
Indigenismo en la matriz
En un trabajo de investigación que publiqué en 2010 en la revista Temas, de la Academia Nacional de Bellas Artes, con el título de 1910. Punto de encuentro de folklore e indigenismo en la matriz europea de la música argentina , me apoyaba en el contenido de tres conciertos sinfónicos realizados un siglo antes en nuestra ciudad, durante la Exposición Internacional de Ferrocarriles y Transportes Terrestres, que tuvieron lugar los días 16 de agosto y 9 y 29 de septiembre, en medio de aquellos históricos festejos del primer centenario de la Nación. Tiempos felices sin Boudoues, Morenos (Guillermo) y otras yerbas nocivas...
En la tercera de las sesiones, exclusivamente dedicadas a la creación argentina, cada músico dirigía obras propias: Constantino Gaito dos de sus creaciones, Alberto Williams su Marcha del Centenario, mientras Pascual De Rogatis presentaba su poema sinfónico Zupay, uno de cuyos fragmentos, Transfiguración , conoceremos esta noche en el Colón a través de la Filarmónica.
La obra de De Rogatis significaba la incorporación de las tradiciones sonoras de América latina, la cual se le presentaba a nuestro músico como un bloque macizo, unificado espiritual y lingüísticamente. La primera prueba la entrega justamente a través de este Zupay, compuesto en 1910, a poco de ver la luz La restauración nacionalista de Ricardo Rojas, obra que despertó en algunos de nuestros músicos una fuerte vocación americanista. Será entonces Zupay, cuyo tema emanaba de El país de la selva de Rojas, el punto de partida en aquel 1910 de una corriente indigenista que tendrá otro bastión en Williams desde 1909, y alcanzará una cima en 1961 con la Cantata para América mágica de Alberto Ginastera y posteriormente con su Popol Vuh , que, aunque incompleta por la muerte del autor, tuvo un estreno post mortem en Estados Unidos.
Pues bien, esta noche, en el último concierto del año del ciclo de la Filarmónica de Buenos Aires, tendremos ocasión de conocer un fragmento de Zupay, obra que permanece inédita, pero a la cual el interés de nuestros musicólogos empieza a poner en órbita.
En el programa de mano que acompañaba al concierto del 29 de septiembre de 1910, y al cual he podido acceder gracias a la generosidad de Pablo Williams, nieto de Alberto Williams, De Rogatis realiza una serie de aclaraciones sobre su obra. Luego de ubicar en su propio medio a este diablo de las leyendas quichuas, realiza una detallada descripción sonora de la selva, así como del alma, la tristeza y la transfiguración de zupay, donde se refleja musicalmente una nueva aurora. En este último sector, que ahora conoceremos, el tema aparece como añoranza, para dar lugar a un crescendo orquestal que se resuelve en lo que De Rogatis describe como "el futuro de la raza, el grito de la noble aspiración y del engrandecimiento final, que cierra el poema con el augurio de la gloria eterna". Bienvenida esta música que debió esperar un siglo para volver a vivir.
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