
Una australiana se proyecta globalmente con un cargamento de estribillos descarados
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Iggy Azalea nació en 1990 en Sidney, Australia, pero no se le nota en el acento, una especie de entonación curiosamente afectada que podría provenir de Atlanta, Houston o de ningún lado en particular. Hace algún tiempo, esta rareza podría haber arruinado su camino directo al estrellato del rap, pero eso era antes. Ahora, mientras "Problem", el hot-track que grabó en el disco de la ascendente Ariana Grande, infecta el podio de los charts de todas las radios, ella se pavonea a lo largo de su primer álbum con esa actitud de "me importa un carajo", propia de una chica de los 90 como ella, y proclama su historia en himnos de perdedora como "Work" y "Don’t Need Y’all". Todavía más diestra, los disfraza con ese tipo de estribillos descaradamente pop que materializan los sueños húmedos de los programadores de los 40 Principales y que suscitan miradas reprobatorias por parte de la intelligentsia del "verdadero hip-hop". Si esto es el futuro, parece que el futuro va a ser un lugar extraño.
Por Simon Vozick-Levinson




