
Charla con el principe de Yahoo.
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En la web, hasta el caos es virtual. La tarde del 7 de febrero, en el preciso instante en que un grupo de hackers asolaban los servidores de Yahoo!, no había ningún indicio de pánico en los pasillos de la empresa. Mientras esperaba que Jerry Yang –cofundador de la compañía– terminase de hablar por teléfono, recorrí las hileras de boxes ubicados en el tercer piso del nuevo edificio de Yahoo!, en Santa Clara, California; me pareció muy extraño que reinara una tranquilidad tan espectral en la organización que hoy es el epicentro de Internet y cuyo sitio registra 425 millones de visitantes por día (la cifra más alta de la web).
El ataque de los piratas informáticos –que al día siguiente perturbaría la actividad de los sitios de Amazon, eBay y la cadena televisiva cnn, entre otros– bloqueó el acceso al portal de Yahoo! durante unas tres horas, sobre todo en los Estados Unidos. Si bien Yang conversaría conmigo luego del suceso, durante unas cuantas horas, en uno de los alegres salones pintados de violeta y amarillo que posee Yahoo!, no fue sino a la mañana siguiente, cuando vi los titulares de los diarios, que supe lo que había sucedido con la empresa. Cuando le pregunté por qué no me había mencionado el ataque, Yang se encogió de hombros y bromeó: "No me preguntaste".
La historia del nacimiento de Yahoo! a fines de 1994, a manos de Jerry Yang y David Filo, estudiantes de posgrado en la Universidad de Stanford, es tan importante para la mitología de Silicon Valley como el garaje de [el ceo de Apple] Steve Jobs. En un principio, Yahoo! sirvió para que Yang siguiera el rastro de sus lugares preferidos de la web, pero en esencia fue la vuelta de tuerca que encontraron los fundadores de la empresa para no tener que escribir sus tesis de doctorado. Cuando explotó la web, el índice se convirtió en un motor de búsqueda, que se convirtió en un portal, que se convirtió en... Pues bien, ahora Yahoo! abarca tantas áreas –desde el comercio electrónico hasta el Webcasting– que ni siquiera Yang sabe cómo catalogar su empresa. "Supongo que probablemente somos la compañía más grande del mundo basada en la web que se dedica a los servicios interactivos", aventura.
Más allá de cómo se la defina, está claro que a Wall Street le gusta mucho Yahoo! Tanto Filo como Yang valen unos 8 mil millones de dólares cada uno, y la cotización de la empresa en el mercado duplica la de General Motors (gm tiene 397 mil empleados en todo el mundo, mientras que Yahoo! sólo cuenta con 2 mil). Al lado de Yahoo!, incluso Microsoft, con su herencia de códigos y sistemas operativos, parece irremediablemente anticuada. Yahoo! no produce nada ni vende nada; es lo que la escritora publicitaria Naomi Klein llama "una alucinación colectiva".
Yang no entra en el molde del típico visionario de Silicon Valley que se da aires declamando acerca del porvenir de su empresa. Más bien, se lo ve dudar tanto como cualquiera de nosotros acerca del modo en que evoluciona la tecnología, y, aunque en un primer momento parezca falsa modestia, en seguida se nota que su humildad es una de las mayores virtudes de Yahoo! A diferencia de Bill Gates, por ejemplo, Yang no tiene interés en controlar Internet; lo que le interesa es encauzarla. "Quiero que Yahoo! sea lo que nuestros usuarios nos dicen que tiene que ser."
Yang nació en Taipei, Taiwán (Formosa), en 1968. Su padre murió cuando él tenía 2 años. Su madre, que era maestra, tuvo que arreglárselas para criarlo a él y a su hermano. Cuando Yang tenía 10 años, se mudó con su familia a los Estados Unidos. "Mi mamá pensó que aquí viviríamos mejor", dice.
Sin embargo, como sucede con la mayoría de los multimillonarios de Silicon Valley, para Yang es muy importante preservar su vida de hombre común. Sigue usando la ropa característica de los estudiantes de posgrado: pantalones Levi’s y camisas de felpa a rayas; lleva un reloj de plástico verde, de Yahoo! Sobre el monitor de su box abarrotado tiene una foto de su casamiento con Akiko, y no deja de subrayar que su familia lo ayuda a mantener "el equilibrio" en su vida. Por ahora, su único vástago es Yahoo!, al que sigue dedicándose hasta la obsesión y el agotamiento.
–Así que hackearon a Yahoo! Me imagino que ya pasó en varias oportunidades, pero esta vez salió en la primera plana de los diarios.
–Es más que interesante ver cómo responden los medios, porque todos sabíamos que podía llegar a suceder. Al mismo tiempo, nos alentó mucho ver que para la gente fue una noticia trascendente, porque eso demuestra, sin duda, que Internet ha ido alcanzando una importancia creciente en la vida de las personas. Hace cinco años, todo el mundo habría dicho: "¿Y a mí qué?".
–¿Qué tan en serio se toman esta situación?
–Bueno, es una manera de aprender muchas cosas a los golpes. Si hubiéramos estado preparados –es decir, si hubiéramos tenido parches de software donde correspondía y hubiésemos podido movilizar rápido los servidores–, quizá podríamos haber evitado gran parte del corte. Tendríamos que buscar a los hackers y castigarlos; deberíamos considerarlo un delito grave.
–Se dice que este hackeo fue una protesta por la hipercomercialización de la red.
–Vaya uno a saber. No es algo que me asuste; no es algo a lo que le encuentre un sentido más profundo. Tal vez lo hicieron simplemente porque podía hacerse.
–Hablemos del acuerdo entre Aol (America On Line) y Time Warner. Cuando se anunció la fusión, lo primero que todos se preguntaron fue: ¿cómo va a reaccionar Yahoo!?
–El acuerdo entre Aol y Time Warner me parece muy interesante. Realmente indica lo importante que es para esas dos empresas tener sus activos en Internet. ¿Pero quiere decir que Yahoo! tenga que fusionarse exclusivamente con otra compañía? Siempre tuvimos la impresión de que Internet es genial porque es abierta. Ese es uno de los motivos por los cuales siempre nos inclinamos por las asociaciones, más que por las posesiones. Siempre apoyamos la opción en lugar de la exclusividad. Esos principios no han cambiado.
–Se especula mucho con la posibilidad de que Yahoo! compre Disney.
–Sí, es verdad. Cuando se especula acerca de qué empresa vamos a comprar, suben esas acciones.
–¿No te vuelve loco pensar que la empresa que armaron vos y David, hace apenas cinco años, ahora está en condiciones de comprar una compañía como Disney?
–Supongo que no. No nos volvemos locos con este tipo de cosas. No nos ponemos a pensar a quién podemos comprar. En realidad, lo que pensamos es: "¿Podemos armar una organización más grande que la que tenemos en este momento, si nos juntamos con otra compañía?".
–La privacidad en Internet es un tema del que últimamente se habla mucho. Es obvio que a los usuarios de Yahoo! los preocupa, en especial ahora que la empresa incursiona en áreas como el pago electrónico de facturas de servicios.
–La mayoría [de las personas] aquí está convencida de que la privacidad adopta distintos matices. Sabemos que la privacidad es un derecho fundamental que debemos definir con claridad en el mundo interactivo. Pero tenemos que resistirnos a la tentación de trazar una política única. Inclusive, dentro de las distintas áreas de Yahoo!, hay políticas diferentes acerca de la privacidad. En mi opinión, es necesario considerar las circunstancias. Es un problema complicado; de todas maneras, creo que quienes proveen los servicios, como es nuestro caso, deben ser flexibles. Hay personas que son muy conscientes y celosas de su privacidad. Tenemos que decirles: "Miren, no hace falta que se inscriban". O asegurarles que, aun cuando lo hagan, pueden exigir que no transmitamos su información personal. Tenemos que poder ofrecer esas opciones a la gente.
–Está bien. Pero igual todo remite a la confianza entre los usuarios y los sitios web. Los defensores de la privacidad son cada vez más. En los Estados Unidos, inclusive, los ejecutivos del área de tecnología de punta han comenzado a exigirle al gobierno pautas básicas para regular el uso de los datos personales en Internet.
–No soy de los que dicen que no debemos tener reglas, porque de hecho ya las tenemos. Vivimos en un mundo de leyes. Internet no es algo distinto que haya que reglamentar. La gente se limita a hacer lo mismo que ha venido haciendo toda su vida, con la salvedad de que lo hace por otro medio. Así que, ya se trate de crímenes pasionales, de actos de censura, de volar un edificio del gobierno o de cometer fraude, ya existen leyes en vigencia que protegen a los ciudadanos de los daños que puedan sufrir en esas instancias.
–La Justicia norteamericana acaba de determinar que Microsoft [la empresa de Bill Gates acusada de presionar a los fabricantes de computadoras para imponer el uso exclusivo de su programa Windows y de su navegador, Explorer] violó las leyes antimonopólicas de los Estados Unidos. [Al cierre de esta edición, el fallo había sido apelado.] ¿Creés que subdividir a Microsoft sería una buena solución para sus faltas?
–Es una pregunta interesante. No vine a discutir si Microsoft es culpable o inocente; creo que eso le corresponde al juez. Lo que nos preocupa es, en esencia, lo que encierra esa decisión, sus probables consecuencias. ¿Generará una situación en que la industria en su conjunto será menos competitiva? ¿O hay una forma de cumplir los objetivos originales de la investigación del gobierno; es decir, ser un entorno más competitivo? En verdad, es difícil responder. El único motivo por el que los Estados Unidos están en la vanguardia es que tienen unas ganas tremendas de innovar. Más allá de cómo se resuelva el caso de Microsoft al final del camino, es esencial que no restrinja ninguno de esos ingredientes.
–Una respuesta evasiva…
–Sí, pero no sé la respuesta correcta.
–Yahoo! ya tiene cinco años de vida. Armaste una empresa exitosa, tenés más dinero del que podrías gastar si vivieras cien vidas. ¿Qué te impulsa a levantarte todas las mañanas?
–Mirá: es una pregunta que me hace muchas veces mi esposa. Pero, bueno… Yahoo! es tan importante en mi vida que no me lo tomo como un trabajo. Cuando estoy aquí, el ritmo es más que frenético, pero cuando estoy de viaje es aún peor. No me imagino cómo sería no dedicarme a esto. Estamos en una etapa en la que somos tan grandes que podemos hacer muchísimos cambios y facilitar la vida de la gente por Internet. Pero al mismo tiempo somos tan pequeños que podemos movernos rápido sin necesidad de quedar atrapados en las redes de la burocracia.
–¿Qué sentís cuando pensás que valés 7 u 8 mil millones de dólares?
–Bueno, no sé...
–¿Te incomoda?
–Sí. O sea, sí y no. Cuando tenés que tomar decisiones relacionadas con la riqueza, tenés que hacer consideraciones muy filosóficas. Nadie te dice cómo ser multimillonario. Nosotros no éramos para nada ricos. Eramos una familia de clase media baja. Así que sé lo que es trabajar para vivir. Algunos piensan: "Claro, si tengo plata no tengo que preocuparme por nada". En realidad, tenés que preocuparte por algo, estés donde estés. Si tenés plata, igual te preocupás por algo, sólo que las preocupaciones son muy diferentes.
–¿Cuándo va a parar esta locura? ¿El crecimiento de Internet va a ser tan desquiciado durante los próximos cinco años como lo fue en los cinco años que pasaron, o pronto la industria va a estancarse?
–Las leyes de la física indican que un crecimiento apabullante como el que se registró durante estos cinco años no puede continuar, porque –a menos que se desarrolle una Internet para animales domésticos e insectos– uno empieza a quedarse sin destinatarios. Pero cuando hablamos de crecimiento potencial, seguimos hablando de cifras muy altas. Yo veo el crecimiento de dos maneras. En primer lugar, hay personas que ya están en Internet y son grandes usuarios. Pienso que van a utilizar la red todavía mucho más. Imagináte la posibilidad de tener Internet en el auto, en el teléfono celular y en tu casa. No cabe duda de que los usuarios actuales podrían explotar la red de una manera mucho más intensiva. El segundo factor de crecimiento lo constituyen, por supuesto, los lugares adonde aún no llegó Internet. Pensemos en China, donde la mayoría de la población no sabe leer ni escribir en inglés. Hay que imaginar qué sucedería si puedo navegar por Internet de alguna manera que no sea escribiendo en inglés: con la voz, o con algún tipo de traductor de la voz, o quién sabe qué otra cosa. Imagináte cuántas personas van a usar Internet en ese caso. Entonces, ciertos sectores de la actividad empezarán a madurar, y otros siempre van a estar en expansión. Pienso que a Internet, como un todo, le queda mucho margen para seguir creciendo. La pregunta que nos hacemos las empresas como Yahoo! es: ¿estamos en condiciones de incursionar en nuevas categorías en las que nuestros usuarios estén dispuestos a confiar en nosotros? Ese es el mayor desafío. Las oportunidades son muchas; hay que ver es si somos lo suficientemente lúcidos, capaces y rápidos para capturarlas.
–¿Sentís que lo que sucedió en estos cinco años es irreal?
–No tengo la sensación de que es irreal, pero a veces me asombro cuando pienso en lo que sucedió. ¿Quién habría previsto que Yahoo! iba a estar donde está hoy? Soy como un chico en una dulcería ; sólo que en este caso la dulcería tiene el tamaño de un aeropuerto.




