel infausto junio de Medellín se convirtiera en el ingrato punto de partida de otra trayectoria en el tango cantado. Alguien se atreve -temerariamente- a hablar de un sucesor...
Desde aquel fatídico año 35 Hugo estudia canto con Elvira Colonnese, cantante lírica, hasta 1942.
A Del Carril ya se lo conocía desde un año antes por haberse presentado por primera vez como solista en Radio LA NACION, de la mano de Héctor Quesada. Para otros ocurre en 1936, cuando lo contrata Radio El Mundo, mientras alterna con la emisora Municipal, acompañado por Tito Ribero, que fue, desde entonces, su colaborador musical permanente en radio, grabaciones y películas.
Pero el espaldarazo definitivo llegará este mismo año, cuando interviene en la película "Los muchachos de antes no usaban gomina". Bastó que allí cantara un solo tango, "Tiempos viejos", para que su popularidad creciera estrepitosamente. Llega 1937 y es candidato ineludible para un papel en el film "La vuelta de Rocha", junto a Mercedes Simone. Estos roles, como el que cumple en "Madreselva", junto a Libertad Lamarque, le demuestran que más que su predilección por el canto, por la composición y la poesía (escribió "Como mariposa", la canción "Blanca nube" y otras con letra de Julián Centeya) y esporádicamente por el teatro su vocación definitiva es el cine, donde alcanzará no solamente la estatura de actor, junto a nombres ilustres como Parravicini, Lusiardo y Delia Garcés, sino, sobre todo, de director. Después llegarán las giras por el país y por México (al menos tres), o su estada en España en 1950.
El cantor
El naciente Hugo del Carril -el mismo que debutó en 1928 en LS6, Radio del Pueblo; el que aparecía en 1931 por LR7, Radio Buenos Aires, y en 1932 retorna a aquella primera emisora- traía visos de galán y cantaba bien: era entonado y se manifestaba con una fuerte personalidad artística, pero su canto no producía esa mágica conjunción de técnica, vuelo y comunicatividad que como una estela luminosa dejaba el genio del Abasto. La virtud de Hugo del Carril, en tal instancia histórica, fue que no quiso sustituirlo ni emularlo. Gardel era su máximo ídolo. Incluso lo demostró en la película "La vida de Carlos Gardel", con Delia Garcés.
Los sucesivos discos y películas contribuían al más franco éxito. Tangos, milongas y valses se escuchaban tanto en mansiones como en boliches de mala muerte.
Su discografía arranca en 1935, con tangos tan extraños como "La caída de la estantería" y "Rosa poneme una ventosa", más valses y pasodobles. El espectro de Hugo del Carril no se limita al tango. También incluye al Yupanqui de "Camino del indio" y "Los ejes de mi carreta".
En la extensa lista publicada por Roberto Gutiérrez Miglio (Editorial Corregidor) se agregan a los 181 temas grabados con diversos acompañantes los nueve que registró con Edgardo Donato, lo que suma un total de 190 grabaciones del cantor.
En 1949 Hugo del Carril graba la "Marcha de los muchachos peronistas". Es su desafiante adhesión a la doctrina peronista, a partir de 1946.
En 1955 el gobierno militar lo encarcela. En 1959 conoce a Violeta Curtois, con la que se casa en 1961 y con la cual tiene cuatro hijos. Violeta fallece en 1986. El Teatro San Martín lo acoge en una de sus últimas presentaciones en 1985. En el 86 los radicales lo declaran Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. Y el homenaje póstumo lo recibe en 1988 en el Luna Park. Ese año sufre un infarto en Mar del Plata y, sin reponerse, fallece en Buenos Aires el 13 de agosto de 1989 en el Instituto Cardiovascular. Hoy su discos apenas si asoman por las grandes disquerías. Pero sus admiradores siguen celebrando su estilo desafiante -"varonil", sostienen- hecho de repetidos énfasis, de fuertes acentuaciones prosódicas, con tendencia a vociferar con su registro de barítono. Una voz inconfundible que es considerada paradigmática de la canción ciudadana.




