Praça da Apoteose, Río de Janeiro, 8 de abril
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Echale la culpa
Relajada maratón folk-surf-reggae en la cidade
El verano parece vivir en Río de Janeiro, ciudad de belleza y contrastes permanentes, capaz de regalar una noche de abril con 30 grados en medio de una escenografía urbana única. Aunque sus puños permanezcan cerrados en la vida real, a veinte años de la edición de Selvagem?, el disco capital de los Paralamas. Aquí es que Jack Johnson, el surfer profesional convertido en director de cine y en estrella pop vivió una noche de ensueño, frente a felices 30 mil espectadores que disfrutaron de sus suaves canciones que hablan de panqueques de banana para un día de lluvia y de la gente buena que aún queda en el mundo. Este show en el sambódromo de la capital carioca –un día después de otro recital a pleno en el estacionamiento de un shopping en San Pablo– coronó un provechoso tramo sudamericano en la gira mundial que presenta In Between Dreams, el disco que lo proyectó globalmente para llegar, incluso, a este rincón del mundo.
Un dato importante para entender la situación: en Brasil, a diferencia del resto de América latina, el artista hawaiano con cara de muchacho bueno es un creciente fenómeno popular (In Between... lleva 200 mil copias vendidas y sigue sumando) y por eso su voz serena sobre serena base de guitarra-bajo-piano-batería retumba en las radios y canales de video de las grandes ciudades. Al momento de su esperado desembarco en San Pablo y Río, por ejemplo, es el turno de "Upside Down", primer single del flamante disco Curious George, banda de sonido para un film infantil de dibujos animados. La canción no tiene nada del otro mundo y sin embargo, entre la sutileza instrumental y la reposada entonación, contagia algo del ritmo propio de lugares tropicales como éste. O como Hawai, claro. Esa es la clave de la empatía inmediata entre Johnson y Brasil: más que el ritmo o la letra, es la onda. Ficar tranquilo, como debe vivirse Río, reconoce este tipo de bandas de sonido.
Cómodo en bermudas y ojotas, en la tierra de las bermudas y las ojotas, Jack fue capaz de despertar instantáneas ovaciones con cada arranque de canción, aunque de una a otra no varíe mucho y todo se parezca a una larga, relajada maratón folk-rock cruzada de reggae, baja intensidad y optimismo. Así fueron pasando, entre palmas y baile de una audiencia mayoritariamente blanca (las entradas iban de los 100 a los 300 reales), las amables "Sitting, Waiting, Wishing", "Good People", "Better Together, "Never Know" e inclusive "My Doorbell", de los White Stripes. La novedad: en medio de la jam en que derivó "Staple It Together", se colaron "Whole Lotta Love" de Led Zeppelin y "Más que nada" de Jorge Ben, en una suave fusión de ritmos e idiosincrasias que le cayó justo a la multitud carioca en la estrellada noche de verano, entre las lucecitas que se distinguen desde las casas en los morros, el mar más allá y una suave brisa tropical. Casi perfecto.
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